
Hace muchos, pero que muchos años, vivía una…
¡Ondia! Parece que vaya a contar el cuento de Las Judías Mágicas.
Empezaré de nuevo.
Hace al menos 40 años (¡Oño que mayor soy!) cayó en mis manos un libro, que si bien no llegó a cambiar mi vida (pero casi) si cambió mis gustos culturales. Este libro se llamaba “El misterio de la Atlántida” de Charles Berlitz, el fundador de las no menos famosas academias de idiomas Berlitz. Me entusiasmó su lectura envuelta de misterio, realidad y ficción. Al poco tiempo leí “Recuerdos del futuro” del escritor suizo Erich Von Däniken y algún libro de la saga de los dioses. Después pasé a nuestro compatriota J.J. Benítez con sus Caballitos de Troya, hasta que me cansé de leer en una sola dirección, en lo fantástico, en lo no demostrable. Tengo una mente muy racional y normalmente solo creo en lo que está demostrado aunque como la ciencia avanza muy rápidamente, donde a veces se dijera “digo” luego es “Diego”-
Lo que no admito es que en lo que supuestamente hayan dudas siempre se vaya a una “demostración” esotérica o fantástica. No me gusta que este tipo de gente desprecie tanto a nuestros ancestros pensando que eran unos torpes que no pudieran construir pirámides o colocar figuras de pie, como las de la isla de Pascua, sin ayuda de los supuestamente extraterrestres. Nuestros ancestros eran muy inteligentes solo que no disponían de tecnología pero a favor tenían todo el tiempo de sus vidas, entre guerras y guerras, claro está. ¿Sabéis cuanto tiempo se tardó en construir las catedrales? ¿Y porqué nadie pone en duda de que no fueron ayudados por los alienígenas? No hubo tantos años de diferencia entre la construcción de las pirámides mayas y las catedrales.

Volviendo a lo que dije en cuanto que por casi cambió mi vida, fue debido a una casualidad que ocurrió mientras hacia de topógrafo para una empresa que construía la autopista A-7 a su paso por la ciudad valenciana de Puzol. Esta casualidad fue el descubrimiento de una villa romana. Mis jefes decidieron que como topógrafo ayudara a los arqueólogos de la administración a hacer los levantamientos del terreno para poder ir más rápidos y reanudar las obras en el mínimo tiempo posible. Y así ocurrió.
Me encantó el trabajo, disfruté como un enano. Me fui de Dragados y me coloqué de arqueólogo durante casi un año. Dos motivos; mi nueva afición y una joven arqueóloga municipal. Los dos casos los disfruté al máximo.
Me puse a leer como un “descosido” todo tipo de libros históricos- científicos como “El misterio de los Hititas”, “Dioses, templos y sabios”, “Pirámides, esfinges y faraones”, “El mundo de la Arqueología”, “Los fenicios”, “Tutankamon”, o incluso “Moisés Faraón de Egipto” deO man Ahmed y tantos y tantos otros… Con el tiempo pasé a la Paleontología leyendo a Donald Johanson con su Lucy (australopithecus afarensis) y a la familia Leakey y su equipo y muchos más. En fin, me “empapé “ bien de sabiduría.
Por lo expuesto hoy me voy a atrever a hablar del mundo perdido de Platón, La Atlántida. Lo que yo crea no tiene mayor relevancia pero si voy a exponer los datos que tengo sobre el tema, no todos porque sería interminable, pero si los que creo que determinan más está eterna discusión.
Por supuesto que muchos datos están recopilados por el “Doctor Google” y normalmente lo que transcribo suelo hacerlo en cursiva pero esta vez para no hacerlo difícil, me limito a decirlo aquí.
Las primeras referencias a la Atlántida aparecen en el Timeo y el Critias, textos en diálogos del filósofo griego Platón. En ellos, Critias, discípulo de Sócrates, cuenta una historia que de niño escuchó de su abuelo y que este, a su vez, supo de Solón, el venerado legisladorateniense , a quien se la habían contado sacerdotes egipcios en Sais, ciudad del delta de Nilol. La historia, que Critias narra como verdadera, se remonta en el tiempo a nueve mil años antes de la época de Solón, para narrar cómo los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes, belicosos habitantes de una gran isla llamada Atlántida, situada frente a las Columnas de Hércules y que, al poco tiempo de la victoria ateniense, desapareció en el mar a causa de un terremoto y de una gran inundación. En el Timeo, Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal; cuenta cómo llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios; refiere la ubicación de la isla y la extensión de sus dominios en el mar Mediterráneo ; la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, cómo fue que el país de los atlantes se perdió en el mar. En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia. Relato que se interrumpe abruptamente, quedando inconclusa la historia.

Los textos de Platón sitúan la Atlántida frente a las Columnas de Hércules (lugar tradicionalmente entendido como el estrecho de Gibraltar) y la describen como una isla más grande que Libia y Asia juntas. Se señala su geografía como escarpada, a excepción de una gran llanura de forma oblonga de 3000 por 2000 estadios , rodeada de montañas hasta el mar. A mitad de la longitud de la llanura, el relato ubica una montaña baja de todas partes, distante 50 estadios del mar, destacando que fue el hogar de uno de los primeros habitantes de la isla, Evenor, nacido del suelo. La mayoría de las conjeturas que postulaban la existencia de la Atlántida como el "continente perdido", como la de Donnelly, fueron invalidadas por la comprobación del fenómeno de la deriva continental durante los años 1950. Por ello, algunas de las hipótesis modernas proponen que algunos de los elementos de la historia de Platón se derivan de mitos anteriores, o se refieren a lugares ya conocidos. El éxito de Donnelly motivó a los autores más diversos a plantear sus propias teorías. En 1888, la ocultista Madame Blavatsky publica La Doctrina Secreta, texto basado, supuestamente, en un documento escrito en la Atlántida, El Libro de Dzian. Según Blavatsky, los atlantes habrían sido una raza de humanos anterior a la nuestra, cuya civilización habría alcanzado un notable desarrollo científico y espiritual. En 1938, el jerarca nazi Heinrich Himmler organiza, en el contexto del misticismo nacionalsocialista, una serie de expediciones a distintos lugares del mundo en busca de los antepasados atlantes de la raza aria. En 1940, el medium norteamericano Edgar Cayce predice que en 1968 la Atlántida volverá a la superficie frente a las costas de Florida. Sorprendentemente, en 1969, en las aguas de la isla de Bimini, frente a la península de Florida, fue descubierta una formación rocosa a la que se dio el nombre de Carretera de Bimini, y respecto de la cual aún se discute si se trata o no de una construcción humana. Al margen de lo esotérico, el impulso generado por la obra de Donnelly motivará también a numerosos historiadores y arqueólogos, tanto profesionales como aficionados, quienes durante el siglo XX desarrollarán teorías que ubicarán la Atlántida en los más distantes lugares, asociando a los atlantes con diferentes culturas de la Antigüedad. Es así como en 1913, el británico K. T. Frost sugiere, con poco éxito, que el imperio, conocido de los egipcios, poderoso y posiblemente opresor de la Grecia primitiva, habría sido el antecedente fáctico de la leyenda Atlántida. La tesis de Frost, en un principio menospreciada, acabó convirtiéndose en una teoría bastante aceptada y difundida. En 1938, el arqueólogo griego Spyridon Marinatos plantea que el fin la civilización cretense, a causa de la erupción del volcán de Santorini, podría ser el fondo histórico de la leyenda. La idea de Marinatos será trabajada por el sismólogo Angelos Galanopoulos, quien en 1960 publicará un artículo en donde sugerentemente relacionará la tesis cretense con los textos de Platón. Si bien el propio Marinatos sostuvo siempre que se trataba de una simple especulación, la tesis de la Atlántida cretense ha tenido amplia aceptación y captado muchos seguidores, entre los que se contaba el ya fallecido oceanógrafo francés Jacques Cousteau. Hay infinidad de hipótesis que no voy a describir aquí pues emplearía demasiado espacio pero para quien esté interesado apunto la dirección para que podáis leerlas.

Según parece, un ingeniero aeronáutico de Chester, Bernie Bamfor de 38 años, encontró mientras navegaba a través de la nueva característica de Google Earth en la que muestran el océano, una evidencia que de forma subjetiva podría entenderse como la Atlántida, o la ciudad sumergida que cuenta la leyenda. La isla de la Atlántida que desapareció en el mar, podría haber sido encontrada a través de Google Earth, dado que han integrado datos recogidos por barcos a través del sonar de los mismos sobre la estructura del fondo oceánico.
Os dejo a continuación una imagen del hallazgo, y a continuación os comento la respuesta de Google ante tal “descubrimiento”. Según se puede observar hay una serie de líneas completamente rectas que se entrecruzan de la forma que pasa en las ciudades actuales. La situación de “descubrimiento” es: 31°15′15.53″ N, 24°15′30.53″ W y se encuentra al oeste de las islas canarias.
Google ha comentado que las líneas cruzadas que se observan son producto de los datos recibidos a través de sonar por un barco. Los datos del terreno marino se recolectan desde botes que usan sonar para tomar medidas del suelo y las líneas reflejan el camino del barco que tomó esos datos. En palabras textuales de un representante de Google: “El hecho de que existan puntos sin datos entre las líneas no es más que una muestra de lo poco que conocemos de los océanos del mundo“.
Cine, televisión, arte, literatura, en todos los campos encontramos referencias fantásticas a la desaparecida isla. Islas del mar Egeo o hasta las mismas Canarias han sido nombradas como los restos de la Atlántida. Sin embargo nadie sabe a ciencia cierta qué existe de realidad en el relato y qué es solo ficción por eso, cíclicamente, los diálogos de Platón vuelven a ponerse de actualidad. Cada uno de nosotros preferimos leer el relato de primera mano y desentrañar el misterio intentando descubrir el camino que el sin fin de pistas proporcionadas nos muestra. Quizás no lo consigamos nunca, sin embargo no deja de ser interesante y divertido. Sólo tenemos que acercarnos a la librería y revivir la maravillosa historia de la Atlántida.
De todas maneras, aunque divertido, debo deciros lo que pienso; la Atlántida es un mito y nunca existió. Los dioses griegos nunca existieron. El arca de Noé nunca existió. Papá Noel no existe. Los reyes magos son los padres. Se que es duro, pero hay que aceptarlo y así lo pienso.