domingo, 21 de junio de 2009

Quiero...


… hacer el amor contigo.
No estoy loco, nunca he deseado obtener nada que supiera con seguridad que era inalcanzable, como la Luna, pues si esta hubiera tenido una sola posibilidad de tenerla, tú ya la tendrías en tu joyero.
Quiero hacerte el amor y no es una obsesión, porque si lo fuera estaría loco y ya he dicho que no lo estoy, y no es una adicción pues no tuve tiempo para que se creara, es simplemente la culminación del amor que siento por ti.
QUIERO HACERTE EL AMOR CON AMOR, que es mucho más que sexo, quiero sentirme aceptado, comprendido, amado y deseado por ti, tan especial. . . Quiero abrazarte, mirarte, darte un beso, tomarte de la mano para sentir ese algo indescriptible pero muy especial que solo se tiene cuando se siente amor… Amor, esa fuerza maravillosa que me hace sentir por encima de todo lo que ocurre a mi alrededor, esa sensación que me hace tomar todo tu ser y me hace vibrar internamente. Ese ingrediente indispensable para compartirme a mi mismo, mi placer será tu placer y viceversa.
Si. Quiero hacerte el amor con amor Quiero que hagamos el amor con la mirada, con la voz, con las neuronas, los nervios, los sentidos en pleno y sus humildes pliegues. Despacio, íntimo, como una danza solo entre los dos. Celebra mi ser hombre en tus ojos, deleita mis manos en tu piel. Recorre las esperanzas en tu sexo... déjame celebrar tu ser mujer en mis espacios. Quiéreme en un abrazo y siénteme en esta infinidad de ser humano sensual y libre. Hagamos una fiesta con nuestros sentidos... y cuando ya no alcance el vino y estemos a punto de explotar, déjate navegar en mi piel por encima y debajo y así enlazarnos en el abrazo de los cuerpos. Siénteme... sutil, completo y eterno, como amanecer a la orilla del mar, como criatura del Universo. Entrégate en mi universo de hombre y regálame tu aroma de mujer. Oleré tus cabellos, sentiré tus ritmos, oiré tu corazón latir al ritmo del mío... déjate convencer por mi lenguaje masculino, saborea el cambio de los sabores que produces en mi. Entrégate. Se como el mar ama a la arena y se mete en sus pequeños espacios para desaparecer en ella, voluptuosamente déjame someter mis sentidos en los tuyos, tu piel en la mía.
Hagamos el amor como una dulce melodía. Celebremos la fiesta de los cuerpos, besemos el canto de los sexos, y cuando mis ojos miren los tuyos llenos de mi, cuando mis manos toquen tu cuerpo lleno de mi... piérdete, desintégrate en mis brazos y confía en mi abrazo de hombre enamorado.

sábado, 13 de junio de 2009

Amar en exceso


“Cuando hay un exceso de amor, el hombre pierde su honor y su valía"
¿Crees que esta frase de Eurípides es cierta?
Eurípides, como ya sabéis era un filósofo de la Grecia clásica, pero no por eso tenía que tener razón. Yo creo que más bien se refiere a que no se debe de dar más de lo que corresponde para que el otro, en este caso la mujer que poco valor le daban entonces, no se vuelva cómoda sentada en el sillón y “aquí me las traigan todas” Para que veáis el valor que le daban a las mujeres estos filósofos, he aquí una muestra en unas palabras de Platón; "Doy gracias a Dios por haber nacido griego y no bárbaro, hombre y no mujer, libre y no esclavo”. En aquel tiempo creo que AMAR con mayúsculas a una mujer no debía estar demasiado bien visto o por lo menos había que disimularlo.
Pero lo que verdaderamente me preocupa es esto; ¿Un hombre que ama en exceso pierde su honor y su valía? ¿Y qué es amar en exceso? ¿Se puede amar en exceso o simplemente se ama y punto?
Hubo un tiempo en que, como escribió Julie de Lespinasse, se amaba «como hay que amar: con exceso, con locura, con desesperación». En Palabras de amor, su último libro, el filósofo José Antonio Marina ha buceado en más de 1.000 cartas de enamorados escritas a lo largo de 4.000 años para contestar la pregunta que lleva siglos haciéndose el hombre: cómo hacer que la pasión perdure. Aquí extracto las cinco epístolas que más me han impresionado.



1.- SAFO Y ANACTORIA. La voz de Safo nos llega desde un paisaje de olivos, pámpanos y dioses. Poco sabemos de ella, salvo que nació en Lesbos, en el siglo VII a.C., se casó con un hombre rico, tuvo una hija, y murió en Sicilia, rodeada de muchachas amantes de la poesía y, tal vez, también de ella. Sabemos que Eros la arrastraba hacia corazones femeninos. Cada vez que hablamos de «amor sáfico» o de «amor lésbico» la estamos recordando. Fue una mujer arrebatada por la pasión, ante la que «su alma enloquecida» no podía hacer nada. Conocemos el nombre de una de sus amantes, Anactoria, a quien dirige una patética queja:
«De veras quisiera estar muerta. Al dejarme, vertiste muchas lágrimas, y decías: ‘¡Ay! qué pena tan grande, Safo, créeme, dejarte me pesa’. Y yo te contesté: ‘¡Ve en paz y recuérdame!’. Pues sabes el ansia con que te he amado. Y cuánto gozamos. A mi lado, muchas coronas de violetas y rosas te ceñiste al cuerpo, y alrededor de tu cuello suave, muchas guirnaldas entretejidas que hicimos con flores. Y con un perfume precioso y propio de una reina, frotabas tu cuerpo. Y en blandas camas pudiste saciar tu deseo».


2.- ELOÍSA Y ABELARDO. Reconozco mi debilidad por Eloísa, una figura que ilumina el ya luminoso siglo XII. Siendo una jovencita se enamora de Abelardo, de quien tiene un hijo. Él quiere casarse. Ella accede a regañadientes. «El nombre de esposa parece ser más santo y más vinculante, pero para mí la palabra más dulce es la de amiga y, si no te molesta, la de concubina o meretriz». A pesar de la boda, los familiares de Eloísa quieren vengarse y castran a Abelardo, quien convence a su mujer para que se separen y ella entre en un convento. Desde allí, siendo ya abadesa, le escribe cartas que sorprenden por su violencia y apasionamiento, que llega a ser blasfemo. Abelardo le responde con breves tratados teológicos que la enfurecen todavía más:
«Por mi parte, he de confesar que aquellos placeres de los amantes me fueron tan dulces, que no pueden borrarse de mi mente. Adonde quiera que miro se presentan a mis ojos con sus vanos deseos. Ni siquiera en sueños dejan de ofrecerme sus fantasías. Durante la misma celebración de la misa –cuando la oración debe ser más pura– de tal manera acosan mi desdichadísima alma, que giro más en torno a esas torpezas que a la oración. Debería gemir por los pecados cometidos y, sin embargo, suspiro por lo que he perdido (...) Dios sabe que en todas las ocasiones de mi vida temí ofenderte a ti más que a Dios».

3.- JULIE DE LESPINASSE Y EL CONDE DE GUIBERT. En 1754, una jovencita llega a París para trabajar como dama de compañía de la marquesa de Deffand, en cuyo salón se reúne lo más granado de la intelectualidad ilustrada. Se llama Julie de Lespinasse, y su atractivo causa admiración y estragos. Se enamora del conde de Guibert, un joven petulante y engreído que quiere trepar literariamente.
Julie comienza a escribirle. Son cartas apasionadas que revelan un amor loco, irracional. Siente una angustia permanente: « ¡Si pudiera, al menos, distraerme!», gime. Mientras su amante está en París, le envía diariamente cartas tiernas o ardientes, a cualquier hora: «Todos los momentos de mi vida sufro, os amo, os espero». El tormento termina bruscamente. El conde de Guibert escribe a Julie para comunicarle su casamiento. Ella muere poco después.
«Escrita a las ocho y media de la mañana. Amigo mío, no os veré, y vos diréis que no es culpa vuestra. Pero si tuvieseis una milésima parte del deseo que yo tengo de veros, estaríais aquí. Yo sería feliz. No me equivoco, sufriría, pero no envidiaría los placeres del cielo. Amor mío, os amo como hay que amar, con exceso, con locura, arrebato y desesperación. Los pasados días habéis sometido mi alma a una tortura. Os he visto esta mañana y he olvidado todo, y me pareció que no hacía lo suficiente por vos al amaros con toda mi alma, estando en disposición de vivir o morir por vos. Valéis más que todo eso. Sí, si sólo supiera amaros, no valdría nada: porque, ¿hay algo más dulce y más natural que amar con locura lo que es absolutamente amable? Pero, amor mío, sé hacer algo mejor que amar: sé sufrir. Sabría renunciar a mi placer por vuestra felicidad».



4.- JULIETTE DROUET Y VICTOR HUGO. En la noche del 16 al 17 de febrero de 1833, a la una de la madrugada, Victor Hugo y Juliette Drouet hacen el amor por primera vez. Victor Hugo no lo olvidó nunca. Durante casi medio siglo mantuvieron una fascinante correspondencia. Juliette le escribió 18.000 cartas (a mi se me han quejado por escribir 1.500) de una deliciosa expresividad: «Te amo porque te amo, te amo porque sería imposible no amarte. Necesito escribírtelo como necesito pensar y respirar. Eres mi vida, mi alegría, mi alma, mi religión».
Hugo escribe: «Repaso en este instante, en mi memoria, nuestros dulces comienzos. Hará pasado mañana veintidós años que te vi por primera vez, ¿te acuerdas? Desde ese momento, es el 2 de enero (y no el uno) cuando comienza para mí el año. Digo más: la vida. El 2 de enero, nuestra primera mirada; el 17 de febrero, nuestro primer beso. Desde esos dos días, tu belleza ilumina mi vida». Más de 20 años después, cuando Hugo está a punto de cumplir los 80, rememora una vez más sus comienzos:
«Recuerdo profundo y dulce, noche sagrada. Hace cuarenta y ocho años te entregaste a mí. Te poseí a placer, a ti, la belleza, a ti, la gracia, a ti, la mujer de tu siglo. Que ese día sea grande para siempre, querida mía».


5.- SIMONE DE BEAUVOIR Y NELSON ALGREN. Siendo muy jóvenes, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir hicieron un pacto. Su amor sería «esencial», los demás serían «contingentes». Para hacerlos compatibles deberían tener una absoluta transparencia. Simone no contó con que uno de sus amores no iba a ser tan contingente como pensaba. Durante un viaje a EEUU conoce al escritor Nelson Algren, y tiene que reconocer su sorpresa:
«Te amo tan cálidamente, tan profundamente que estoy estupefacta.
Desde ahora estaré siempre contigo, en las calles tristes de Chicago, en el metro aéreo, en tu habitación solitaria, estaré contigo como una esposa amante está con su marido amado. No habrá un despertar, porque esto no es un sueño; es una maravillosa historia real que no ha hecho más que comenzar. Te siento junto a mí, allá donde yo vaya tú vendrás, no sólo tu mirada, tú entero. Te amo y no hay nada más que añadir.
Querido mío, noche y día me siento rodeada de tu amor, me protege de todo mal; cuando hace calor me refresca, cuando el viento frío sopla me da calor; mientras me ames no envejeceré jamás, no moriré».


Bueno, amar en exceso o simplemente amar, no importa, por lo leído… eso ES AMAR…
Como dijo Albert Einstein , yo también tengo una pregunta que a veces me tortura: ¿Estoy loco yo, están locos los demás?"

miércoles, 10 de junio de 2009

El barrio Russafa (y II)

PUESTO EN EL MERCADO DE RUSSAFA
Hoy he vuelto a Russafa, ese barrio que tanto me gusta de mi ciudad, Valencia. Hoy he vuelto a sentarme en la orxatería del Contraste. El Contraste es una placeta que se forma en la calle Russafa con la intersección de las calles Denia, San Valero, Arzobispo Melo y Carlos Cervera, es un nervio muy importante del barrio. Allí se puede sentar uno y ver pasar a gran cantidad de gente de la más variada nacionalidad, raza y condición. Es como un balcón al mundo desde donde se puede apreciar que todos somos iguales.
Ya he hablado de este barrio que tantos buenos recuerdos me trae y que significa mucho para mi, pero creo que por mucho que hable, siempre me dejaré algo.
Debo decir que el parque Manuel Granero, que ha sido testigo de múltiples concentraciones contra el contrato valenciano de inmigración y el déficit crónico de plazas públicas en el barrio de Russafa, se transformó el mes pasado en una plataforma de arte, cultura, fotografía y música étnica para revitalizar uno de los distritos más multiculturales y repoblados del centro de Valencia, como ya he dicho. Centenares de vecinos participaron en la segunda edición de la jornada intercultural con talleres, charlas y debates, actuaciones, exposiciones y una feria gastronómica con todos los sabores y olores que inundan este popular barrio valenciano. El parque se transformó en un arco iris que iba desde un curso de caligrafía china, hasta un suflé rumano o un taller de máscaras africanas, gracias a la cooperación de Bancaja y del colectivo de jóvenes saharauis, la asociación de comerciantes chinos, la asociación paquistaní, el foro alternativo por la inmigración y el movimiento contra la intolerancia, entre otros.
He conseguido hablar con unas simpáticas señoras de la Plataforma per Russafa y me han contado cuales son exactamente sus pretensiones y después de haberlas escuchado atentamente he decidido aportar un grano de arena a esa digna asociación.


Todo lo que sea pensar sobre la ciudad y tomar una participación activa y solidaria sobre el barrio en el que se vive no sólo estoy de acuerdo sino que es el comienzo de una aventura que comparto y respeto; y porque creo que estos asuntos y comportamientos son democracia, una democracia activa. Una democracia bien entendida tiene voz y también tiene voto, aunque ambos sean difíciles de ejercitar con un gobierno como el que tenemos ahora los valencianos, que actúa las más de las veces con un populismo engañoso, que ni consulta ni oye, que hace y deshace lo que le parece como si los ciudadanos fuéramos menores, sin opinión, que sólo servimos para aportar dinero y para mirar embelesados sus ocurrencias.

Sin embargo, la ciudad es de los ciudadanos. De todos los ciudadanos. Entre todos la hicieron a lo largo del lento quehacer cotidiano del pasado, y entre todos la vivimos, le damos nuevas formas y vamos construyendo, a menudo inconscientemente, los hilos del presente, presente que une y marca nuestro futuro.

El barrio de Russafa es uno de los más antiguos de la ciudad. Y se mantiene vital y alegre a pesar de su falta de servicios, como plazas escolares, espacios deportivos, locales de reunión, aparcamientos, centros sanitarios y protección y mantenimiento de la edificación en su conjunto. Debo decir en mi condición de Agrónomo que también padece, por desgracia, de una importante carencia de árboles y de vegetación. El barrio sólo posee un pequeño parque, que desde luego no es suficiente para la extensión y población de Russafa. La falta de cuidado que éstos, los árboles, sobre todo los que puntean las calles, tienen que soportar, sin guías apropiadas que los protejan y encaucen su crecimiento, e incluso el maltrato al que están sometidos debido en gran parte al cada vez mayor tráfico rodado que invade algunas de sus calles y también las aceras e incluso los alcorques, hace que estos crezcan con dificultad y no se desarrollen como debieran, a menudo raquíticos y cortos de vida, héroes ante las dificultades que padecen (y esto es desgraciadamente válido para toda la ciudad. Y no hablemos de las feroces y poco profesionales podas).
Necesitamos cuidar la vegetación que ya tenemos y plantar mucha más, convendrán que es inoportuno, profundamente decadente, insostenible, torpe, fuera de nuestro tiempo y que evidencia una trasnochada idea en cuanto a las prioridades de una ciudad moderna lo que el ayuntamiento quiere pactar con los vecinos: hacer plazas de garaje bajo el único pequeño parque existente hoy por hoy en todo el barrio. ¡Justo ahí! Esta asociación de vecinos ha declarado, y con justa razón, que el parque es innegociable.
Pero ¡cuidado! hay otra cosa muy preocupante que en este momento planea sobre Russafa como un águila de aguda y oscura mirada: las pretensiones de que esta parte de la ciudad tan bien situada, próxima al centro y al futuro Parque Central, se convierta en un barrio de lujo. Habrá que estar muy alerta si Russafa quiere continuar siendo la Russafa que todos conocemos, abierta y cosmopolita, pues así le ha tocado, llena de pequeños comercios, de bares y de restaurantes, vital y diferente.


Con remiendos, si, y con carencias y profundas necesidades que deberán de ser solucionadas. Y también en este barrio, que es pobre y no tan pobre, pequeño burgués, barrio popular hasta la médula, existe algo de entrañable. Un barrio donde cada ciudadano tiene un nombre, y por lo tanto no es anónimo, y donde cada uno es querido o rechazado, pero no ignorado.

miércoles, 3 de junio de 2009

La Atlántida, ¿Ficción o realidad?


Hace muchos, pero que muchos años, vivía una…
¡Ondia! Parece que vaya a contar el cuento de Las Judías Mágicas.
Empezaré de nuevo.
Hace al menos 40 años (¡Oño que mayor soy!) cayó en mis manos un libro, que si bien no llegó a cambiar mi vida (pero casi) si cambió mis gustos culturales. Este libro se llamaba “El misterio de la Atlántida” de Charles Berlitz, el fundador de las no menos famosas academias de idiomas Berlitz. Me entusiasmó su lectura envuelta de misterio, realidad y ficción. Al poco tiempo leí “Recuerdos del futuro” del escritor suizo Erich Von Däniken  y algún libro de la saga de los dioses. Después pasé a nuestro compatriota J.J. Benítez con sus Caballitos de Troya, hasta que me cansé de leer en una sola dirección, en lo fantástico, en lo no demostrable. Tengo una mente muy racional y normalmente solo creo en lo que está demostrado aunque como la ciencia avanza muy rápidamente, donde a veces se dijera “digo” luego es “Diego”- 
Lo que no admito es que en lo que supuestamente hayan dudas siempre se vaya a una “demostración” esotérica o fantástica. No me gusta que este tipo de gente desprecie tanto a nuestros ancestros pensando que eran unos torpes que no pudieran construir pirámides o colocar figuras de pie, como las de la isla de Pascua, sin ayuda de los supuestamente extraterrestres. Nuestros ancestros eran muy inteligentes solo que no disponían de tecnología pero a favor tenían todo el tiempo de sus vidas, entre guerras y guerras, claro está. ¿Sabéis cuanto tiempo se tardó en construir las catedrales? ¿Y porqué nadie pone en duda de que no fueron ayudados por los alienígenas? No hubo tantos años de diferencia entre la construcción de las pirámides mayas y las catedrales.

Volviendo a lo que dije en cuanto que por casi cambió mi vida, fue debido a una casualidad que ocurrió mientras hacia de topógrafo para una empresa que construía la autopista A-7 a su paso por la ciudad valenciana de Puzol. Esta casualidad fue el descubrimiento de una villa romana. Mis jefes decidieron que como topógrafo ayudara a los arqueólogos de la administración a hacer los levantamientos del terreno para poder ir más rápidos y reanudar las obras en el mínimo tiempo posible. Y así ocurrió.
Me encantó el trabajo, disfruté como un enano. Me fui de Dragados y me coloqué de arqueólogo durante casi un año. Dos motivos; mi nueva afición y una joven arqueóloga municipal. Los dos casos los disfruté al máximo.
Me puse a leer como un “descosido” todo tipo de libros históricos- científicos como “El misterio de los Hititas”, “Dioses, templos y sabios”, “Pirámides, esfinges y faraones”, “El mundo de la Arqueología”, “Los fenicios”, “Tutankamon”, o incluso “Moisés Faraón de Egipto” deO man Ahmed y tantos y tantos otros… Con el tiempo pasé a la Paleontología leyendo a Donald Johanson con su Lucy (australopithecus afarensis) y a la  familia Leakey y su equipo y muchos más. En fin, me “empapé “ bien de sabiduría.
Por lo expuesto hoy me voy a atrever a hablar del mundo perdido de Platón, La Atlántida. Lo que yo crea no tiene mayor relevancia pero si voy a exponer los datos que tengo sobre el tema, no todos porque sería interminable, pero si los que creo que determinan más está eterna discusión.
Por supuesto que muchos datos están recopilados por el “Doctor Google” y normalmente lo que transcribo suelo hacerlo en cursiva pero esta vez para no hacerlo difícil, me limito a decirlo aquí.
Las primeras referencias a la Atlántida aparecen en el Timeo y el Critias, textos en diálogos  del filósofo griego Platón. En ellos, Critias, discípulo de Sócrates, cuenta una historia que de niño escuchó de su abuelo y que este, a su vez, supo de Solón, el venerado legisladorateniense , a quien se la habían contado sacerdotes egipcios  en Sais, ciudad del delta de Nilol. La historia, que Critias narra como verdadera, se remonta en el tiempo a nueve mil años antes de la época de Solón, para narrar cómo los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes, belicosos habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada frente a las Columnas de Hércules y que, al poco tiempo de la victoria ateniense, desapareció en el mar a causa de un terremoto y de una gran inundación.
En el Timeo, Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal; cuenta cómo llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios; refiere la ubicación de la isla y la extensión de sus dominios en el mar Mediterráneo ; la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, cómo fue que el país de los atlantes se perdió en el mar. En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia. Relato que se interrumpe abruptamente, quedando inconclusa la historia.

Los textos de Platón sitúan la Atlántida frente a las Columnas de Hércules (lugar tradicionalmente entendido como el estrecho de Gibraltar) y la describen como una isla más grande que Libia y Asia juntas. Se señala su geografía como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios , rodeada de montañas hasta el mar. A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo.
 La mayoría de las conjeturas que postulaban la existencia de la Atlántida como el "continente perdido", como la de Donnelly, fueron invalidadas por la comprobación del fenómeno de la deriva continental durante los años 1950. Por ello, algunas de las hipótesis modernas proponen que algunos de los elementos de la historia de Platón se derivan de mitos anteriores, o se refieren a lugares ya conocidos.
El éxito de Donnelly motivó a los autores más diversos a plantear sus propias teorías. En 1888, la ocultista Madame Blavatsky publica La Doctrina Secreta, texto basado, supuestamente, en un documento escrito en la Atlántida, El Libro de Dzian. Según Blavatsky, los atlantes habrían sido una raza de humanos anterior a la nuestra, cuya civilización habría alcanzado un notable desarrollo científico y espiritual. En 1938, el jerarca nazi Heinrich Himmler organiza, en el contexto del misticismo nacionalsocialista, una serie de expediciones a distintos lugares del mundo en busca de los antepasados atlantes de la raza aria. En 1940, el medium norteamericano Edgar Cayce predice que en 1968 la Atlántida volverá a la superficie frente a las costas de Florida. Sorprendentemente, en 1969, en las aguas de la isla de Bimini, frente a la península de Florida, fue descubierta una formación rocosa a la que se dio el nombre de Carretera de Bimini, y respecto de la cual aún se discute si se trata o no de una construcción humana.
Al margen de lo esotérico, el impulso generado por la obra de Donnelly motivará también a numerosos historiadores y arqueólogos, tanto profesionales como aficionados, quienes durante el siglo XX desarrollarán teorías que ubicarán la Atlántida en los más distantes lugares, asociando a los atlantes con diferentes culturas de la Antigüedad. Es así como en 1913, el británico K. T. Frost sugiere, con poco éxito, que el imperio, conocido de los egipcios, poderoso y posiblemente opresor de la Grecia primitiva, habría sido el antecedente fáctico de la leyenda Atlántida. La tesis de Frost, en un principio menospreciada, acabó convirtiéndose en una teoría bastante aceptada y difundida. En 1938, el arqueólogo griego Spyridon Marinatos plantea que el fin la civilización cretense, a causa de la erupción del volcán de Santorini, podría ser el fondo histórico de la leyenda. La idea de Marinatos será trabajada por el sismólogo Angelos Galanopoulos, quien en 1960 publicará un artículo en donde sugerentemente relacionará la tesis cretense con los textos de Platón. Si bien el propio Marinatos sostuvo siempre que se trataba de una simple especulación, la tesis de la Atlántida cretense ha tenido amplia aceptación y captado muchos seguidores, entre los que se contaba el ya fallecido oceanógrafo francés Jacques Cousteau.
Por su parte, en 1922, el arqueólogo alemán Adolf Schulten retoma y populariza la idea de que Tartessos fue la Atlántida. Tesis que cuenta con varios seguidores hasta el día de hoy. Otras hipótesis sobre la Atlántida la sitúan en la isla de Malta, el mar de AzovSudamérica, el Próximo, el norte de ÁfricaIrlandaIndonesia y en la Antártida.
Hay infinidad de hipótesis que no voy a describir aquí pues emplearía demasiado espacio pero para quien esté interesado apunto la dirección para que podáis leerlas.

Según parece, un ingeniero aeronáutico de Chester, Bernie Bamfor de 38 años, encontró mientras navegaba a través de la nueva característica de Google Earth en la que muestran el océano, una evidencia que de forma subjetiva podría entenderse como la Atlántida, o la ciudad sumergida que cuenta la leyenda.
La isla de la Atlántida que desapareció en el mar, podría haber sido encontrada a través de Google Earth, dado que han integrado datos recogidos por barcos a través del sonar de los mismos sobre la estructura del fondo oceánico.
Os dejo a continuación una imagen del hallazgo, y a continuación os comento la respuesta de Google ante tal “descubrimiento”. Según se puede observar hay una serie de líneas completamente rectas que se entrecruzan de la forma que pasa en las ciudades actuales. La situación de “descubrimiento” es: 31°15′15.53″ N, 24°15′30.53″ W y se encuentra al oeste de las islas canarias.

 Google ha comentado que las líneas cruzadas que se observan son producto de los datos recibidos a través de sonar por un barco. Los datos del terreno marino se recolectan desde botes que usan sonar para tomar medidas del suelo y las líneas reflejan el camino del barco que tomó esos datos. En palabras textuales de un representante de Google: “El hecho de que existan puntos sin datos entre las líneas no es más que una muestra de lo poco que conocemos de los océanos del mundo“.
Cine, televisión, arte, literatura, en todos los campos encontramos referencias fantásticas a la desaparecida isla. Islas del mar Egeo o hasta las mismas Canarias han sido nombradas como los restos de la Atlántida. Sin embargo nadie sabe a ciencia cierta qué existe de realidad en el relato y qué es solo ficción por eso, cíclicamente, los diálogos de Platón vuelven a ponerse de actualidad. Cada uno de nosotros preferimos leer el relato de primera mano y desentrañar el misterio intentando descubrir el camino que el sin fin de pistas proporcionadas nos muestra. Quizás no lo consigamos nunca, sin embargo no deja de ser interesante y divertido. Sólo tenemos que acercarnos a la librería y revivir la maravillosa historia de la Atlántida.
De todas maneras, aunque divertido, debo deciros lo que pienso; la Atlántida es un mito y nunca existió. Los dioses griegos nunca existieron. El arca de Noé nunca existió. Papá Noel no existe. Los reyes magos son los padres. Se que es duro, pero hay que aceptarlo y así lo pienso.