miércoles, 28 de septiembre de 2011

Quisiera poder volar



Encerrada en un cuerpo que no te corresponde, tu alma quiere volar. Lloras por los rincones pero nunca te revelas, nunca has expresado tus sentimientos, nunca has llorado delante de la gente. Haces creer que tu vida es perfecta, quieres evadirte de los problemas que te ahogan pero no encuentras la salida, todo es un simple ciclo, necesitas ayuda y nadie te ofrece la mano. Después todo llega al final, toda esta farsa se descubre y todo pierde el sentido, eres tú la loca, la que no hace nada bien. Entonces eres tú quien no toca, eres tú la que te equivocas, has perdido la vida jugando a un juego sin optar a ningún premio, sólo por simple pasión que un día se acabó. Llevas una vida que no te mereces y todo para mantener una mentira. Tu corazón dice que no puede ser tan malo pero sabes de sobra que ya no hay nada bueno. Te mueve el miedo y tu canto son los llantos; vecinos hartos de escuchar tus gritos, aullidos que salen de tu cuerpo debido al dolor. En tu camino se cruzó una espina que nunca has podido extraer o que nunca te has dejado. Sonrisas amargas, máscaras en la oscuridad, bailes sin música de fondo, pierdes la vida y no haces nada, siempre adaptándote a lo que los demás crees que quieren. Sientes un vacío en tu interior pero nadie hace nada, triste luz que se apaga entre los últimos suspiros de miedo. Luchas y luchas pero no puedes reparar los daños, luego, al final, todos se arrepienten de no haber estado a tu lado pero ya es demasiado tarde. ¿Vale la pena tanto esfuerzo para nada?

martes, 27 de septiembre de 2011

Carta a una amiga... cualquiera..



Querida y estimada amiga mía,
El calendario es pérfido... a veces. No te das cuenta pero ya estás, sin que nada ni nadie pueda hacer nada. 
El otoño está con nosotros, amiga mía.
Me he dado cuenta de la importancia del tiempo en todo. Como, en esencia, todo sigue perfectamente igual, sólo los hechos cambian el curso de las situaciones. 
Y el hecho, amiga mía, es el más difícil de desmenuzar. El otoño desmenuza poco a poco los recuerdos de la estación precedente, en la misma medida que lo hace con el paisaje pero en nuestro todo se hace de una forma mucho más pausada.
 El olvido se origina de forma débil e imperceptible. La frialdad eriza la piel como cualquier otro sentimiento emocional, somos conscientes pero no podemos predecir con exactitud cuál será la sensación exacta que nos haga llorar o reír. No podremos concretar nunca con suficiente seguridad cuál será el día más feliz ni tampoco el más triste. 
Sabremos que el otoño ha llegado con signos inequívocos, el desfallecer de la naturaleza comienza antes y renace en el mismo instante en que la muerte actúa. Renace y nada se detiene. Sólo los que nos mantenemos aferrados al pasado, dejamos que todo el resto frene ante nuestros ojos. 
La espesa capa de hojas secas, que se amontonan en montañas de marrones, rojos apaciguados y gamas de amarillos se vuelve fascinante. Incluso lo que deja de tener vida acopla perfectamente en el mundo. Es como si, de alguna manera, no se acabaran nunca. En un entorno donde todo vuelve a tener otro objetivo, una vez se ha perdido la capacidad de crecer pero no la de existir.
¿Te das cuenta, amiga mía, lo que nos rodea?
¿De la imperfección de nuestras almas?
 Me gustaría poder olvidar con total facilidad, poder volverte a abrazar sin sentir un ardor dentro de mí que implique un rechazo corrosivo hacia ti, que el pasado se quedara atrás y que los hechos no fueran más que hojas amontonadas en un montón de recuerdos que pronto se llevará el viento. 
Me gustaría poder expresarte con la suficiente claridad que intento perdonar y ser perdonado.
Y que el otoño ya ha llegado.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Dulce agonía



La vida es igual, siempre lo mismo. Los días pasan tan silenciosamente que se confunden entre sí y se convierten en simples organismos recluidos dentro de las agujas del reloj. He vivido por ilusiones, para perseguir ideales que me ha inculcado falsamente la sociedad, pero ahora ando hacia un horizonte divagado sin más rumbo que las alas del desespero. Siempre es la misma rutina, siempre el mismo ambiente, los mismos pensamientos, siempre pisando sobre el mismo asfalto mojado de hipocresía. 
Mi vida no tiene sentido, a menudo ha sido teñida inútilmente de esfuerzos para sobrevivir, y mientras he hecho ver que estaba feliz, triste, defraudado, enamorado, nunca lo he sido. He buscado apasionadamente los sentimientos pero sólo he conseguido empaparme más de incomprensión. Y si me abandono en un rincón, donde las hojas en invierno revolotean, el llanto que inunda mi alma aparentemente serena, habré perdido todo el brebaje envenenado que sorprendentemente me hace comprender el mundo

viernes, 9 de septiembre de 2011

El Contrato


Reunidos en este relato, aunque sea virtualmente, por un lado el autor del relato (en adelante el autor) y, por otro, el lector que voluntariamente ha accedido (en adelante, el lector ), y reconociéndose mutuamente capacidad suficiente intelectual y cognitiva para comprender sosegadamente el contenido de este relato, ambas partes acuerdan establecer los siguientes pactos de obligado cumplimiento:



 1. El autor se compromete a redactar el relato de una manera culta pero asequible, haciendo uso de un vocabulario adecuado y preciso, y de lo más enriquecedor, pero sin florituras. 



2. El autor pondrá al servicio del lector todos los recursos literarios que su capacidad relataire le permita, para mantenerlo atento a la evolución del relato, conseguir su complicidad, y, en la medida de lo posible, una sonrisa: - )

 3. Cuando lo crea conveniente y necesario, el autor se reserva el derecho de utilizar un diccionario, que puede ser incluso de sinónimos, para encontrar en cada momento las palabras más adecuadas y dar así cumplimiento a la cláusula anterior.

 4. El autor se compromete a terminar el relato sea como sea, antes que el gallo cante siete veces, mal que le pese.

 5. El lector, se compromete a terminar de leer el relato, salvo que por motivos que no vienen al caso lo encuentre aburrido, demasiado largo o sin ningún interés. Sin embargo, en este supuesto, el lector no tendrá derecho a reclamar al autor que le indemnice por el tiempo que haya perdido leyendo el relato.

 6. El lector podrá acogerse al derecho de comentar el relato, en los términos que crea conveniente, eso sí, sin faltar, porque si el autor considera que los comentarios del lector lesionan su imagen o su prestigio literario, podrá marcar el comentarios como ofensivo, al margen de emprender las acciones legales oportunas, de caras a obtener la pertinente rectificación del lector estúpido e ignorante que se haya atrevido a dejarlo mal ante toda la audiencia.

 7. El lector está obligado a diseminar este relato siete veces entre sus conciudadanos más allegados. Si así no lo hiciera, que mal viento se lo lleve. Eso ya pasó: un lector no quiso diseminar el relato, porque le daba pereza hacer el clic y, y al entrar a una librería quedó gravemente literato. En cambio, nos consta que otro relataire que actuó juiciosamente y diseminar el relato tal como manda esta cláusula, pues la empresa Diseminación Artificial le hizo obsequio de un elegante punto de libro, un objeto que le puede llegar a ser muy útil en caso de que un día se decida a leer un libro, como se hacía antes.

 8. El titular presupone que el lector es conocedor de que en el relato hay mucha falacia, mucha tontería como si dijéramos, pero que también se dicen medias verdades y verdades como un templo, A él, el lector, le corresponde de dilucidar esto separando el grano de la paja, tal y como han hecho siempre los lectores de campo, también llamados campesinos ilustrados o agricultores. 

9. En flagrante contradicción con lo estipulado en la cláusula 4, el autor puede acabar de escribir el relato cuando le dé la gana, sin que el lector pueda acogerse al derecho de indemnización por omisión del deber literario del autor