jueves, 22 de octubre de 2009

A tu ventana


La noche era calma, templada. Mucha gente en la calle, pocos niños, la mayoría adultos. Mujeres grandes haciendo de adolescentes, señores entrados en años no reconocidos mirando piernas, oliendo el perfume de cualquiera menos el de su mujer. Lo de siempre, gente que quiere el plato que se está comiendo otro. Y otros que disfrutan complacidos lo que la vida les brinda, de esos también había.
Él estaba apoyado sobre una triste jardinera de esas que se construyen para adornar los patios y que luego, con el tiempo, dan muestra del abandono de sus vecinos. Arriba de su cabeza un curioso cartel con tres flechas verticales y hacia abajo con un nombre –Oportunidades “El chollo””-

El patio de la finca estaba retranqueado hacia su interior y era un buen observatorio para ver sin ser visto y para pensar o escribir, sin llamar la atención. Siempre llevaba una libreta pequeña de gusanillo de alambre, de esas que acaban enredándose en el interior del bolsillo de la chaqueta y te destrozan el forro. Él escribía en ella todo lo que se le ocurría en cualquier momento, para luego plasmarlo en su Blog, o bien… escribirle a su amada… su amada que no le hablaba desde hacía meses…

Desde el improvisado observatorio él veía las ventanas de su casa, el se centraba en lo que suponía había en su interior, como si con su pensamiento pudiera contactar con ella. Ya había habido entre los dos más de un precedente de esa conexión que rayaba en lo parasicológico.

Poder contactar con ella mentalmente… era una utopía, pero él no dejaba por eso de intentarlo.

No estaba allí para sufrir, pues no lo hacía, le sentaba bien saber o imaginar que estaba cerca y que casi estaba respirando el mismo aire que ella.

“Dime si tu quisieras andar conmigo…” empezó a sonar el estribillo que llevaba puesto en su móvil y miró a ver quién le interrumpía en sus pensamientos…

“Número privado”, se leía en el visor… y el corazón le dio un vuelco. Era su nuevo número, pocos lo tenían y nadie le hubiera llamado ocultando quién era, nadie excepto ella, ya que era su costumbre.

_ ¿Dígame?

_ ¿Vas a estar mucho tiempo enfrente de mi ventana,?

_ Hasta que me salgan pelos en la planta del pié

_ ¡Jolín!, eso no te va a hacer ningún bien. Deberías recapacitar, ¿no crees?

_ Recapacito y siempre llego al mismo punto…quiero saber…quiero verte.

_ Mira que eres borinot y cabut

_Eso quisiera yo, ser un “borinot” para poder volar hacia tu ventana y así poder verte.

_ ¿Por qué no te asomas a la ventana y dejas que te vea mientras hablamos?

_ Pero hombre…

_ no estoy arreglada y mucho menos peinada…y además.. no procede…

_ No procede… y ahora me dirás que somos incompatibles…

_ Como el aceite y el agua… que no pueden mezclarse, ¡exacto!

_ El aceite y el agua no se mezclan en un arroz con acelgas pero se digieren juntos…

_ Cabut, cabut i cabut…

La imagen a contraluz de ella apareció en la ventana, daba la sensación que llevaba una toalla que le envolvía su cabello, brillaba con luz propia y a pesar de la distancia el adivinó una hermosa sonrisa dibujada en su rostro.

_ Gracias, gracias por este hermoso regalo.

_ Esto no puede seguir así… debemos hablar…

_ Por favor, que no sea por teléfono.

_ No estoy arreglada… y es tarde…

_ ¿Tarde para qué?

_¿Te puedes esperar media hora?

_ Me puedo esperar un millón de medias horas… un millón…

_ Está bien, tu ganas de momento, cuando esté arreglada te llamo y nos vemos

_ De acuerdo…espero tu llamada… como siempre…

Ese “como siempre” le lleno la boca porque lo que el quería decir era “como siempre hubiera querido”

El tiempo pasó y duró lo que tenía que durar, ni se hizo corto ni largo, más bien como el paseo por el interior de un túnel por el que no dejas en ningún momento de ver la luz.

Pasaron 40 minutos, era lo normal en ella, sus diez minutos robados… y llamó.

_Escucha…

_ ¿Donde te espero?

_No tengo ganas de salir…

_ ¿Y entonces?

_ Llama a mi puerta, te abro, subes al ascensor y yo lo llamo.

_ ---------- (mutismo)

_¿Te has quedado mudo?

_ Perdona, no sabía que decir…me quedé helado…

_ Jajajajaja Yeeeeeeeeeeeeeee… nada de pensarse cosas raras, solo tenemos que hablar…………

_ Claro….. ya voy

La distancia a recorrer no sería mayor de 75 m pero creo que nadie nunca, ni el mismísimo Jesse Owen, hubiera tardado tan poco tiempo en recorrerla.

Llamó al timbre, puerta 2, lo sabía bien, ya había estado allí y oyó su nombre por el interfono y el crac de la puerta al abrirse. Recorrió el mínimo espacio de pasillo y entró en el ascensor… las piernas le temblaban, el corazón le latía a más de 140 y alguna lágrima le caía por las mejillas y que él intentaba restregarse para disimular su emoción…

El ascensor paró y la puerta se abrió. Salió al descansillo del rellano y allí estaba ella, con la puerta abierta y una sonrisa que unida al brillo de sus ojos, daban la sensación que te estaban abriendo la puerta del cielo…

Un saludo corto, ningún contacto y una señal que le indicaba que entrará en casa. Ella le cogió de la mano y lo llevó al salón, haciéndole sentar en aquel sofá donde una noche le enseñó unos álbumes de fotografías.

Se miraron, no se decían nada, solo se miraban y se sonreían… no había más que decir, cuando dos personas se quieren… hasta el silencio es hermoso…

Juntaron sus cuerpos, se abrazaron… se acariciaron… se besaron… no se decían nada…nada que decir… él introducía sus dedos entre la manga de su blusa y de su brazo… sentía su calor….

-¡¡¡LA BASE DE DATOS DEL ANTIVIRUS HA SIDO ACTUALIZADA!!!-

_¡Joder! ¡Joder! ¡Palabrota! ¡Más palabrota! ¡Mierda de ordenador que acaba de interrumpir mi hermoso sueño!

Una vez tranquilizado se quedó mirando al techo… se esbozó una pequeña sonrisa en sus labios y sus ojos radiaban tranquilidad y algo de felicidad…

Dicen que la felicidad no existe, solo hay momentos felices…….y realidad o sueño…….

….. él había tenido el suyo.

domingo, 18 de octubre de 2009

En la boca del estómago


Me jode cientos tragarme las cosas que quiero decir, las que me apetece soltar a bocajarro en determinados momentos. Odio volverme enano, sentirme ridículo y no tener valor para dar rienda suelta a las palabras que me bullen dentro. Muchas veces abro la boca para dejarlas salir, pero justo cuando se encuentran al borde de mis labios me muerdo la lengua y las hago volver dentro; otras, las ahogo bajo la música, bajo mis propias palabras, mis bolsillos, mis brazos cruzados, mis vaqueros o mueren pisoteadas bajo la suela de mis zapatos.
O como ahora, las escribo en la línea de siempre y justo antes de darle al intro, las borro una a una.
Y sé que hago mal, me prometí que esta vez no me iba a quedar con nada guardado, ya que a la hora de emprender un nuevo viaje es mejor ir con el equipaje justo que cargar con un lastre de una decena de maletas llenas de lo que no me atreví a hacer, contar, expresar...
En verdad no creo que sea miedo... quizá hoy tampoco encuentro las ganas suficientes como para decirme esas cosas a mí mismo.
Y cuando llega y pasa y rebobinas en la mente y te das cuenta de lo breve que ha sido y de lo poco que ha tenido que ver con lo que esperabas. Una vez más no se cumplieron las expectativas. Se queda un hueco por dentro porque se cae el alma a los pies. Y recoges lo derramado hasta la próxima ocasión en la que quizá sí ocurra todo tal y como uno desea.
Porque hay días en los que lo único que me apetece es mandarlo todo la carajo, dejar de lastrarme con problemas ajenos y empezar a mirarme el ombligo como hace el resto del mundo.
Porque hay días en los que me gustaría ser un egoísta, apagar el móvil, el ordenador y cualquier tipo de medio que me una a los demás, y dedicarme a perder el tiempo, mi tiempo, pensando únicamente en mí y en lo que debería hacer para ser cada día más feliz.
Porque hay días en los que cogería la maleta con cuatro cosas y me iría bien lejos de esta rutina de asco que me gana, me aturde y me quita las ganas de todo.
Porque hay días en que me siento tan gilipollas que me miro al espejo y ni me reconozco, yo, que sabía poner cada cosa en su sitio, ahora no sé más que reliarme en la madeja de hilo con la que entré en este puñetero laberinto del que me gustaría salir cuanto antes.
Porque hay días en que las lágrimas me brotan de puta rabia que me inunda, me anega y me puede.
Porque hoy sólo me apetece borrarme con una goma y dejar vacio el hueco que ocupo en este pequeño mundo que se ha creado, he creado o sepa Dios qué y en el que no hago más que vagar como un imbécil.
El otro día encontré por ahí un par de frases de un tema sin disco que transmitía incluso rencor, no sé dónde leches estará, pero hoy lo izaría como mi bandera.
Siempre he sabido que no soy Job y que mi paciencia,al igual que la del resto de los mortales, encontrará un límite en algún momento.

jueves, 8 de octubre de 2009

E-mail en cadena


Estoy desolado, triste, lloroso y tan acojonado que ya todas las mañanas me despierto como si hubiera dormido en el cajón de la persiana.
Mis remordimientos me comen el alma como cualquier albañil se almuerza un bocata de chorizo frito con ajos tiernos y patatas, cerveza, olivas, cacahuetes, altramuces, carajillo de Terry y copa de lo mismo y después se sube al andamio.
No sé si seguiré viviendo después de este desastre o me cascarán las obras completas de Bustamante en una habitación, para mí solo… que es peor
Mi gran delito ha sido romper una cadena de mensajes e-mail- como hago siempre- y por ello los servidores de Internet no me dejan enviarlo, por lo que lo público en este mi Blog y suplico de todo corazón a mis amigos y amigas continúen con lo que yo fui incapaz de hacer.
Os adjunto el “e-milio” para que podáis copiar, pegar, enviar, olvidar, llorar… o reír.

Enviad sencillamente este mensaje a, al menos 5 millones de conocidos vuestros.

Esta cadena la comenzó en 1625 un monje moldavo apasionado por la informática en una parroquia de Portugal con el fin de salvar a Teresa, una niña gravemente enferma. Hoy esta niña tiene 384 años y tiene un cáncer de testículos y una horrible fiebre de tiroides que le contagió un ciervo al violarla en el bosque cerca de un estanque contaminado por desechos radioactivos.
Además, durante un safari en África del Sur organizado por Halcón Viajes, al visitar en zoo de Johannesburgo, un panda importado del Himalaya se le comió una rodilla y una oreja.
Por eso, por favor, no rompáis esta cadena, hacedlo por ella. Sois su única esperanza de cura, y además os traerá suerte.
Como le ocurrió a un joven irlandés que, en 1912, envió este mensaje por SMS. Esa misma semana vio cómo le ofrecían un billete gratis para un crucero inaugural en un fantástico transatlántico británico, llamado Titanic. Durante ese viaje descubrió los escalofríos del amor y las ventajas de la natación.
No conservéis este mensaje en vuestro ordenador más de 16 minutos, sino la maldición se cebará con vosotros hasta que lluevan billetes de las antiguas pesetas.
Da que pensar, ¿no? Así que no dudéis más. Enviad este mensaje a todos vuestros amigos. Les traerá suerte, de por vida. Cada vez que vayan al lavabo, aún habrá papel. Cada vez que vayan al banco no tendrán que hacer cola. Cada vez que necesiten aparcar hallarán una plaza libre.
Cada vez que cante Bisbal en la radio les llamaran al teléfono. Y además no tendrán que responder a ninguno de esos mensajes cadena que a todos nos joden.
Este mensaje ya ha hecho 759 874 236 587 veces la vuelta al mundo.
Por Teresa, por vosotros, por mí, por todos vuestros amigos, no rompáis esta cade
na.