viernes, 30 de noviembre de 2012

Otros colores



Ya hace días que empecé este escrito y por entonces llovía y ese fue el motivo, o más bien la inspiración para escribirlo. Tengo algunos escritos inacabados, porque la inspiración no surge para su continuidad o por muy diversos motivos. Otros están en una carpeta a la que llamo “El frigorífico”. Estos, los que están en el frío, están acabados y listos para su publicación, pero o bien son demasiado fuertes, o bien pueden crear malestar a ciertas personas y no es el momento adecuado, y tal vez no se publiquen nunca… tal vez.
Pero vayamos al relato…

Mis pasos se ven reflejados cadenciosamente sobre el suelo húmedo. Camino o más bien paseo lentamente hacia mi propia nada. Es tarde de domingo. Tarde de lluvia. Tarde de nada. De manera desapasionada miro las fachadas de los edificios, hoy un poco más grises, un poco más pesados, un poco más ciudad... parecería como si su reflejo imperfecto que dan las losetas y adoquines fuera más vivo, más humano y más alegre que la realidad que lo provoca. Cae una fina lluvia que cada cinco minutos se detiene para volver a empezar, como si el mundo fuera un gran reloj y las nubes las manecillas que deciden, de manera un tanto esquizofrénica, donde dejarse caer. Aún así muy lejos, en el horizonte, puede vislumbrarse un trazo de cielo azul ya otoñal que me recuerda que por encima del gris hay otros colores. Por encima, por debajo... esté donde esté el gris, más allá hay otros colores. 

Por mucho que el gris lo llevemos dentro de nosotros, es más allá de dentro de nosotros donde también yo encuentro el color. Pero un domingo por la tarde quizá no es el mejor día para encontrarlos... ¿la lluvia? La lluvia no es el problema, es tan sólo un fenómeno. 

Muy a menudo la lluvia se encuentra dentro de nosotros, nos llueve y llueve un día tras otro... regamos nuestro mundo interior, nuestro propio caos con devastadores reproches, recriminaciones, arrepentimientos, angustias. Es quizá nuestra manera de fertilizar lo que parece que ha quedado yermo. Es quizás que, cansados ​​de nosotros mismos, necesitamos verter todos los estiércoles que día a día vamos tapando... y de golpe, sin avisar, toda esta heces nos caen encima, Recordar de que también somos esas heces y que no la podemos esconder. Nuestra propia mierda apesta por mucho que tratemos de negarlo, por mucho que intentamos no abrir las alcantarillas y las fosas sépticas de nuestra alma. Lo que hace falta es recordar, de vez en cuando, que nuestras miserias pueden dar nueva vida a nuestro día a día, de la misma manera como los campos no darían delicias si no los abonáramos, precisamente, con mierda. 

Esta lluvia gris, esta lluvia que nos recuerda que bajo nuestros cimientos se esconde un submundo-que algunos llaman subconsciente- que a mí me gusta conocer como la cloaca donde vive el monstruo, no es eterna... con las mismas leyes que mueven las nubes, también la cloaca tarde o temprano se vuelve a cerrar. La duración de la lluvia, sólo depende del tiempo que haga que no nos abocamos a nuestro submundo. 
Embobado con estos pensamientos no me doy cuenta que vuelve a llover. Con calma saco la funda a mi paraguas plegable, abriéndolo con un gesto un poco forzado. Es barato. Por eso se le debe ayudar a abrirse. Pero te cubre de la lluvia tanto como los más caros... bien, puede ocurrir que ante un fuerte golpe de viento en vez de un paraguas me encuentre sujetando una antena parabólica enfocada a un satélite imposible... pero puestos a perder el paraguas -lo que me acostumbro a pasar siempre que salgo y deja de llover-prefiero no sufrir. 

No voy a ninguna parte. Es un paseo y como todos los paseos no tienen ningún destino más allá del andar en sí mismo. No me apresuro para llegar a ninguna parte, a pesar de la humedad que poco a poco va cubriendo el borde de los pantalones que besan mis piernas con un roce frío y húmedo cada vez que doy un paso... incluso en verano y bajo un aguacero torrencial, la sensación es la misma. 

La gente aprecia poco el gris... Cézanne prefería pintar días grises, ya que pensaba que era en aquellas condiciones donde los volúmenes se ven tal como son, sin las caprichosas deformaciones que los claroscuros les imponen. No es frecuente encontrar pintura y tampoco fotografía que exprese la grisura... como mucho, los impresionistas y los más recientes hiperrealistas se han esforzado en plasmar la líquidos de los días de lluvia... ciertamente Antonio López ha pintado con gran maestría un día gris, pero un día gris y misérrimo de franquismo... tampoco se me debe hacer mucho caso. Saber decir cuatro nombres ilustres no me convierte en ilustrado. Pero una cosa sí que considero cierta... nuestra visión de lo que nos rodea es tan hecha de claroscuros, es en el fondo tan heredera de Velázquez o Zurbarán que nos olvidamos que cada uno de nosotros en nuestro propio espejo nos vemos grises. Ya sea porque no somos conscientes de la luz que proyectamos, ya sea porque una bombilla no proyecta sombra en sí misma, aunque su luz sea amortiguada -y amortiguada es la luz del común de los mortales- no nos damos cuenta de lo que los demás ven. Otra cosa es creernos lo que nos dicen, que somos esto o aquello, que somos unos caballeros o unos ladrones, o ambas cosas. Tras todo ladrón consciente de serlo, tras todo ladrón honesto se esconde un caballero y viceversa. Aquellas luces que ven en nosotros sólo las pueden ver los que, inconscientes de sí mismos, no llegan a ver su propia mediocridad. Han creído lo que les han dicho. Han confundido su imagen con su ser. En ellos, la fosa séptica hace años que no se abre... no quiero estar cerca de ella cuando se abra. No es que no me quiera ensuciar. Ya se sabe que la metáfora no ensucia, no... Lo que pasa es que no me gusta ser testigo impotente del hundimiento de gente a la que, por razones incomprensibles pero cósmicas, amo más. Si acaso debo arremangarme, prefiero hacerlo para ayudarles a levantarse. Caer es muy didáctico. 

Reivindico pues el gris de las personas, esa grisura que rebaja las virtudes y alivia los defectos. La modestia no es sólo tratar con humildad lo que hacemos bien, sino también ser indulgentes con los propios defectos con una alta dosis de humor, cuanto más negro mejor. Aquella gente con menos humor negro que conozco, son también aquellos personajes más contrastados... no esconden el autoelogio, practican todo el día su bombo y platillo... mientras no pueden ocultar los más observadores que con la punta del pie ocultan lo que no se puede decir bajo la alfombra. 

Debe hacer unos minutos que ha dejado de llover. Por lo tanto, mantengo en alto el paraguas de manera insignificante. ¿Ridícula? no... En un día gris aunque no llueva, llevar el paraguas abierto es permitido siempre y cuando el suelo esté mojado. Me paro y bajando un poco el paraguas me doy cuenta que no cae ninguna gota. Si acaso las de los árboles movidos por el viento. Pliego el paraguas y regreso a enfundar el muelle como es. Mis pasos me hacen pasar por delante de un banco y otro y otro... no, creo que no me sentaré, no me importa mojarme las perneras, pero un culo mojado es bastante molesto y patrocina malestares. Y si no me gusta patrocinar la imbecilidad ajena, aunque menos me gusta hacerlo con la mía. Que no es poca. Por algo en el último párrafo he usado en exceso la palabra paraguas. Y encima, me ha gustado hacerlo. 
La lluvia ha traído viento... un viento frío y húmedo, de regusto salado con intenciones tristes. Recuerdo flores y guitarras, unas flores que no eran para mí y una guitarra que no era mía. Hace dos días pude asistir en butaca de primera fila en la única cosa que de verdad importa. El amor. A un buen amigo por su cumpleaños le regalaron un ramo de flores y una guitarra... el ramo de flores se lo regaló la mujer que ama, la guitarra se la regalaron sus padres que, aunque separados, han mantenido siempre buena relación. Aún lo veo ahora... saliendo del bar donde habíamos quedado con el ramo y la guitarra, como la confirmación moderna del Romeo, pero más acostumbrado a todo aquello que de caótico tiene nuestro mundo. Pude coger la guitarra durante el tiempo que hablaba con aquella por quien suspira cada día, aquella que desde Zaragoza le envió las flores. Pude comprobar la calidad de los materiales, la calidad del sonido, el tacto suave y el calor de la madera, la tensión de unas cuerdas destinadas a la belleza... lo que no pude comprobar es mi arte musical. Más que nada porque yo, de tocar la guitarra, no sé... pero me sentí guitarra y guitarrista a la vez. 

Me sentí guitarra. Sentí una identificación extraña con ese objeto, del que yo era incapaz de extraer nada bonito. Y me sentí guitarrista, ya que la composición que yo quiero tocar, el arte que yo quiero componer es hecho de las notas de voz, de lluvia, de viento, de sol, de piedra, de árboles, de sonrisas y de miradas, de besos y caricias, de gestos que se deshacen y de besos que reconocen este desazón. La pieza que yo quisiera componer es la felicidad, felicidad que tan sólo entiendo al lado de otra persona, de la mujer que permita que la quiera mientras ella sabe amarme. Pero para ello supongo -de hecho lo he supuesto o sabido siempre- que se debe tener una complicidad muy especial con el instrumento de belleza que puede ser la vida. Por lo que sea, aunque he sido siempre capaz de producir belleza material -imágenes, palabras y sonidos los entiendo aquí como belleza material- parece que se me ha resistido casi siempre la belleza inmaterial, la belleza que nace de provocar en ojos ajenos la emoción de un reencuentro, la lagrima de felicidad por una palabra bonita. He podido escribir piezas así claro pero... siempre me han dejado un sabor agridulce de sinfonía inacabada, cierto fondo desafinado, algo que me ha dicho que no era aquello, no era aquello, no era aquello... 

No, nunca. Todavía no. Quizás todavía no. Quizás tengo horror vacio y haga por el papel en blanco, tener la vida para escribir o bien no soy capaz de dar nada por terminado, definitivo, lo suficientemente bueno... suficientemente bueno para mí. ¿Cuántas veces amigos míos me han dicho que lo que yo hacía les gustaba? y cuántas veces más, asintiendo ante él con educación, ¿he pensado que para mí no era suficiente...? 
La bota cae inadvertidamente en un charco imprevisto y una catarata se precipita sobre la otra pernera... la bota, que es dura y bien impermeabilizada, pero a la pernera ya no le bastará dejándola secar. Se pasará un buen rato dando vueltas en espuma y suavizante. Me paro. Me miro la bota y la pernera. Qué vamos a hacer, no me enfadaré conmigo mismo por una tontería como esta y mi imbecilidad no llega a mascullar maldecir la bota, la pernera ni el charco de agua que estaba, al fin y al cabo, donde debía estar. Habrá quien se quejará de que es indecente que en una ciudad como Valencia haya baches como aquel donde el agua pueda emular extensiones oceánicas pero... yo ya hace tiempo que dejé de ser urbanita. Me gustan los charcos, me gusta el paso del torrente inundado, el alcantarillado inundado, las caprichosas irregularidades del pavimento y la combinación que tan sólo un peón demente ha podido concebir. No soy de aquellos que se saben de memoria su futuro rutilante, que han trazado las líneas maestras de su vida y le han formulado a años vista matemáticamente... hace tiempo era así. Ahora ya no. Me gustan más los caminos reales, el lodazal de la lluvia y el olor a tierra mojada justo después de la lluvia, donde sólo la quietud del silencioso sonido del baile de las hojas de los árboles es interrumpida por algún pájaro que vuelve a sacar la cabeza. Si tengo que pisar algo desagradable prefiero que sea de vaca. La mierda de perro solo la encuentras en la ciudad, al menos tan inmunda, tan perenne... 

-Perdona, ¿sabes dónde está la Avenida del Mediterráneo? 

Una chica que evidentemente no es de Valencia, o por lo menos del Marítimo, me saca de dentro de mí. Ella no lo sabe, pero estamos casi delante de la Avenida del Mediterráneo. Se lo indico. Ambos vamos en la misma dirección y ella no lleva paraguas. Se sorprende cuando le ofrezco mi cobijo por escasos treinta metros pero acepta. En treinta metros no se soluciona el mundo ni hace falta, pero tenemos una conversación sobre el tiempo que, a pesar de no ser muy original, no es la típica conversación de ascensor. Llegados a la Avenida del Mediterráneo ella se despide con un gracias y un adiós a los que yo correspondo. Ahora está y ahora ya no. Dos desconocidos que han compartido treinta metros de su vida con cordialidad, sin desconfiar de todo lo que suele desconfiar cualquier urbanita moderno, fashion y cool. Me sorprendo a mí mismo. Siempre hay color tras el gris. Hace tiempo no era así. Ahora sí. Me gusta más. Desaparezco tras el último gris, a casa...

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Un cubata para las moscas



Leo lo siguiente en la revista “Muy Interesante”: 

"Un estudio que publica hoy la revista 'Science' demuestra que cuanto menos éxito sexual tienen las moscas más atracción sienten por el alcohol. "Sabíamos que el ambiente y los factores sociales afectan el consumo de drogas en humanos, lo que queríamos saber es si podíamos reproducir este fenómeno en la 'Drosophila melanogaster' (la mosca de laboratorio)", explica Ulrike Hberlein, uno de los investigadores de la Universidad de California que ha participado en el experimento. En el estudio, los científicos dividieron las moscas en dos grupos. Los machos de uno de los grupos estuvieron durante cuatro días rodeados de hembras dispuestas a mantener relaciones sexuales. Los machos del segundo grupo convivieron los mismos días con hembras que no querían saber nada de ellos. Después, los científicos les dieron a elegir entre dos alimentos, un remojado con etanol (alcohol) y el otro no. El grupo de machos que no había ligado se lanzó al alimento impregnado con el alcohol ".

 Si ha leído artículos míos antiguos, verá que me encantan estos estudios que publica la revista Muy Interesante. Es muy curiosa la relación que establecen entre humanos y animales. En el estudio de hoy asegura que las moscas que no ligan, practican algo parecido al levantamiento de cubata. Desconozco si también pasan por las fases "exaltación de la amistad" o "cantos regionales". 

Sin embargo, ahora finalmente entiendo el porqué de las moscas cojoneras del verano. El problema es que "no han pillado cacho" y están deprimidas. Y, claro, como "La casita blanca" cerró, se encuentran huérfanas de placeres mosquitiles. Resultado: emborrachadas, hip, del todo. 

Alguien dirá que, cuando las ves todas juntas al lado de una mierda de perro, debe de ser un "botellón".

Supongo que también existe esa mosca pesada que a las cuatro de la madrugada coge a la única alma del bar dispuesta a escuchar sus tristezas y que acaba diciendo: te quierooooo mucho, tío. Te quierooooo muuuuy. Sin embargo, lo peor de todo podría ser la presencia de una mosca dispuesta a cantar la puñetera canción de Amaral: sin ti no soy nada. Podría provocar la autocombustión de nuestra civilización.

martes, 27 de noviembre de 2012

Nostalgia



Borra todo lo que ha escrito hasta que el cursor parpadea en la pantalla. Lo que le viene a la cabeza no le motiva para comenzar el relato erótico encargado. Tampoco le aflora la parte lujuriosa. Se tumbará un rato, y al menos aprovechará la sequía creativa para descansar. No es fácil sin embargo, ahora que duerme sola. Se desnuda a oscuras y desnuda, se cuela bajo las sábanas heladas. El escalofrío que siente le recorre el espinazo y le endurece los pezones. Desearía que fueran unos dedos o una lengua con pericia los que provocaran este endurecimiento y se dejaría hacer todo en este momento. 
Separa las piernas y, cuando se quiere dar cuenta, su sexo ya es visitado por su mano derecha, que lo encuentra húmedo y ardiente, receptivo incluso. No reflexiona si es bueno lo que hace esta mano. Por eso, no lamenta que sea ella quien se autocomplazca, sólo imagina que una cabeza se ha instalado en su entrepierna y la lame suavemente. La roza con la palma de la mano de la misma forma que lo hace ahora ella, introduce un par de dedos con una lentitud extrema que la enciende aún más. Y, de un momento a otro, estos dedos pueden transformarse en un pene erecto que la penetrará por sorpresa y con decisión, mientras la boca, que la lamía hace unos instantes, la besa con fruición y deseo. 
Se pellizca los pezones y los endurece más aún con los dedos ensalivados, que se deslizan en los dos frentes que tiene abiertos, que reciben visitas intermitentes, de amante caprichoso que es difícil de contentar. Acelera el ritmo del rozamiento y el número de dedos que introduce en su interior, como si el embate y el tamaño del pene aumentaran, y la sacudida le excita al completo. El chillido medio ahogado es la culminación del orgasmo que ha conseguido en un tiempo brevísimo. Tras unos instantes de reposo y de nostalgia, saca los dedos de su sexo, completamente empapados. Deberá lavarse. Se incorpora y, al dirigirse al baño, la luz de la pantalla en blanco del ordenador ilumina el despachito donde suele escribir. El cursor parpadea todavía. Mañana intentará escribir el relato erótico de nuevo.

Deseos



Era un hombre dominado por las pasiones. Sobre todo por aquellas que tenían como base el DESEO, en mayúsculas, como él mismo reconocía, sin tapujos, a cualquiera que se interesara. . 

Deseaba su mujer con un sentimiento que rebasaba el amor y el erotismo más extremo, y ansiaba, salivando, la carne de cerdo de tal manera que costillas, lomo, jamones, morcillas y embutidos de todo tipo eran un delirio gastronómico que le esclavizaban la mente a todas horas. 

Su mundo giraba en torno a la lujuria irrefrenable que le provocaba su mujer y de la glotonería irracional derivada de su comida preferida. 

Nunca había tenido ningún problema con las dos pasiones que lo dominaban. Con la mujer, estaban enamorados y se deseaban. Con el cerdo, era lo suficientemente acomodado como para permitirse tantos jamones de pata negra como quisiera. Era feliz y estaba satisfecho de la vida. 

Un mal día leyó en el diario un artículo donde se afirmaba rotundamente no sólo que las personas y los cerdos compartíamos más material genético del que parecería a primera vista, sino que, incluso, el sabor de la carne humana era muy parecido al de su animal querido. O al revés. ¡Tanto monta! 

Ahora ya no es feliz. Mejor dicho, es un desgraciado que ha perdido la gracia de vivir. Ahora cuando yace con la mujer no deja de pensar en el gusto delicioso de aquellas muslos tersos, ni con la dulzura de sus mejillas carnosas. Y llevado por estos pensamientos, impotente, tiene que parar a medio hacer parque se la comería literalmente a besos. Y mientras ella lo vuelve a consolar, termina siempre llorando como una criatura porque sabe que ya sólo es capaz de tener una erección como antes ante un buen costillar de cerdo asado con reducción de salsa de Oporto. Y esto, claro es duro de admitir ante la mujer y, incluso, ante cualquier cocinero…

lunes, 26 de noviembre de 2012

Me regalaste una sonrisa



Y después de haber descargado las ácidas lágrimas guardadas durante días de sufrimiento, allí, a tu lado, sentado en una silla, con la mirada perdida en el negro futuro de mi problema, el corazón latiendo asustado y la mente desconcertada intentando leer en tu rostro tus pensamientos, me regalaste una sonrisa llena de ternura y luz y una mirada esperanzadora que me invitaba a ir contigo, a tu mundo de tranquilidad y seguridad a donde no hay cabida para estar preocupado y si, estar ocupado. Merece la pena.....
Y en ese instante supe que todavía te quedaba cariño para mi, aunque tenías cogido miedo de decírmelo abiertamente. No lo merecía.
También supe que había desvalorizado tu capacidad de ir lejos en profundidad... perdona.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Inocencia



Obviando la infantil conversación entre personas mayores que sufro en mi trasero, el paisaje que tengo delante es sereno. Quizá sea porque suspendido en el aire hay algo especial, una energía propia de este día gris que deja ver a lo lejos un horizonte naranja. Huelga decir que se me hace imposible describir la policromía de esta mañana de otoño en medio del invierno, en el Paseo Marítimo del Cabanyal. 

Mi hija, con quien he quedado, por lo que ahora estoy aquí, se ha olvidado de mí. No estaba. No ha pasado nada, desde que tiene independencia, y de esto hace ya más de 15 años, no ha llegado nunca puntual a las citas conmigo, acabo de enviarle un WhatsApp y me ha contestado que estaba en la ducha, cosa que no me ha llamado la atención.

Ahora estoy sentado en una terraza frente al mar con el permiso de la fina lluvia que esta cayendo, las palmeras y los corredores de fondo. Los paseos marítimos siempre los he preferido en otoño y primavera. Ya sea porque en verano están demasiado llenos de gente sudada, hace demasiado calor y son lo más parecido a una granja de gallinas ponedoras, o porque en invierno hace demasiado frío. A los paseos marítimos les guardo buenos recuerdos de primavera y otoño aunque este año se los guardaré del verano, pero con bastante nostalgia.  Aquel beso en medio de la ventisca, miradas cómplices tan profundas como el horizonte que el mar nos regala, caricias furtivas, afecto sincero. Parece que no se pueda tener prisa en un escenario como éste. Incluso las niñas mayores, cerca de mí, han dejado de lado las gilipolleces. Quizás alguna de ellas ha mirado a su alrededor contagiándose con un poco de la paz que nos rodea, de la quietud que todo lo cubre. Los paseantes, entre mirones, distraídos y enamorados parecen querer fundirse con los bancos, las palmeras, la fresca brisa, el gris de la atmósfera, la arena distante y el horizonte lejano. Cezanne, a quien tanto gustaba la luz de los días grises, se hubiera encontrado bien. Todo el que me rodea parece pintado a acuarela, expresando cierta transparencia pero con la consistencia de las pinceladas en aceite. Quizá yo también. 

El lugar es una pasada, un antiguo chalet de finales del XIX o principios del XX reconvertido en una cafetería de estilo francés, “La más bonita” se llama, y puedo asegurar que lo es. Los croissants allí expuestos, están diciendo cómeme. Lástima que yo guardo régimen casi siempre, además de hacer un desayuno solo a base de líquidos, café con leche y zumo de naranja, adobado de un cigarrillo liado a mano.

Una niña que parece salida de los estantes de una tienda de juguetes me mira con ojos curiosos y de un verde enorme. No debe terminar de saber qué hago liando un cigarrillo. Le sonrío y le saco la lengua y ella sale corriendo con una sonrisa hacia su madre que unos metros más allá, la llama. Ella, la madre, me sonríe con complicidad. Si... los niños tienen eso. Yo le correspondo la sonrisa agradeciendo darle ese momento de feliz inocencia. 

No creo en la inocencia más allá del día que me dijeron quienes eran los Reyes Magos en realidad. Es cuando por primera vez cae la venda de los ojos, descubriendo que hay mentiras de las grandes hechas para perpetuar mediante los niños, una fantasía nutrida de nostalgias. Mentira fundamental que hace que nunca más podamos soñar, realmente, con la cabeza en las nubes sin tener los pies en el suelo. Porque la inocencia no se pierde en medio de besos adolescentes, en el temblor de la primera caricia de un pecho juvenil ni en el brillo de ojos de una primera vez. Si acaso perdemos la vergüenza asumiendo nuestro universo hormonal. Los sentimientos ya son otra cosa... nos pasaremos el resto de nuestra vida descubriendo los mismos y entendiéndolos. 

Recibo el aire que me lleva un intenso olor a Nenuco, de limpio. Al girar la vista veo un grupo de discapacitados mentales que han salido a pasear en compañía de sus monitores. Recuerdo la mirada de la niña y veo que un lugar tan alienado del ruido de cada día, es propiedad de alienados pequeños y grandes. Niños, deficientes clínicos y enamorados, que para el caso es lo mismo. Porque así como niños y borrachos dicen siempre la verdad, los discapacitados mentales y los enamorados ven la vida con una inteligencia nítida, cristalina y sonriente. Ellos han logrado un espacio propio de paz no por precario es menos valioso. 

Decido levantarme. El café con leche ya lo he terminado y tengo que renunciar a la placidez de ese momento. Caminando sin prisa, sin ir a ninguna parte, miro a mí alrededor. El cielo ha tomado ya unos colores que me hacen sentir una cósmica impotencia descriptiva, el día ha avanzado un poco más y la gente de la calle parece la misma, como si el ayuntamiento hubiera alquilado unos figurantes para llenar este espacio donde es posible el patetismo bucólico y la felicidad inteligente. Por cierto, aquella felicidad que no es inteligente sólo es patetismo bucólico. Rico por lo bajo. No sé si diciendo esto soy bucólico o inteligente. Patético o feliz seguro que no. 

Llega mi hija, empieza otro capítulo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Este niño... que soy yo.


"El niño llorón" by Bruno Amadio

Acabo de escuchar a Serrat en una lista de canciones en directo, grabadas en mi portátil. Hacía tiempo que no lo escuchaba. Nada más empezar a escucharlo me he dado cuenta de que yo lo necesitaba como el agua la necesita un perdido en el desierto. He escuchado todas las canciones completamente emocionado. Las fuentes de mi interior se han abierto y a chorros generosos han llenado mi espíritu, tan sediento de palabras bonitas, de aquellas palabras que lo son porque sí, sin rendir cuentas. He llorado, he llorado porque si, porque hacía demasiado que no lo hacía, porque hay que llorar para recordar que estamos vivos, para que el corazón no se nos haga de plomo, para poder deshacernos de la coraza que, sin darnos cuenta, nos ponemos cada día al abrir los ojos. 

"De Vez en Cuando la vida, toma conmigo café y está tan bonita que da gusto verla... se suelta el pelo y me invita a salir a escena". No todos los días son así. No todos los días nos levantamos frescos como una rosa, deseando comenzar nuestro trabajo, nuestro desayuno, nuestro amor y no siempre nos apetece mirar al sol co la cara sonriente con esta mueca a la que nos obliga si no queremos quemarnos los ojos. Todos y cada uno de los días que vivimos podrían ser memorables si no fuera por algún hijo de puta que, escondido entre los pliegues de la cotidianidad, está justo para jodernos de verdad. Pero si, a veces, la vida nos viene a ver con un vestido de fiesta y salimos con ella a tomar un café... charlamos, hablamos del pasado, el presente y el futuro, todo aparece con los colores más bonitos, todo encaja y amamos la vida. Incluso le haríamos el amor si fuera físicamente posible. Bien mirado, hacer el amor con esa persona que amas es como hacer el amor con la vida. Pero la vida no siempre se muestra tan condescendiente con nosotros, no siempre concede a capricho lo que queremos, necesitamos y queremos. A veces, la vida nos cobra un precio muy alto por lo que amamos, tan alto que incluso puede hacer imposible que disfrutemos de ella... es en estos momentos cuando nos quedamos aprisionados, en un estuco colosal del que sólo nos podría sacar un terremoto. "De Vez en Cuando la vida nos deja Tirados, chupando un palo sobre una calabaza".

"Seria fantàstic que anés equivocat i que el water no fos ocupat..." Hay tantas y tantas cosas que serían fantásticas... Sería fantástico ser coherente cada día y poder poner en la puta calle al imbécil de costumbre que nos estropea el desayuno. Sería fantástico poder sonreír al cajero del Banco que nos dice que no queda saldo, saludar al barrendero que barre la calle y poder mirar con cierta picardía a aquella chica que lleva la falda corta, porque si, porque la lleva corta y es un placer para los sentidos contemplarla con medida. Sería fantástico poder llamar a las cosas por su nombre, nos recuerda la canción, poder confesar lo que pensamos y sentimos sin temor a ser castigados, sin miedo a que declarar el amor a aquella persona de siempre no significará un auténtico desastre y drama de desconfianza, retraído y alejado. Sería fantástico que la amistad fuera el primer escalón de la escalera del amor, y no una inhóspita vía muerta en la que tan a menudo se queda aquello de "quedamos como amigos"... Sería fantástico ser sin ser, mostrarse sin hacer comedia y aparecer sin dar la nota.

Me gustaría tanto que todo, cada día, fuera así. Me gustaría poder ser así porque, no nos engañemos, ser así completamente, es imposible. Es más, está duramente sancionado, al igual que le cerramos la boca al niño cuando se atreve a decir que tal señora es gorda sin entender que en este mundo no se puede estar gordo, no se puede ser feo, no se puede ser tímido... lágrimas le costará descubrir que casi no se puede ser buena persona y que aquellos que se atreven a serlo pagan un precio muy alto para saber que caminan bien derechos, bien convencidos de su propia sana insensatez. Lágrimas le costará descubrir que poco a poco el amor se convierte en una marca de atún a publicitar, en una negación de todas aquellas cosas que convierten a las personas en maravillosas... descubrirá que amar plenamente es casi imposible y que se parece más a hacer campaña política que a entregarse libremente al libre arbitrio del amor. 

Descubrirá algún día que hay otro juego de reglas, un juego en el que se 'debe saber que también se puede cobrar en negro, como negro también es el amor a veces... que cuando una mujer dice que quiere un hombre generoso, inteligente y sensible, demasiadas veces sólo reconoce lo que es incapaz de mantener, lo que ha puesto para siempre al limbo de los dioses, en un Olimpo de mármol al que no se atreve acercarse , de modo que buscará lo que le hará daño, pero le hará vivir la vida de forma emocionante. Es muy difícil emocionarse con el bienestar, tan aburrido, tan pesado, tan pensado y tan sentido. No, mejor alguien que haga sufrir; sufrir, la única manera que la mayoría de gente conoce para sentir que están vivos. Imbéciles, en definitiva. Imbéciles inocentes. 

Descubrirá algún día que se puede pagar en negro, como negro es también el amor a veces... que cuando un hombre dice demasiado pronto que ama, cuando un hombre es en exceso encantador, puede que sea cierto, como lo cierto puede ser que lo único que quiera sea su cuerpo de hembra. Descubrirá que hay hombres que, una vez usado, no saben qué hacer con un cuerpo de hembra... un cuerpo que contiene una persona que, agradecida por el amor y desde el amor, abraza tiernamente a aquel que cree que la ama. Descubrirá que esta mujer, aquella noche, dormirá sola y traicionada, traicionada demasiadas veces por sí misma, porque ella cree, con buena fe, que todo el mundo puede ser bueno, aunque la vida no se canse de hacerle ver que no es verdad. Este niño descubrirá que el sufrimiento de esta mujer le hiere y le hace sufrir. Y todo por culpa de un imbécil. Imbéciles, en definitiva. Imbéciles inocentes. 

Y este niño se preguntará porqué... por qué todo es así y sólo con mucha suerte podemos encontrar personas que son islas de paz en este océano de caos. 

Este niño siempre he sido yo. Soy yo. Siempre seré yo.

(Los fragmentos citados en este texto han sido extraídos de canciones de Joan Manuel Serrat)

martes, 20 de noviembre de 2012

Estancados



En mis tiempos de estudiante observaba ciertas figuras geométricas. Eran figuras incompletas, figuras a las que se les había sustraído, cortado, una parte de lo que habrían sido. Las llamaban truncadas. Eran conos y pirámides en su mayoría de distinto tipo. Estancados de diversa forma y en diferentes alturas. Me llamaba la atención que no tuvieran un nombre propio como en cambio sí tenían los conos, los cubos, los tetraedros y otras figuras llamadas regulares. Estos otros, los truncados, eran irregulares. Se les llamaba no por lo que eran, sino por lo que habrían sido si no hubieran sufrido ese corte. Aquel corte les impedía ser aquellas figuras que nosotros veíamos apuntar a las alturas. Eran pirámides y conos truncados. Incompletos.

Parece que tengamos cierto pudor en dar un nombre propio a lo que nos aparece incompleto, cortado. A lo que, de haber sido las cosas diferentes, habría tenido un sentido por sí mismo. No entendemos en toda su profundidad y creo que no lo haremos nunca, lo que significa que algo no llegue a su fin previsto. Nos molesta no poder ver el final de una película. No soportamos que nuestra pareja nos abandone. No entendemos cómo es posible que aquellos que nos aman no hagan siempre lo que nos gustaría. 

No es más fuerte el que no se cae nunca, sino el que siempre se levanta. No es más fuerte quien dice serlo, sino el que de forma muda y constante no desfallece en su camino. No es más fuerte el que usa lo que sabe, sino el que sabe lo que no sabe evitando los pozos de soberbia. (Y prometo aprender de esto)

No entendemos y quizás sea mejor así. No podemos entender algo tan sencillo... "¿Por qué?" Estamos ante uno de esos porqués del final del camino, una de esas preguntas que sabemos sin respuesta. No hay razón aparente por la irracionalidad. Aún así algunos encuentran razón para perpetrar lo irracional. El sueño de la razón engendra monstruos nos dijo una vez Goya. Quizás pensaba en algo parecido a esto. El sueño de las razones de algunos engendra los monstruos que devoran, en un escenario de barbarie, las pocas razones que tienen muchos para vivir. 

Sería muy fácil, o parece serlo para muchos, emitir juicios ponderados sobre lo que ha sucedido. De hecho todos, en nuestras conversaciones con amigos hemos comentado, hemos intentado comprender, a través de puntos de vista diferentes.Tratamos de captar lo que se nos escapa. Nos escapa desde siempre, desde que hace un montón de milenios un hombre lanzó una piedra contra otro. ¿Por qué? Encerrados en nosotros mismos no lo sabemos. Abiertos al mundo tampoco parecemos saber más. Nos sentimos tanto insignificantes como en realidad somos: un montón de átomos dotados de lo que llamamos conciencia. Una conciencia no siempre a punto, no siempre clara, no siempre justa. Pero una conciencia capaz de despertar algo maravilloso, el amor. El amor entendido de distintas maneras, desde el afecto a un amigo hasta la estimación profunda para una madre. Desde la solidaridad por el que sufre, hasta el enamoramiento más atroz en relación a aquella persona que no nos acompaña en el sentimiento. Nos sentimos vivos en el amor, para bien o para mal. Vivimos por amor y por amor morimos, como si nuestra vida viviera encerrada en un tirabuzón constante que nos empuja a buscar en unos casos y a encontrar en otros, algo tan simple e inexplicable como el amor.

 Por desgracia, los extremos se tocan. Por desgracia, el amor nos aparece también en escenarios de barbarie. Por desgracia, somos conscientes de nuestra capacidad de amar sin poner condiciones cuando las condiciones lo convierten todo en algo insoportable. Aún así creo que la humanidad consiste precisamente en eso, en este duelo entre Eros y Tanatos al que nos entregamos desde ya no recordamos cuándo. Este duelo que detiene lo que debería haber continuado creciendo, que corta la línea prevista, que impide ser. ¿Por cuánto tiempo? No lo sabemos. Siquiera sabemos amar e incluso eso se nos olvida. 

No hay lugar para el bien y el mal, quizás haya por la razón o su falta. La razón de lo completo, de lo asumible, lo que es bello y vivible. Del que todos tenemos alrededor. La falta de razón en no comprender un mal gesto, una mala palabra, uno para sí o un porqué no. Todos tenemos razones para la falta de razón. Pero nunca perdemos la razón en las emociones. Tan sólo somos emoción e incluso eso se nos olvida. 
Hoy hay un montón de figuras truncadas en esta macabra caja de juegos que es el mundo. No hay más que ayer pero las que hoy hay nos aparecen muy cercanas. El corazón no sufre por lo que no ve, dicen... Tan sólo vemos a seres humanos e incluso eso se nos olvida. 

Sin embargo, tras las nubes siempre está el azul, quizá el último azul. Pero azul. Azul oscuro en aquellas horas en las que no sabemos si es de día o es de noche, azules de matices infinitos. Azules que las nubes muchas veces no nos dejan ver. Amaneceres y crepúsculos maravillosos olvidados tras las nubes de siempre, colores que llevamos dentro y a los que parece que a veces renunciamos. 

Tras las nubes siempre hay color. Tras las nubes siempre hay donde mirar. Tras las nubes podemos seguir alzando la vista para desear, recordar, querer, ser, amar. Que las nubes no nos hagan olvidar. 

ÚLTIMA DECISIÓN



Más de cinco mil años que los estamos observando y no ha cambiado nada. Hemos intentado que mediante la religión los humanos encontraran el camino, pero ha sido infructuoso. Su avaricia y afán de poder les ha hecho reconvertir la fe en odio y el amor al prójimo en envidia. Les hemos dado profetas, semidioses, reencarnación de hijos de Dios, Dioses y no han encontrado el camino.
Hace un tiempo que estamos probando otro método que quizás les hará darse cuenta de que lo que están haciendo no ha sido correcto. Les hemos dado "La Tecnología" para ver si sus mentes dejan de pelearse por temas espirituales y se dan cuenta que el ser humano tiene suficiente inteligencia para dejar de ser aquel animal racional que llaman los textos antiguos y olvidar dejarse a la mano de Dios su futuro. Si supieran que nosotros los creamos quizá perderían ese orgullo de ser el centro del Universo y el ombligo de todo, pero sería un golpe tan fuerte, que seguro que si nos presentáramos ante la Humanidad intentarían aniquilarnos.
Fuimos muy osados, ya habíamos hecho modificaciones en otros planetas y los resultados fueron positivos. No es tan fácil dar vida inteligente en un planeta, debe haber una serie de condiciones mínimas, el resto ya lo hacemos nosotros.
La Tierra fue especial, ya tenía las condiciones indispensables para haber una evolución. Lo habíamos intentado en Marte, pero no fue bien.
Pues ante las expectativas nos fue fácil. Los seres humanos evolucionaron tal como habíamos previsto y a medida que evolucionaban introducíamos nuevos genes a algunos machos para que la evolución fuera más rápida, y así fue. Lo que no pensábamos es que al evolucionar tan deprisa, su parte animal evolucionaba también con ellos. En algunos ejemplares más que en otros su parte irracional podía controlar su raciocinio, entonces la sangre corría por donde pasaban.
Con las nuevas tecnologías pareció que, si tecnológicamente eran más efectivos, sus guerras se controlaban, pero tan sólo fue un espejismo.
Cuando un pueblo era lo suficientemente fuerte para ganar a los de su alrededor, entraban en un tiempo de mejora, la tecnología les llevaba a un equilibrio, ciencias, arte, mejoras en todos los aspectos, pero pasaban los años y la relajación en temas militares hacía que los pueblos menos evolucionados y más irracionales destruyeran aquel imperio que ya no quería luchar, sino disfrutar de los beneficios de la racionalidad.
Han pasado los milenios y siempre ha sido así. Pareció que si todo el mundo era lo suficientemente inteligente, todo este afán de poder iría a parar a una globalización y si todo el mundo podía tener más o menos de todo, el equilibrio llegaría por fin a este Planeta. Pero a los dirigentes no les ha interesado que el analfabetismo acabara. Entonces pusieron otra vez por delante a Dios, profetas, mensajes que escribieron hace mil años, han vuelto a dirigir la ira del pueblo, pero no para conseguir que este equilibrio llegue, no, sería un gran paso, lo han hecho para que los señores del poder y la guerra sigan disfrutando de su paraíso, mientras el resto se afana por vivir una vida digna.
Como sabéis nosotros somos unos seres que nacimos casi cuando todo empezó, la felicidad de uno de nosotros es la felicidad de los demás y las tristezas de uno de nosotros la compartimos con los demás. Por eso no podemos entender como en un planeta tan pequeño como éste, los seres humanos no se han puesto de acuerdo para vivir en paz. Sería tan sencillo, pero vemos que no ha sido posible, ni lo será nunca.
Ahora tenemos un dilema, si dejamos que sigan existiendo, llevan el camino de destruir el planeta y a las millones de especies que si que viven su existencia en paz . Y por el otro lado si todo hubiera ido tal como tenía que ir, su potencial habría sido increíble.
Por eso después de muchas deliberaciones, estoy en tu presencia Altos Dignatarios del Consejo de la Confederación, para que toméis una gran decisión ...La eliminación del Ser Humano ...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Abrumación


Otra vez aquí, después de tan poco tiempo que dije que me iba a un paro voluntario, Y puede ser que ese paro siga pero en otro tipo de relatos porque hoy me siento en la necesidad de escribir estas líneas después de ver las imágenes que está dando la televisión sobre la huelga general. No me gusta esto que veo, no es lo que yo quería para este país, no me gusta ver qué tipo de personas, algunas, están representando a la gente de este país, a esa gente, en su mayoría, de buena voluntad. Tú, no me representas.
Si las calles están hechas de asfalto, ¿de dónde sacan los piquetes adoquines para lanzarlos contra coches y escaparates? Eso se llama premeditación, amigos míos
Tú no nos representas. Tú, que desmenuzas cristales, mobiliario urbano, que quemas contenedores y cafeterías. Tú, que señalas con pintura roja una tienda de ropa infantil para que otros como tú rompan el escaparate. Tú, que le haces un  corte de mangas a una madre que implora dentro. Tú, que eres antisistema por sistema y que no contribuyes a construir un sistema mejor porque tampoco puedes hacer de ti algo mejor que ayer o antes de ayer. Tú no nos representas. 
Tú no nos representas. Tú, que dibujas titulares imposibles, que manipulas la verdad con la excusa de una libertad de expresión mal entendida, que insultas a diestro y siniestro, que desprecias incluso la excelencia, que haces de la demagogia tu hábitat natural. Tú, que entiendes el periodismo como una especie de poder al servicio de la mentira y el miedo. Tú no nos representas. 
Tú no nos representas. Tú, que metes la mano en dinero público, que haces que la amistad sea algo perversa e interesada. Tú, que te crees indestructible, el más grande de los ladrones, el más intocable de los estafadores. Tú, que eres un antisistema de guante blanco, que no rompe escaparates pero que te aprovechas de la ingenuidad de una sociedad que te permite todo. Tú no nos representas. 
Tú no nos representas. Tú, que has jugado con los ahorros de otras personas, que has arriesgado todo y más porque creías que tarde o temprano los poderes te salvarían el culo, que has financiado sueños imposibles sin ningún respeto por el futuro, que te has lucrado con la esperanza, que has traficado con las drogas más adictivas de todas: la soberbia y la vanidad. Tú, camello del sistema financiero. Tú no nos representas.
Tú no nos representas. Tú, que ves cada día tu putrefacta sonrisa reflejada en el espejo. Tú, que vendes humo a cuatro años vista, que fabricas discursos Profidén, que recoges dóciles ovejas para que aplaudan tu ego con la luz de los flashes por testigo. Tú, que nunca has querido servir, que te has alejado de la realidad real en un punto de no retorno, que inflama odios y miedos, que bajas la cabeza cuando te conviene y vendes tu alma al diablo por que te ofrece un precio más alto. Tú no nos representas. 
Quizás nadie nos representa. O quizás son millones. Quizás son invisibles o quizás los vemos a diario. Quizás están lejos o quizás a un metro. Quizás no tienen voz o, si la tienen, quizás están callados. Quizás eres tú. Quizás somos nosotros. Lo que queda claro, es que ellos no nos representan.

sábado, 10 de noviembre de 2012

¡Vive!



Si la vida es un bucle que no tiene nunca fin. Si todo aquello en lo que has fallado siempre, sigue fallando igual. Si no eres capaz de levantarte y esforzarte duro por lo que quieres, por lo que anhelas. Si buscas un cambio en el que no crees. Si lloras en silencio, o en soledad, porque no te ves con corazón de hacerlo de otra manera. Porque no te puedes abrir a un mundo en el que continuamente haces ver que te presentas tal y como eres. Si tu boca siempre responde palabras que tú ni siquiera estabas pensando. Si sientes que quieres estar en compañía, pero a la vez que la soledad es tu única compañera. Si crees que mereces otra vida, pero en el fondo lo que crees es que no mereces tu vida. Si te sientes bien, pero fatal, feliz, pero hundido, cuando te alagan. Si sientes todo esto, ¡levántate! ¡Lucha! ¡Llama! ¡Llora muy fuerte! ¡No dejes que nada apague tu voz! ¡Haz el ridículo! ¡Cántale al cielo! ¡Juega encima de la tierra! ¡Déjate llevar por el fuego! ¡Sé ligero como el viento! ¡Rápido como el rayo! ¡Duro como el titanio! ¡Flexible como el bambú! ¡Sé todo y no sé nada! Siente el sonido de la vida como llama a tu puerta y no pienses, no sientas... ¡Vive!

jueves, 8 de noviembre de 2012

La incoherencia



La incoherencia es una de las vivencias humanas más enigmáticas. Normalmente las circunstancias nos llevan a sentir y a percibir emociones indeseadas y es por eso que salen los remordimientos. Un simple hecho, una simple situación, una mirada, una palabra, una atracción... son situaciones diarias que nos llevan a vivir y a estabilizar un contexto social que evoca una percepción más allá de la rutina. Cuando las cosas no nos salen tal y como deseamos, o tal y como nuestra imaginación y nuestra mente lo hubiera deseado y planificado, es cuando nos sale la palabra incoherencia, una vivencia que te hace estar en desequilibrio y te crea una desorientación momentánea o permanente en cuanto tu entorno natural, familiar y social. Plantearnos si hemos hecho bien o no, es la típica reacción, y luego es cuando uno mismo se hunde en un mar de desilusión y empieza a meditar otra perspectiva de la vida, una manera diferente de enfocar y huir de la realidad indeseada. De hecho, como humanos, tenemos una capacidad innata de buscar la perfección. Y de hecho, ¿de dónde viene esta necesidad de búsqueda de la perfección? Una posible respuesta podría ser el ideal que nos marca la sociedad. Seguramente esta es una de las explicaciones de por qué el ser humano imagina y envidia una vida idealizada sin problemas y sin contrariedades. Es curioso, porque a veces, yo mismo, me doy cuenta de esta capacidad, virtud o lo que sea, llegando al punto de imaginar no sólo situaciones, sino incluso casualidades incontrolables en la vida real y diálogos. Dependiendo del impacto que ha creado este suceso podemos llegar a extremos tan críticos como plantearnos el porqué de la vida y nuestra existencia. ¿Y que se demuestra con esto? Una inmadurez, una inmadurez que puede ser no viene de uno mismo, sino encaminada por un trauma dado, por ejemplo, durante la infancia o mucho menos atrás. No estamos acostumbrados a vivir una vida con intensidad, sino que nos dejamos absorber por la familia, los amigos, el ambiente donde estamos metidos o incluso una persona anexa que no tiene nada que ver con nuestra vida cotidiana pero que por atracción física o sentimental que sentimos por ella, no somos capaces de comportarnos tal como lo hacemos normalmente. Cuando hacemos una de las gordas, cuando hacemos algo grave que causa un impacto fuerte en nuestra vida y nos arrastra hasta puntos extremos como la necesidad de comenzar de nuevo nuestra vida o simplemente de finalizarla, es cuando no queremos afrontar la realidad y creemos que la realidad nos supera. Después de hacer algo que te lleva a tales consecuencias, necesitamos explicarlo, quizá por quedarnos tranquilos, y para que nuestra mente impetuosa nos deje tranquilos.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Malas cosecuencias



Se había ganado a pulso la fama de mujeriego. Atractivo, seductor y lujurioso eran algunas de las cualidades que provocaban que ninguna mujer se resistiera a su encanto. Se había liado con la mitad de las mujeres del pueblo: morenas, pelirrojas, escuálidas, carnosas, jóvenes, divorciadas, viudas, incluso alguna jubilada, no le hacía ascos a ninguna. Ahora bien, su predilección eran las casadas. 

Para bien o para mal, en un pueblo pequeño todo se acaba sabiendo. Se veía venir que tarde o temprano sus actos lujuriosos tendrían consecuencias. Cualquier día un marido celoso descubriría el adulterio y querría ajustar cuentas con él. 

Ese día llegó. Volvía a casa después de una agotadora noche de pasión con la hija del alcalde. Tan pronto abrió la puerta, sin tiempo a encender la luz, notó como un objeto afilado le acariciaba la carótida. Quizás fue debido a la angustia, pero no reconoció al agresor hasta que él se identificó. Se trataba del marido de la peluquera, la cual había mantenido una relación con él durante unos meses. Entonces lo vio todo perdido. Se encomendó a Dios a pesar de no ser un gran devoto, incluso prometió que si salvaba la piel no volvería a liarse nunca más con mujeres casadas. 

Desgraciadamente para él, los llantos y las súplicas no eran suficientes para obtener el indulto de aquel hombre con el orgullo herido. Notó como la opresión de la navaja aumentaba mientras el amenazante se acercaba a su oreja y le susurraba:

 "Me has arruinado la vida y eso se tiene que solucionar. A lo largo de todo este tiempo que te has estado follando a mi mujer he hecho lo que he querido sin tener miedo a las consecuencias. Salía de copas con los amigos hasta las tantas de la madrugada, iba de putas cada jueves, arriesgaba dinero en apuestas e incluso, con la excusa de la empresa, había hecho un par de viajes con la nueva secretaria. Nada la inmutaba, pero desde que la  has dejado todo esto se ha acabado. Si no vuelves con ella ¡te juro que te mataré! "

lunes, 5 de noviembre de 2012

Flores en el cementerio



Pasado ya unos días del  de Todos Los Santos, del día que más flores veo de un lado a otro pero con un solo destino… ¿Qué se esconde detrás de las flores del cementerio tras la belleza de las rosas, los claveles olorosos o fúnebres crisantemos, que, con silencio respetuoso, custodian las frías losas de las tumbas?
Quizás se esconde dolor, ausencia, recuerdo, nostalgia... O, quizás, hipocresía, olvido y soledad.
Quizás esconden:
Un beso que no se supo dar.
Una caricia que no se pudo ofrecer.
Una palabra que no se pronunció.
Unos sentimientos inexistentes.
Unas emociones enterradas.
El miedo de una muerte la cual no se puede eludir.
Y pasarán los días.
Y las flores se marchitarán.
Lo único que quedará, intacto, es nuestro pensamiento.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Creo en ti



Hoy no puedo imaginarte
pero creo en ti.
Hoy no me acompañas
pero te siento conmigo. 

No eres una Diosa de túnicas blancas, 
la dulce estampa 
que difumina 
los temores del niño. 
Será que eres energía, 
como el viento de tarde o como el amor; 
pero me falta una mirada, 
un tacto tierno más terrenal. 

Hoy ahora yo te ruego 
que me seas guía 
y no me dejes nunca, 
pues en la noche silenciosa
casi siento tu aliento, 
Y mis sentidos te abrazan 
y contigo duermen 
hasta el siguiente día.