miércoles, 18 de febrero de 2009

El Mickey... mi profe.


Hoy; mientras hacía quien sabe qué, o leyendo quien sabe qué, en Dios sabe qué lugar, comenzó a sobrevolar mi mente un recuerdo viajero en forma de catedrático frustrado. Se trataba de mi profesor de literatura del Bachillerato.
Era un hombre bajito, con un cuello reducido a la máxima expresión y unos dientes que se exhibían por encima del labio inferior; como dos sábanas blancas echadas en el tendedero de una ventana de barrio.

Su esperpéntica imagen recordaba a la de un roedor. Es por eso que todos los alumnos lo conocían por el sobrenombre de
Mickey.
Lo cierto es que no era muy querido ni estimado en el colegio. Recuerdo que incluso le habían hecho alguna que otra perrería a las ruedas de su coche.
Sin embargo, a mi no me disgustaba. A veces me ponía nervioso cuando me miraba con aquellos ojos que parecían estar embriagados y revueltos dentro de sus órbitas, pero si guardaba la distancia de seguridad, me caía bien. Aprendía un montón de palabrejas en sus clases que cada día apuntaba en un cuaderno para buscar el significado al llegar a casa:
Gracejo, pérfido, fachoso, laso, impúdico…

El susodicho licenciado con cara ratonil hablaba con propiedad y cultura, y yo absorbía kilos y kilos de su pedantería, ensimismado.
No se porqué, pero recuerdo muy bien algo que, en su momento, me llamó sumamente la atención.
Mickey solía decir que la mayoría de las veces, cuando una persona utiliza en un texto los puntos suspensivos es porque, o bien no encuentra, o bien desconoce la palabra exacta que debería colocar en ese lugar.
Curioso.
Siempre he pensado que tal vez no sea tanto el que no se encuentre, sino el que no se quiere encontrar, de forma inconsciente. Quizá se trate de intentos desesperados de llenar un hueco vacío, de adornar una palabra sin brillo, o una vida sin contenido. O quizá sean como un respiro, una interrupción o punto de inflexión, un “continuará… pero tú no lo vas a ver”, quizá sean cajitas circulares que esconden secretos.
¿Y si
Mickey estuviese equivocado esta vez?
Lo reconozco. A veces, en ocasiones… abuso de los puntos suspensivos...
…………………

domingo, 15 de febrero de 2009

Bous en el carrer

Lo recuerdo como si fuera ayer. Subía aquella calle tan empinada y cuesta arriba con un toro embolado pegado a mi trasero, a una velocidad que solo el miedo te hace coger.

 La costumbre era tener las puertas de los bajos abiertas para que los mozos pudiéramos entrar y salvarnos del toro. Las cortinas de rulos de adelfa era lo único que nos separaba de la salvación. Yo vi esa salvación a pocos metros de mi, la luz me indicaba que la puerta de ese bajo estaba abierta, que solo debía atravesar aquella cortina… ¡pero oh fatalidad!... me di de morros con la puerta acristalada que se mantenía cerrada y que la dichosa cortina de adelfa me había impedido ver.

 Mis reflejos hicieron que mirara hacia arriba donde había un balcón –ni demasiado alto ni demasiado bajo-  y me dispuse a subir de un salto –gran salto- Pegué un bote, que ni los grandes atletas serían capaces de realizar, me enganché de la baranda y con una fuerza sobrehumana, me encaramé al balconcito.

 Lo de la fuerza sobrehumana lo pensé en aquel momento hasta que me di cuenta que allí donde mi espalda pierde su honesto nombre, se asentaban pegotes flameantes de alquitrán, ese alquitrán con el que confeccionan las bolas humeantes de los cuernos del toro. Fue el amable astado el que me ayudó a subir.

Resultado;  antitetánica, 7 puntos de sutura en la nalga izquierda y pomada verdosa para las quemaduras.

Tenía una cámara de fotos Kodak, de esas baratas que había en aquel entonces que reducían tanto la imagen a través de su visor que lo que fotografiabas te costaba encontrarlo. Y se me ocurrió que debía hacerle una fotografía a una baquilla en plena corrida.

Cuando retiré la cámara de mis ojos tenía tan cerca aquella “maldita” vaquilla que si llega a sacar la lengua me lava la cara. Me recogió por delante, me pasó por encima de su lomo y llegué a caer debajo de su rabo. Me corneó, me pateó y se meó encima de mi y hasta incluso llegué a apreciar una estruendosa carcajada  -la muy hija de… Satanás-

Resultado; Antitetánica, 9 puntos de sutura –iba ganando puntos- y una buena ducha para quitarme el “fino” perfume a rumiante. 

En esa bonita plaza del Olmo de Navajas se corrían los “Bous en el carrer” Se hacían con tableros las barreras por las cuales, de lado, entraba una persona a la carrera y no cabía la cabeza del astado. Arriba se hacían entarimados para uso de las personas que no querían correr delante de los toros.

Debo decir que en aquella época éramos, mis amigos y yo, un poco cafres. Un día a alguien se le ocurrió la brillante idea de aflojar las cuerdas de algunos tableros para intentar meter el toro dentro, o por lo menos la cabeza y así pegar un buen susto al montón de gente que estaba en el bar que era defendido por aquella barrera.

Pero el animalito no se conformó en meter solo la cabeza y entró su cuerpo al completo, paseándose por dentro del bar hasta que pudimos sacarlo por la puerta trasera.

Resultado; no más antitetánica pues aún me duraba la actuación de la última inyección, pero infinidad de destrozos y una cuantas contusiones, moratones y raspaduras… ¡la debacle!

¡Cuanto más podría contar! Mucho, demasiado, todos los años me recorría todos los pueblos de la zona, Navajas, Segorbe, Altura, Viver, Jérica, Castelnovo… todos, no dejaba uno por recorrer durante todo el mes de Septiembre.

Eso se acabó hasta que hace dos años, mientras estuve viviendo en El Puig, una tarde salí de mi casa sin pensar que un toro andaba suelto, pues eran fiestas y cuando me dí  vuelta a la esquina y ví una porción importante de gente correr hacía mi, supuse que yo debía correr también. Esta vez hubo suerte, el toro me adelantó… casi me apartó de su camino y doy gracias porque ya ni la fuerza ni las ganas eran mi compañía.

He contado unas anécdotas de mi juventud, pero debo decir que ya hace muchos años que soy un firme detractor de cualquier festejo en los que se maltrate a un animal como los festejos taurinos de cualquier clase, el tiro de pichón y tantos y tantos… incluida la caza.

No quiero abrir polémica, no es lo mío y además ya se ha dicho mucho sobre ello en pro y en contra pero si quiero poner de manifiesto que la gente va tomando conciencia de ello cada vez más. Tanto el párroco de la localidad de Faura que ha condenado “Els bous en el carrer” en su hoja parroquial como el reciente referéndum realizado por el alcalde de Paterna en los que han ganado el NO y cuyo resultado ha sido el siguiente: 5.659 vecinos votaron en contra; 2.554 a favor, y 92 de ellos votaron de forma neutral. En total 8.305 votos.
Somos ya tantas y tantas personas que estamos hartas de estas costumbres  ancestrales un tanto bárbaras que ya era hora que se empezará a hacernos caso.
Menos mal que ya no nos da por tirar cristianos a los leones… 

jueves, 12 de febrero de 2009

Día de San Valentin

Los homo-sapiens enamorados celebramos el día de San Valentín, excusa perfecta para el romance, la galantería, los coqueteos y el sexo. Regalamos  chocolates, coloridos ramos de rosas, enormes tarjetas, joyas y los más diversos objetos tratando de decir: “te quiero”. Formas que nada tienen que ver con los galanteos originales de nuestra especie, ni con las mas  maravillosas artimañas que tienen las demás para elegir a sus parejas.

Los animales utilizan formas diversas para llamar la atención de quién será su pareja por un rato o para el resto de su vida, según sea el caso y costumbre de cada especie. Formas diversas, unas parecidas al humano y otras, extremadamente distintas.

La   avefría es un ave cuyos movimientos en la danza de cortejo se asemejan al galán enamorado, cuando baila una rumba o una cumbia.Los animales, al igual que los humanos, se atraen por el olor, ellos no huelen a Chanel nº5, ni a Adolfo Domínguez, pero claro que se huelen y se reconocen. Los olores forman parte de su sexualidad. Ellos se besan como nosotros, pero en ellos el beso va más allá, pues está relacionado con la alimentación boca a boca haciendo que su relación sea más estrecha.Los monos más evolucionados, a diferencia de algunos homo-sapiens, van perdiendo el interés por las nalgas de sus compañeras para dar paso a la relación cara a cara y esto permite la aparición del afecto.

Las gorilas hembras muestran sus genitales en señal de saludo, como cuando algunas mujeres con rasgos histéricos dejan insinuar dichas zonas al objeto de su amor y a los que no, también.La palmada en el trasero, de la mulata poco educada, en   un callejón me recuerda a la gorila que muestra sus nalgas y da golpes  acompañados de chillidos para mostrar su enfado.

Para amar en el reino animal, no es necesaria una fecha especial, a diferencia de nosotros ninguna de las partes es capaz de disfrazar sus propias tendencias o egoísmos. Los llamados animales hacen libre uso de su sexualidad sin prejuicios ni disfraces.

En algunos invertebrados, peces y aves, la bisexualidad es típica. La promiscuidad es característica de los primates, rasgo común en algunos humanos irresponsables. Pero, también, hay quien es fiel hasta la muerte como lobos, cigüeñas, palomas, entre otros dónde no figura el hombre.

El pato enamorado, como si fuese el día de San Valentín, le obsequia a su amada un territorio o morada y realiza toda una representación teatral en demostración de afecto.
En los llamados animales, la hembra a diferencia de la humana, no necesita de maquillajes, ni vestidos, ni accesorios para disfrazar su propia inconformidad. Es la hembra animal a veces fea pero siempre perfecta.
Y si escribo de crustáceos, gusanos y algunos peces, el macho es un ser minúsculo y rudimentario, degenerado que sólo sirve para fecundar como muchos padres humanos irresponsables.
El león, con su hermosa melena, enamora a la leona, como el joven pelucón que le gusta a Amparín.
El ciervo se enorgullece de sus cuernos, pero dudo que algún humano les saque lustre a los suyos. Y el pavo real se pasea con su hermoso plumaje, como el galán que viste un traje nuevo y lustroso calzado. ¿Todo para qué? Para que la hembra de cada especie se digne a mirarlos.También hay novias malgeniadas como las humanas. 

No siempre ser atractivo y danzar bastan para atraer a una hembra, si no, que se los diga una tigresa. Ella en celo ronronea, se revuelca en el piso, coquetea y coquetea. El macho se acerca presuroso y cariñoso frotándole los bigotitos. Pero la hembra adopta un comportamiento similar a muchas hembras de nuestra especie y se sale de sus casillas, justo en el momento en que el pobre tigre está más romántico que nunca. En esta ceremonia pre-nupcial, ambos deben de apaciguar sus instintos agresivos. Una vez que el señor tigre consume los hechos... a correrrrrrrrrrrrrrr........... La hembra rápidamente se olvida del placer recibido y se pone de tan mal humor que es el único mamífero capaz de devorarse completita a su media naranja.

Algunos humanos detestan pasar el día de los enamorados solos y, no dispuestos a ello, buscan pareja por un día. Pero no he escuchado a ninguno cantar la romántica balada de José Luis Rodríguez “Voy a perder la cabeza por tu amor” mejor que el macho de una Mantis Religiosa. Ya que a la hembra no se le ocurre algo mejor que decapitar al macho. ¡Sí! Arrancarle la cabeza cuando el pobre está en el éxtasis de la conquista. Claro que tendría que mencionar que esto se debe a cuestiones de índole hormonal que hacen que la hembra al estar tan excitada, se torne más agresiva que nunca y lo más importante es que si no le volase la cabeza no recibiría su esperma pues no lo soltaría el afanoso enamorado. El macho, de la forma más altruista, pierde la adorada cabeza para perpetuación de su especie.

Y, ¿dónde quedamos nosotros los enamorados?, seguimos haciéndonos regalos ,escribiendo hermosos  versos y dándonos tiernos, dulces y apasionados besos, pero ninguno tan apasionado como los de la mujer araña ,quien la mayor parte del año no mira ni de reojo al objeto de su amor, dedicándose al trabajo y no a las cosas vanas del corazón, como muchos humanos. Sin embargo, al llegar la Primavera o en el Verano, se le enciende la llama de la pasión, pasión que la arrastra en ocasiones a terminar por matar al macho-araña, pequeño y débil, visto por su adorada novia como tentador manjar. El macho debe regalarle a su novia algo para mantenerla ocupada, mientras buscando el momento propicio debe de volverse violento para no morir en las fauces del amor.


El homo sapiens, en su aparente superioridad sobre las demás especies, muchas veces consideradas inferiores demuestra sus afectos pero enmascarados, limitados por los convencionalismos hipócritas y absurdos.

Los animales son también Humanos ¿Cómo resuelven los animales sus problemas familiares? Bastaría que la gente se preocupara en saber algo más sobre ellos para cambiar su opinión respecto a los llamados, despectivamente, “animales”.

Los animales se “enamoran” se solicitan y se “cortejan”, en giros, requiebros, sonidos, colorido, belleza. Son padres ejemplares, algunos hacen sus casas. Ya quisieran poseer estas cualidades muchos de los enamorados humanos que no les llegan ni a la punta del zapato, ¡Perdón! De la pata.


 

martes, 10 de febrero de 2009

VIENTO

No me gusta nada, remueve todo, levanta polvo  y se me mete en los ojos. Hoy hace viento, saldré lo justo a la calle.

Pero tiene una virtud: renueva el ambiente, mezcla aires y olores. Llega de otros lugares lejanos y nos trae aromas de otras tierras.
En mi vida a veces hay algo parecido. Épocas de renovación, que surgen de un viento lejano que viene hacia mí de repente y sin avisar. No es un cambio importante, más bien es un complemento a lo que ya sé, a lo que ya tengo. Siempre acepto lo que viene, tiempo hay para dejarlo a un lado si cuando lo has conocido no es lo más conveniente, lo más adecuado, lo importante.
Pero queda un sentimiento de tristeza cuando esto ocurre, un “no se qué” de podría haber sido, un tal vez... si hubiera dicho unas palabras diferentes.


El viento y el tiempo se alían para poner las cosas en su sitio. La única pena es que nuestro tiempo es finito, por esto debo aprovechar cada viento que me llega y nunca decir no, solo esperar a que cuando haya renovado el ambiente, ver como es el poso que deja.

domingo, 8 de febrero de 2009

Navajas (vs) Carcaixent

 Puerta Iglesia Navajas (2ºpor la izq arriba, mi menda con 15 años) 

Desde que la memoria se me pierde en  el tiempo yo pasaba mis veraneos en Navajas, un bonito pueblo del Alto Palancia en la provincia de Castellón. Son muy hermosos los recuerdos que tengo de aquel lugar donde pasé mi niñez desde Junio a septiembre y las vacaciones de Pascua  y a donde –y no sé porque razón, pues mi padre siempre tuvo vehículo- íbamos en tren arrastrados por aquellas locomotoras de vapor, las MIKADO. 

Al llegar a la estación, recuerdo un curioso  personaje al que llamaban “El tío Estrella”.  Tenía el buen señor un carro tirado por un caballo de labranza en el cual transportaba las maletas al pueblo, las maletas, a mis hermanas  y a mi, que siempre nos la apañábamos para subir en él.

                                      LA MIKADO

Una de las peculiaridades de ese pueblo era, sin lugar a dudas, el agua, reflejado por su rio Palancia, su manantial de La Esperanza y sus fuentes. Esta localidad fue pionera de su turismo interior (hoy llamado Turismo Rural) y sobre todo de la sociedad valenciana del “quiero y no puedo”.

LA FUENTE DE LOS TRECE CAÑOS

 El núcleo de Navajas se nos presenta a través de su trazado morisco y de majestuosas villas del siglo XVIII, además de otros edificios y monumentos que merece la pena visitar. El centro histórico se presenta en forma de calles estrechas y encumbradas, de claro trazado morisco. Destaca el ayuntamiento, antigua casona, también del siglo XVIII. Se encuentra en la plaza del Olmo, centro neurálgico de la localidad, y cuyo nombre se debe a un majestuoso olmo de más de 400 años de antigüedad que todavía persiste allí.  Muy cerca hallamos la iglesia de la Inmaculada Concepción, que posee un hermoso camarín del siglo XIX Y si es la iglesia es símbolo cristiano, el máximo exponente de su pasado árabe lo representa la torre que aparece a las afueras de la localidad, en la zona de Altamira, del siglo XI. Otros lugares de interés son el pantano del Regajo, a dos kilómetros, y la enigmática cueva del Reloj donde ya una vez tuve que ser rescatado por expertos –siempre he sido un ángelito- o me hubiera quedado allí de por vida.

Destacan también el Mirador del Paraíso - o Salto de la Novia, por una leyenda existente como tantas otras- lugar especialmente habilitado para visitas turísticas en la zona conocida como cascada del Brazal de 60 m de altura; el manantial de la Esperanza, que abastece a la población de agua para el consumo y el riego; Altamira, desde donde se divisa la sierra de Espadán,

 Calderona y el Valle del Palancia. Otros lugares de ensueño son las fuentes que nacen a lo largo del término; del Curso, de Mosén Miguel, de la Bañola, de la Gilda, de la Peña, de San Rafael, del Cañar, del Lugar, de la Virgen de la Luz, del Baño y de los Trece Caños. Esta última guarda para mi especiales recuerdos, de mi niñez y de hace poco.

En esta fuente de los Trece Caños, conservo fotografías bebiendo a chorro,  de mis padres, de mí, de mis hijos… y especialmente de alguien muy reciente que sensibilizó mi corazón. Esta fuente es un símbolo para mí. No es que sea un privilegio, pero si debo decir que es a la única mujer que he fotografiado en ese lugar, igual que a todos mis seres queridos.

Podría hablar sin terminar, de mis viajes en tren de vapor, de mis andaduras, de mis accidentes, de mis quemaduras por cohetes borrachos o de mis cornadas por el tan sufrido y hoy rechazado por mí, “Bous en el carrer” y de tantas cosas que se haría muy largo, pero lo que quería decir lo he dicho.

Y ahora el porqué de la comparación con ese precioso valle donde se ubica una bonita villa, pedanía de Alzira pero más próxima a Carcaixent, La Barraca  de Aigües Vives.

Barraca de Aigües Vives (detalle)

No recuerdo bien cuando fue la primera vez que estuve en Carcaixent (Carcagente en aquella época) pero si sé que era muy joven, no tendría más de 15 o 16 años.

Mi padre tenía una industria de productos químicos y fabricaba unos fungicidas para la naranja y en sus viajes a las zonas naranjeras, este que escribe le acompañaba para aprender el oficio.

Carcaixent es “La Cuna de la Naranja”, eso dice la historia en guerra con “La Patria de la Naranja” que dicen en Alzira, pero la verdad es que en el siglo XIX, por medio de injertos con la naranja amarga, un sacerdote aficionado a la jardinería, obtiene en Carcaixent el primer naranjo de fruta comestible, de un agradable sabor fresco y dulce. 

Su aceptación es incondicional e  inmediata, y se multiplica rápidamente, por esquejes, su cultivo en la zona. Desde entonces, la calidad y variedades de las naranjas ha venido sufriendo una constante y beneficiosa transformación.

Coincide su expansión con la decadencia del gusano de seda, de modo que la tala indiscriminada de moreras, -para cuya hoja poseía Carcaixent la lonja reguladora en toda el área de la Ribera-, va dejando espacio al creciente cultivo del nuevo árbol frutal. Su novedad traspasa fronteras, en alas de su comercialización por mar, comercio en el que tercian oportunamente, con los valencianos, florecientes navieras mallorquinas. Carcaixent se convirtió con toda legitimidad, de cuna de la naranja, en centro preponderante de su manipulación y venta en toda Europa.

La buenisima "Coca de pimentó"

Pero Carcaixent es mucho más… y sin adentrarme en su historia o en su geografía, os voy a contar que significó para mi esta ciudad de la Ribera Alta del Xúquer que visité hace un año después de no haber estado en ella hacía por lo menos 40 años antes.

Allí me llevo mi querida pelirroja y siempre nombrada, carcaixenera ella, allí me llevó para disfrute personal, pues no recordaba que pudiera existir un paraje tan bonito como es el Valle de Aigües Vives.

El Monasteri de Aigües Vives

Allí recorrí  los montes, los naranjales, los hipódromos (ella me entiende), las señales de Stop, los arenales llenos de hormigas, merendé “coca de pimentó”, me peleé (se peleó) con un experto en “aques  amigo de monjas  y dialogué con medio pueblo para… nada, pues nada me dejó hacer después.

Y me enseñó los lugares de su juventud, que al igual que yo, se la pasó en el campo.

Hizo que me trasladara a mi niñez – desde su niñez- cuando me comía aquellas “coquetes” en el Manantial de La Esperanza de Navajas, en la Pascua entre inmensas pinadas y rompiendo huevos en la frente de las chicas, como manda la tradición de esas fiestas. Me hizo patear pueblos, acequias, campos y disfruté como hacía muchos años que no lo hacía…

No sé, estuve en aquellos dos lugares que hacia muchos años que no había vuelto, por ella y con ella y mañana mismo, si me lo pidiera… volvería a ir, aunque pienso que aunque sea solo voy a volver…

Vista general de La Barraca de Aigües Vives

martes, 3 de febrero de 2009

Cuéntame


Cuéntame todo lo que sabes. No me digas solo que tuviste un gran amor y que ahora ha naufragado. Eso es como no decirme nada: lo dicen todos. Cuéntame más, dibújame lo que sientes en tus recodos más escondidos en la blanca pared que te ofrezco. Cuéntame lo que aún no has contado, lo que necesitas para ti, pero también necesitas que se vaya al fin. Déjate de historias de príncipes y de princesas, de corazones partidos, de puñales ensangrentados. No me vengas de nuevo con historias, lo que todos siempre han contado. No me digas como vives, ni me lo retrates con floridas palabras. Cuéntame aquello que sabes que quiero saber, quiero ahondar el terreno no ahondado. No me ofrezcas la plaza principal violada por miles de zapatos. Las más amplias avenidas trufadas de ociosos paseantes.

No me digas que has llorado, ni me cuentes que no has dormido... o que has soñado pesadillas, que te has vuelto a enamorar, que son azules los cielos, o nublados, tristes y lluviosos. No me cuentes lo que todos hemos contado. Tú no. Haz un esfuerzo y dame tu material más rico de una vez. Dime lo que no sé, los secretos del desván, las venas más profundas que navegan por tu cuerpo, cuéntame los porqués... no lo que te ha pasado. Dime cómo te has cortado, cuanto tiempo has estado en el espejo del lavabo con los pies descalzos. Y porqué, que has pensado, que has buscado en tu mente de muñeca que nunca podrá ser de trapo. Por so te inquiero. No te agarres ni a Dios ni a los santos, ni me los mentes siquiera. No me digas que una pócima te han dado y que todo te lo va a curar: tira la fe al diablo, no cierres ésas tus heridas, escarba en ellas para buscar su corazón, su razón, los motivos, los “qués”, los temores del antes, el cuando y el después. No cierres tus heridas sin saber porqué se han abierto.

No me des nombres. No me marques en una lista sin valor los nombres de los hombres que te hicieron el amor y luego te dejaron. Ni los que no se acercaron cuando tú esperabas. No me importan ni los ruines ni los cobardes. No me des los nombres de las personas que de ti abusaron. No me importan, la verdad. Cuéntame el origen de tus cosas, de donde surgen de verdad tus lágrimas, las tripas de tu infelicidad... háblame de lo que verdad te importa y déjate de literatura barata. No me vengas con unas cuantas frases escrupulosamente buscadas, un material elegante, pero que no te representa en nada. No me mandes falsos embajadores.
No tenemos mucho tiempo que perder en filigranas ni senderos erráticos. Tráeme tu carne, lo más hondo que encuentres... veremos que nos une, que nos rechaza y buscaremos convertir dolor y pena, tristeza, en la más rica fuente del saber. Quiero conocerte hasta los pulsos que te laten, identificar los tuyos de los otros.
No me digas que no lo sabías, no estamos para juegos. Amor...