Ir lejos de aquí, donde nadie me pudiera buscar, allí donde a nadie se le pasara por la cabeza, que yo, pudiera estar. Quiero huir, arrancar a correr sin saber mi destino, mi meta, sólo marchar de este mundo que me he ido creando poco a poco. Pero sobre todo huir de mis pensamientos, tanto positivos como negativos, que nacen a raíz de los sentimientos, supuestamente de amor, que siento por ella. Estos sentimientos son como puñales duros y resistentes hechos a base de flores, de aquellos que te matan y te revuelven todo tu ser pero a la vez son el principal motivo por el que tu existencia todavía está en este mundo. Supongo que esto que siento, si no tuviera partículas cancerígenas, sería una de las cosas más bonitas, más intensas y más auténticas que nunca he sentido en mis años de vida. Cogería las cosas y la maleta que tengo guardada en la parte superior del armario y desaparecería de la vida de los que me rodean y de este yo que soy ahora.
sábado, 25 de mayo de 2013
jueves, 23 de mayo de 2013
Teresa Forcades y Vila
La teníamos entre nosotros el jueves 16 de mayo de 2013, y nos explicaba de forma sencilla y entendedora, que si “todos quisiéramos, esto cambiaría rápidamente”.
Aquí, en el “todos” reside justamente el problema, de formas de pensar y sentir, hay tantas como de personas, y cada uno defiende que “su punto de vista”, es el CORRECTO.
De forma casi gráfica explicaba que hay personas que tienen una venda en los ojos que no les deja ver “la realidad”; no será, pensaba yo, ¿que todo nos parece que es del color del cristal que llevamos en las gafas?
Está claro que España ha alcanzado en tiempo record mundial un nivel altísimo de corrupción, y ello tanto en periodos “progresistas”-PSOE -, como en épocas de “restricción de libertades públicas”-PP-, conceptos y siglas, unas y otras, que ya no consiguen engañar a nadie, porque la gente sencilla ha asumido de golpe, que gane, quien gane, siempre les toca perder a las mismos.
Es cierto que ambos PP & PSOE cambiaban la Constitución para poner delante de los derechos de los ciudadanos, el pago de las deudas del Estado, pero entonces pocas personas manifestaron su rechazo.
Es cierto que ambos PP & PSOE han llevado hasta el suicidio a un buen número de personas, tanto cierto desgraciadamente, como que ya son cientos, miles, las que pasan necesidad, y ven como se reducen prestaciones sociales, y hay que pagar (copago llaman al RE-pago, la ciudadanía vía impuestos, tasas, seguridad social,... ya lo ha pagado con creces; ¿dónde está ese dinero?) para todo, y en todas partes.
Tiene toda la razón Teresa, si “todos quisiéramos, esto cambiaría rápidamente”.
Y lo hemos de hacer pero, no para conseguir lo que deseen TODOS, sino porque al menos, ¿lo quiera UNA MAYORÍA?
Teresa Forcades y Vila es médico, teóloga y monja de la Orden de San Benito, conocida por sus posiciones feministas y sus manifestaciones críticas con las actuaciones de las multinacionales farmacéuticas y, en concreto, con la gestión de la Pandemia de gripe A (H1H1) por parte de las instituciones sanitarias (Organización Mundial de la Salud) y las empresas farmacéuticas productoras de las vacunas. Denuncia los crímenes y delitos cometidos por la Industria Farmaceútica.
miércoles, 22 de mayo de 2013
ESCUCHA SEFARAD
Los hombres no pueden ser, sino son libres.
A lo largo del tiempo, los que han ostentado el poder, se han confabulado para tener si no al hombre, su mente prisionera.
Un ser humano no se puede desarrollar, no puede crecer como tal, sin libertad para decidir y pensar por sí mismo.
Tenemos que aprender a asumir riesgos, a perder el miedo de lo que conlleva la libertad.
Desde el principio, siempre ha habido alguien que le ha interesado dominar al prójimo, para evitar ser despojado de sus bienes, sean éstos una pieza de caza o una cuenta corriente.
El miedo de no tener suficiente, el deseo insano de tener siempre más, forma una trampa, en el que el hombre cae demasiado a menudo.
Vivimos en un Sueño irreal creado por la materia.
No saldremos a menos que hagamos caer, los pilares que lo sostienen: El Miedo y La Ignorancia.
La política y el poder malentendidos, y una religión manipuladora, son las principales herramientas que dejan al ser humano, sin su innata capacidad de pensar por sí mismo.
Lo que escapa a sus influencias y sigue su camino, encuentra la incomprensión, indiferencia, odio, desprecio y la violencia de sus contemporáneos.
lunes, 20 de mayo de 2013
Ensayo doméstico.
La escritura es el resultado de grabar unos signos en la parte visible de un soporte, con tal habilidad que también sean visibles en la cara invisible. En virtud de un tonto gesto, se hace posible que lo invisible sea reversible. Son las letras fijadas en cada cara de una hoja de papel (paradoja de Möbius, revisada y ampliada)
El soporte puede ser de materiales, técnicas y texturas de diversa índole. Tenemos el papel clásico, el medieval y el de estraza, el buen papel, el papelón y el cucurucho. Más antiguo son las tabletas de arcilla, cera o de madera, el papiro, el pergamino y la pizarra son otros soportes notables. Los más modernos son la pantalla del ordenador y las puertas del water
En el soporte porta-water, el asunto toma una función doble: la cámara es el espejo y efluvio de nuestra raquítica trascendencia, y la lamentable epigrafía de las puertas hace suyo el papel de recordatorio justiciero, expurgando nuestra vanidad y cobardía. Es un martirio psíquico que va improvisando: "Pulvus eris et pulvus reverteris" y el eco responde: "Memento moris, memento moris..." (Teoría del eco loco)
Leer implica adquirir conocimientos que un escritor ha revelado; escribir, al contrario, es crear y extender en pleno aire la sabiduría -o idiotez- traducidas en letras, palabras y frases, para saciar el ansia cultural ajena. Saber adornar y ofrecer el sentir y la imagen que pretende su autor, es todo un arte que muy pocos, y escasamente, balbucean.
Cuando la obra literaria llega a manos del lector y le conmueve el ánimo, se produce el cenit; es cuando la obra queda terminada.
El fastidio es que, con la transmisión del saber, perdemos una parte del serrín, básico nutriente y componente mental que hace que los humanos seamos como somos: en la grandeza y la estupidez; inteligencia y cretinismo ... Y tanto, tanto humanos somos, que tenemos suficiente hígado para contemplar impasibles, sin un triste gesto, el sufrimiento, tortura y muerte de nuestros congéneres.
¡Ah! pero, lo miramos, si, con los ojos misericordiosos, ¿eh? Si.
¿Sapiens...?
VAMPIROS MEDIÁTICOS
El telediario le comía el entendimiento. Lo comprendió cuando ya casi tenía el cerebro desértico de neuronas. Justo en ese momento lo vio claro, cuando ya no podía ni levantarse del sofá, que las piernas no le respondían ni recibían órdenes de arriba; apenas pudo coger el mando a distancia y apagar la televisión. Eran ellos, los vampiros mediáticos, que le habían chupado el coco; políticos corruptos (o no) que le absorbían la energía desde la impunidad de las noticias de la noche o el mediodía.
¡Sólo concursos!, le recetó el médico. Y le fue bastante bien, pues incluso se enteró de cuál era la capital de Mongolia.
¡Sólo concursos!, le recetó el médico. Y le fue bastante bien, pues incluso se enteró de cuál era la capital de Mongolia.
sábado, 18 de mayo de 2013
Bajo el cielo que yo recuerdo
Dos y dos son cuatro. Una mente brillante no lo admitiría pero yo soy normal. Un hombre y sus convicciones, qué sutileza. Descubrí que te quería y sigo perplejo. No me ubico ni me importa y no me apetece que me entiendan. El mundo se ha fundido. Hazme hablar como los poetas.
Bajo el cielo que yo recuerdo todo es conmovedor.
Alteraciones sutiles de la naturaleza, latidos discordantes bajo la ropa, al empedrado de los caminos y más allá de los campos labrados.
El lugar es tranquilo y un poco estrafalario, perdido en la periferia de la nada. Nos sentamos en las escaleras de una iglesia olvidada. Has venido. Estoy contento pero lo disimulo, no me gusta ser estridente. He cosechado un ramo de flores y te lo pongo en la falda. Son silvestres. Me dices que te gustan. Se te escapa un suspiro y te sube la sangre a las mejillas.
Cada pequeño gesto lo eclipsa todo, arranca sonrisas tontas y nos muestra lo que somos en realidad: dos almas que esperan, dispuestas, a la pérdida de los estribos, el desplome de las paredes, ese instante dramático, dulce o convencional en que las lenguas se abrazan al amparo de unos ojos cerrados, cada día más ciegos.
En ti está el ritmo de la danza, la caricia y el deseo, en ti una mata de hinojo, ternura, salobre, infinita. Dispendio de emociones. Los cerebros se colapsan y nace un lenguaje sin habla, cada palabra es una verdad como un templo, cruda, íntima y latente. Nadie duda de unos cabellos tan delicados ni de esas manos que los envuelven. La realidad del momento lo convierte en irreal y, por tanto, perfecto. Me quedaría aquí para siempre.
Hay miradas que no entiendo y me limito a corresponder. No necesito saber qué piensas. Cada vez que contemplas el paisaje me invade una sospecha: tus ojos tomaron el color de todo lo que observabas con deleite.
Bajo el cielo que yo recuerdo todo es conmovedor.
Hemos sido justos y turbios. Hemos sido incandescentes. Hemos sido aviadores sin oxígeno devueltos a la tierra. Hemos sido intensos, directos, egoístas, suaves y convincentes. Hemos sido viento después de la lluvia y estrellas que se apagan. Hemos sido nosotros mismos. Hemos estado a la altura.
La acción febril no redime el tiempo ni lo hace desaparecer. Somos furtivos y prevenidos. Las puestas de sol pesarán sobre nosotros como testigos mudos o invitados de piedra a en cada despedida reticente. Concédeme una prórroga fugaz, diez segundos más de tus labios y digámonos adiós. Yo te esperaré otro día, aquí como de costumbre, con el corazón en las manos y un beso de bienvenida.
viernes, 17 de mayo de 2013
Aceptar o intentar a aceptar
Hacía tiempo que lo sabía pero me negaba a aceptarlo. Ahora que creo que lo he hecho o por lo menos lo estoy intentando aceptar. Para mí el concepto "ACEPTAR" es muy difícil. Porque nadie sabe si lo ha aceptado o aún le queda por aceptar.
En mi caso, creo que ya lo estoy aceptando. Acepto que no me amas y que nunca lo harás. Acepto que esta historia termina sin empezar. Acepto que tienes alguien que amas. Acepto que te quiero pero que ha llegado el final. Acepto tu "no" que un día me dijiste y no acepté. Acepto que esto termina aquí.
Bueno, creo que por fin después de meses me he dado cuenta de que esto era un amor imposible. Aunque siempre lo he sabido nunca he querido creer, nunca he querido aceptarlo. Pero hoy SI. Hoy he aprendido que las ilusiones no sirven para nada más que para desilusionarse después. He aprendido que las esperanzas sólo nos hacen dar pasos en falso. He aprendido que el amor es cosa de dos y si uno no avanza, el otro tampoco.
Me doy por satisfecho. De esto he aprendido muchas cosas que me ayudarán a salir adelante y continuar mi camino que por desgracia o por suerte, quién sabe, lo tengo que hacer sin ti. Pero sobre todo he aprendido a ACEPTAR, aceptar la realidad y las cosas tal como son. A veces no nos gusta lo que el destino tiene preparados para nosotros, pero todo es cuestión de aceptarlo y lo veremos todo de otra manera más positiva.
Acéptalo y CÓMETE EL MUNDO.
Recuerda... yo conocí tus peores demonios y sin embargo me quedé pero he aprendido que no debo depender de nadie en este mundo porque hasta mi sombra me abandona cuando estoy en la oscuridad.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Suelta Suspiros
Había una vez en un país muy, muy lejano... Una chica llamada Suelta Suspiros que era monstruosa por dentro y por fuera, la madre de Suelta Suspiros se había muerto del disgusto cuando ésta nació y el padre se volvió a casar con una mujer equilibrada, sensible y educada llamada Filomena. Filomena tenía dos hijas: Cándida y Bonachona que eran adorables, bonitas y que querían con devoción a su desgraciada hermanastra.
Suelta Suspiros estaba acomplejada, porque ella era fea, borracha, desgarbada y caótica; nunca podría estar a la altura de su familia, porque su padre, Don Gregorio, también era un señor bien parecido, agraciado y noble. Filomena, haciendo gala de su tremenda bondad, decidió ayudar a su hijastra. Por ello se puso en contacto con un Hada del crecimiento personal, llamada Rebeca. El Hada dirigía un programa llamado "¿quien se quiere casar CON UN PRÍNCIPE?"; Su reto era convertir, en el plazo de tres meses, un patito feo –más bien un buitre- en una magnifica princesa que sería capaz de enamorar y casarse con cualquier millonario.
Rebeca vio a Suelta Suspiros como una candidata perfecta; tenía claro el objetivo de transformarse rápidamente en una persona hermosa por dentro y por fuera y también estaba obsesionada por parecerse a los modelos de perfección que tenía tan a la orilla... En primer lugar la espantosa dentadura negra y torcida fue sustituida por una bonita hilera de perlas artificiales y blanquísimas, después, los escasos cabellos puntiagudos fueron cambiados para cabellos ondulados y sedosos complementados por oxigenadas extensiones. Posteriormente, la candidata sufrió intensas sesiones de gimnasio, liposucción, implantes y láser para moldear su catastrófica figura. Después vinieron las lentillas de color esmeralda, las sutiles pero gruesas capas de maquillaje que daban un saludable color dorado en su piel terrosa y finalmente la guinda: una educación refinada y dulce en tiempo récord...
El príncipe en cuestión era Igor, un multimillonario ruso misógino, calvo y de metro sesenta. Su única cualidad positiva era una capacidad mágica para la acumulación de dinero y bienes materiales, él como persona humana daba miedo y asco. Pero las concursantes sólo iban detrás de los dinero del príncipe y de la buena vida, el resto les importaba un bledo de conejo.
Suelta Suspiros va ganar el concurso, porque superó sobradamente a las otras candidatas en belleza y en encanto personal y el príncipe se cayó rendido a sus pies. Todo el mundo estaba contento: los productores del programa, la familia de la protagonista etc... Pero el hada Rebeca estaba preocupada, sabía que la transformación de Suelta Suspiros era superficial y que el más mínimo descuido provocaría el derrumbe del majestuoso decorado. Por eso advirtió a la futura princesa:
"En la gala final, y a las doce en punto de la noche, cuando seas coronada y justo después del primer baile con el príncipe, se abrirá la barra libre; ni te acerques, porque tú sólo tienes una apariencia bonita, en el fondo eres el mismo monstruo de siempre. Yo no hago magia ni milagros, reina..."
La noche de la gala, las 12 en punto de la noche, después del baile, Suelta Suspiros se tiró como una poseída hacia la barra libre. Bebía y bebía gintonics con tanta pasión que mordió una copa y una pieza dental se desprendió de su dentadura inmaculada. Inmediatamente, salió del plató de televisión y se refugió en las afueras de la ciudad con un grupo de marginales drogadictos, se rapó la cabeza y toda su nueva imagen se desintegró con celeridad.
El príncipe, contrató un grupo de matones para que encontraran a la dueña de la perla dental. Estos la secuestraron en un "after" a las 6 de la madrugada y una vez hubieron comprobado por la fuerza bruta que la chica era la dueña de la pieza dental, la llevaron delante del príncipe. Cuando este la miró detenidamente quedó horrorizado. Suelta Suspiros, más colocada y desequilibrada que nunca, le clavó la punta de su zapato de tacón en el ojo, con tanta fuerza que llegó a su cerebro y lo mató. Un gato y un perro y este cuento ya se ha fundido.
lunes, 13 de mayo de 2013
Invitación de vacaciones =Solo adultos=
Me quedé atónito. Eva, una maravilla de mujer, un día me dijo que ella iba de vacaciones a un camping nudista. De hecho, si se piensa fríamente, es una cosa normal pero, claro, con una tía como aquella lo que piensas es ... "¿Y cómo será ella desnuda?" Y, más aún, cuando siempre la has visto vestida, claro.
- Ah, mira ... pues no conocía a nadie que fuera aficionado al nudismo - le respondí - ¿Y cómo es?
- Pues es lo más natural del mundo. Somos una serie de personas que prescindimos de cualquier prenda de vestir para estar más cerca de la naturaleza - me explicó ella - Y si tienes en mente escenas de orgías y cosas semejantes ya te puedes ir sacándolo la cabeza. No se trata de ninguna actividad sexual. Allí nadie se fija en nadie. Todos estamos acostumbrados a ver hombres sin ropa y no encontramos nada extraño.
- No, mujer - le dije tranquilizándola la - Ya sé que en estos lugares la gente no se dedica a copular con todo lo que se mueve.
- Pues es lo más natural del mundo. Somos una serie de personas que prescindimos de cualquier prenda de vestir para estar más cerca de la naturaleza - me explicó ella - Y si tienes en mente escenas de orgías y cosas semejantes ya te puedes ir sacándolo la cabeza. No se trata de ninguna actividad sexual. Allí nadie se fija en nadie. Todos estamos acostumbrados a ver hombres sin ropa y no encontramos nada extraño.
- No, mujer - le dije tranquilizándola la - Ya sé que en estos lugares la gente no se dedica a copular con todo lo que se mueve.
Yo lo había visto ya en determinadas playas, rincones o zonas reservadas a los nudistas. Evidentemente no había entrado nunca en ninguna. Recordé la Playa de Bolonia, en Cádiz, cerca de Tarifa. La zona reservada estaba formada por dunas, con una extraña vegetación a un lado y situada relativamente lejos de la playa propiamente dicha, por donde pasea gente vestida. La mayoría de gente instala unos biombos que los esconde a las miradas indiscretas.
En alguna ocasión había visto a alguna pareja, de más bien mediana edad, que se bañaban completamente desnudos aparentemente ajenos a la expectación que despertaban entre los "textiles" .
No conocía demasiado a Eva. Me la habían presentado unos amigos y únicamente nos habíamos visto tres o cuatro veces y siempre acompañados de otra gente, como en aquella ocasión. Sentía una gran curiosidad y, de hecho, era ella la que había iniciado la conversación así que le dije:
- ¿Te puedo preguntar algo que siempre he encontrado delicado sobre esto?
- Claro. ¿Qué es? -Me respondió.
- Es que nunca he entendido muy bien cómo es posible que una pareja que se ve desnuda todo el día después se puede "motivar" para mantener relaciones sexuales. Para mí, una gran parte de la excitación previa es el hecho de ver mi pareja desnuda. Y si la estoy viendo todo el día así ...
- Hay otras formas de "motivación" como dices: la intimidad, las caricias ...
- Sí - le respondí - Pero es que, para mí, esto también es una parte de tener una relación sexual. No lo sé. Para mí sería como si me faltara algo ...
- Bueno. La mayoría de los matrimonios se están viendo sin ropa casi cada día y, que yo sepa, ninguno de ellos deja de hacer el amor por este motivo.
Tenía lógica. Aunque yo ya hacía tiempo que me había divorciado, recordaba que, efectivamente, una pareja que convive bajo el mismo techo tiene múltiples ocasiones para contemplarse completamente desnuda. Pero todavía no lo tenía del todo claro y le dije:
- ¿Y tú, de verdad, no te has excitado nunca viendo un mozo atractivo "en pelotas"?
- Bueno, alguna vez, al principio - me respondió - De la misma manera que tú, probablemente, habrás deseado alguna mujer en la playa o en la piscina.
- En eso las mujeres tienen ventaja. Vosotras ... digamos ... que no presentáis "señales físicas" muy evidentes cuando estáis excitadas. Y yo me imagino que, tan sólo entrando en el camping o en la playa, me notaría claramente que no estoy "indiferente". Me entiendes verdad? Además, y hay algo más. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres en "top less" en la playa pero me parece que no sería lo mismo bajo un techo, en un restaurante o en el supermercado. Yo estoy hablando sólo de los pechos al aire. Sospecho que la desnudez completa aún debe ser peor.
- ¿Y porque no lo experimentas tu mismo? Es la mejor manera de que lo puedas entender.
- Por varias razones. La primera es que, como te decía, no sé si seré capaz de conservar una ecuanimidad viendo mujeres desnudas. La segunda, que me da vergüenza presentarme solo en un lugar así.
- De la primera razón te puedo decir que no lo sabrás hasta que no estés en el ambiente. La segunda es fácil. Ven conmigo - se ofreció - Yo tenía que ir con una amiga italiana pero ayer me llamó por teléfono para decirme que le han adelantado las vacaciones y no podrá acompañarme. Y, a pesar de que estoy acostumbrada, a mí tampoco me gusta la idea de ir sola.
Estuve a punto de atragantarme con la bebida que me estaba tomando en esos instantes. Repliqué débilmente:
- Es que no tengo tienda ni ningún tipo de material de acampada.
- Si, eso es un problema. Yo sólo tengo una "canadiense" pequeña y estaríamos bastante incómodos los dos. - Dijo ella como pensando en ella en voz alta - Pero hay una solución. En el camping este alquilan "bungalows" y supongo que todavía quedará alguna de libre.
No sabía qué hacer. Aunque persistían mis miedos no tenía ningún tipo de planificación para el verano y me estaba empezando a gustar la idea de pasarlo con Eva. La idea de dormir los dos desnudos, en un espacio reducido, me estaba causando sofocos. "Aunque fuéramos vestidos - pensé - una mujer como esta no se va de vacaciones con un hombre sin aceptar la idea de hacer el amor con él. Y, encima, iremos sin ropa ". A esas alturas yo ya tenía una erección más que considerable.
- ¿Te puedo preguntar algo que siempre he encontrado delicado sobre esto?
- Claro. ¿Qué es? -Me respondió.
- Es que nunca he entendido muy bien cómo es posible que una pareja que se ve desnuda todo el día después se puede "motivar" para mantener relaciones sexuales. Para mí, una gran parte de la excitación previa es el hecho de ver mi pareja desnuda. Y si la estoy viendo todo el día así ...
- Hay otras formas de "motivación" como dices: la intimidad, las caricias ...
- Sí - le respondí - Pero es que, para mí, esto también es una parte de tener una relación sexual. No lo sé. Para mí sería como si me faltara algo ...
- Bueno. La mayoría de los matrimonios se están viendo sin ropa casi cada día y, que yo sepa, ninguno de ellos deja de hacer el amor por este motivo.
Tenía lógica. Aunque yo ya hacía tiempo que me había divorciado, recordaba que, efectivamente, una pareja que convive bajo el mismo techo tiene múltiples ocasiones para contemplarse completamente desnuda. Pero todavía no lo tenía del todo claro y le dije:
- ¿Y tú, de verdad, no te has excitado nunca viendo un mozo atractivo "en pelotas"?
- Bueno, alguna vez, al principio - me respondió - De la misma manera que tú, probablemente, habrás deseado alguna mujer en la playa o en la piscina.
- En eso las mujeres tienen ventaja. Vosotras ... digamos ... que no presentáis "señales físicas" muy evidentes cuando estáis excitadas. Y yo me imagino que, tan sólo entrando en el camping o en la playa, me notaría claramente que no estoy "indiferente". Me entiendes verdad? Además, y hay algo más. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres en "top less" en la playa pero me parece que no sería lo mismo bajo un techo, en un restaurante o en el supermercado. Yo estoy hablando sólo de los pechos al aire. Sospecho que la desnudez completa aún debe ser peor.
- ¿Y porque no lo experimentas tu mismo? Es la mejor manera de que lo puedas entender.
- Por varias razones. La primera es que, como te decía, no sé si seré capaz de conservar una ecuanimidad viendo mujeres desnudas. La segunda, que me da vergüenza presentarme solo en un lugar así.
- De la primera razón te puedo decir que no lo sabrás hasta que no estés en el ambiente. La segunda es fácil. Ven conmigo - se ofreció - Yo tenía que ir con una amiga italiana pero ayer me llamó por teléfono para decirme que le han adelantado las vacaciones y no podrá acompañarme. Y, a pesar de que estoy acostumbrada, a mí tampoco me gusta la idea de ir sola.
Estuve a punto de atragantarme con la bebida que me estaba tomando en esos instantes. Repliqué débilmente:
- Es que no tengo tienda ni ningún tipo de material de acampada.
- Si, eso es un problema. Yo sólo tengo una "canadiense" pequeña y estaríamos bastante incómodos los dos. - Dijo ella como pensando en ella en voz alta - Pero hay una solución. En el camping este alquilan "bungalows" y supongo que todavía quedará alguna de libre.
No sabía qué hacer. Aunque persistían mis miedos no tenía ningún tipo de planificación para el verano y me estaba empezando a gustar la idea de pasarlo con Eva. La idea de dormir los dos desnudos, en un espacio reducido, me estaba causando sofocos. "Aunque fuéramos vestidos - pensé - una mujer como esta no se va de vacaciones con un hombre sin aceptar la idea de hacer el amor con él. Y, encima, iremos sin ropa ". A esas alturas yo ya tenía una erección más que considerable.
Me decidí:
- Me está empezando a gustar la idea. Ahora, no tiene ningún sentido que tú pagues por una parcela mientras que yo, seguramente, dispondré de espacio más que suficiente para los dos ...
- Tienes razón - me concedió ella - Pero si ya te has decidido lo más importante es que reserves cuanto antes. Dame tu teléfono y te llamaré para darte el número del camping.
Al día siguiente ya estaba hablando con uno del "camping". Quedaban dos "bungalows" y, según la persona con la que hablé, había tres tamaños y los que estaban reservados eran los más grandes, de dos o tres habitaciones; quedaban los pequeños. Me recomendó que visitara su página web donde encontré, incluso, planos del recinto y como llegar.
- Me está empezando a gustar la idea. Ahora, no tiene ningún sentido que tú pagues por una parcela mientras que yo, seguramente, dispondré de espacio más que suficiente para los dos ...
- Tienes razón - me concedió ella - Pero si ya te has decidido lo más importante es que reserves cuanto antes. Dame tu teléfono y te llamaré para darte el número del camping.
Al día siguiente ya estaba hablando con uno del "camping". Quedaban dos "bungalows" y, según la persona con la que hablé, había tres tamaños y los que estaban reservados eran los más grandes, de dos o tres habitaciones; quedaban los pequeños. Me recomendó que visitara su página web donde encontré, incluso, planos del recinto y como llegar.
No había indicación de cuál era la escala del dibujo pero no me parecieron tan pequeños como me había supuesto. Había una sala de estar, con dos sofás que se podían convertir en cama, una cocina y un pequeño aseo con plato de ducha. Esto me gustó. Uno de mis mayores recelos era el de tener que compartir lavabos y duchas con desconocidos. Había, también, un dormitorio con una cama de matrimonio y dos habitaciones más pequeñas. Hice la reserva e hice la transferencia desde mi ordenador por el importe que salía. Me jodió que no hubiera módulos de una sola habitación pero, como no podía hacer nada, acepté pensando que Eva no habría hecho la invitación sin ser consciente de que habría sexo entre ella y yo.
Durante las semanas que faltaban hasta el mes de agosto, salimos juntos un par o tres de veces solos. En una de estas salidas fuimos al teatro y, después, a tomarnos unas copas. En otra ocasión fuimos al cine y, después, a cenar. Había crecido notoriamente la intimidad entre nosotros. Yo sabía bastantes asuntos de su vida y había explicado, también bastantes, de la mía. Eva, cada vez, me gustaba más. No sólo era hermosa sino que tenía, además, un magnífico cuerpo además de ser simpática y tierna. Desde el comienzo que me cogía por el brazo con toda naturalidad provocando, en mí, sensaciones indescriptibles con el roce de sus pechos con mi brazo. Y aceptó, también naturalmente, que yo la cogiera por la cintura mientras paseábamos. No llegó a más que una despedida con un fugaz beso en los labios y con la negativa de ella, diciéndome que tenía que trabajar al día siguiente temprano, al ofrecimiento de subir a mi casa a tomar una copa.
Pasé todos esos días imaginando como sería el hecho de estar desnudo entre gente que también iba. El pensamiento de mujeres estiradas tomando el sol y mostrando, sin duda, su sexo, me excitaba. Y tenía serias dudas de poder conservar la frialdad en aquellas circunstancias.
Por fin, el gran día, llegó. Fui a buscar a Eva a su casa con mi coche. Cargué su maleta y una bolsa de viaje y nos dirigimos hacia allí. El "camping" era tal y como me habían contado por teléfono: una maravilla. No sólo por la situación sino por sus instalaciones, nuevas y bien tratadas.
Tan pronto tuvimos atravesada la barrera de acceso, yo ya tenía un cosquilleo en la barriga. En recepción, gracias a Dios, había una chica (no muy agraciada) totalmente vestida y un hombre mayor, éste sí, completamente desnudo. Le pregunté a Eva el porqué de aquella situación y me dijo que, normalmente, los que trabajaban siempre iban vestidos.
Tan pronto tuvimos atravesada la barrera de acceso, yo ya tenía un cosquilleo en la barriga. En recepción, gracias a Dios, había una chica (no muy agraciada) totalmente vestida y un hombre mayor, éste sí, completamente desnudo. Le pregunté a Eva el porqué de aquella situación y me dijo que, normalmente, los que trabajaban siempre iban vestidos.
Después de inscribirnos, el hombre, cogió una pequeña motocicleta y nos llevó a la zona de "bungalows", apartada de la playa pero cerca de la piscina descubierta (hay que decir que había una cubierta) y del restaurante. A medida que íbamos tirando, poco a poco, y detrás de él , me fui tranquilizando. En lugar de preciosas mujeres que había imaginado en mi calentísimo cerebro, había gente normal, como la que te puedes encontrar en cualquier lugar. Bastantes hombres y mujeres maduros, algunos casi ancianos. Muchos pechos colgando, pene flácidos, barrigas no precisamente planas (tanto en ellas como en ellos) y más de uno o dos pares de muslos o culos corrientes desnudos.
Al fin y al cabo, nada que me excitara especialmente ... hasta que, en un momento todo cambió: tuve la visión de una chica, como de entre dieciocho y veinte años, muy bien formada y con unos pequeños pechos cónicos, que entraba a cuatro patas dentro de una tienda mostrando su vulva y su ano desde atrás. Toda mi tranquilidad se fue al traste y noté como mi pene crecía cada vez más dentro de mi pantalón.
Me quedé sorprendido de la amplitud interior de la "vivienda" que, vista desde fuera, no lo parecía. Y había un espacio delante, con un parasol en el centro de una pequeña terraza elevada desde la que se veía un buen trozo de "camping", piscina incluida. El hombre nos explicó que ese espacio era para uso exclusivo nuestro. Nos dio las llaves y se fue. Había solo un armario, situado en el dormitorio grande. Deshicimos las maletas y, más mal que bien, conseguimos poner todo el equipaje allí dentro. Me quedé sorprendido de la cantidad de ropa que ella había llevado ya que iría, la mayor parte del día, desnuda. También vi como ponía su ropa interior en uno de los cajones.
Llegaba el momento de la verdad así que la dejé sola y me fui hacia la habitación pequeña a guardar mis maletas y bolsas. No habíamos hablado en ningún momento del tema sin embargo, el hecho de tener todo nuestro equipaje en un solo armario sugería, claramente, que deberíamos dormir juntos y la anticipación de ver su cuerpo desnudo me llevaba a una gran erección que, de hecho , no era nada apropiada en aquellos momentos. Me entretuve buscando algo en la nevera, para hacer tiempo. Llené unas cubiteras con agua, para hacer hielo. Y, al salir, la vi salir del dormitorio. Se me cortó el aliento.
Una cosa es percibir, más o menos, las formas de una mujer vestida y, otra bien distinta, verla completamente desnuda. Sus pechos eran altos y firmes, sin necesidad de sujetador. Tenía la cintura estrecha, una preciosa cintura y unos muslos muy bien formadas. Mi vista fue, inconscientemente, a su pubis. Tenía depilados las ingles y, el poco pelo corto, llegaba hasta el inicio del hundimiento de su sexo. Noté que mi erección crecía aún más. Por si era poco, ella dio una vuelta sobre sí misma, sonriente, para que pudiera observar todo bien. Una espalda perfecta, unas nalgas redondeadas. Y, entre sus piernas, pude distinguir un poco más de su vulva. Me miró con una sonrisa picante:
- Desnúdate y te espero en la piscina - y se fue -.
- Desnúdate y te espero en la piscina - y se fue -.
Sólo me quedaba una posibilidad si no quería aparecer por primera vez delante de ella con mi polla en posición totalmente horizontal. Entré al baño y me masturbé enérgicamente terminando casi enseguida con la excitación que llevaba. Después me desnudé, cogí una toalla que me colgué del brazo tapando mi miembro, ahora laxo, y salí al exterior. Por el camino me iba tranquilizando cada vez más. La gente no se fijaba especialmente en mí e, incluso, me atreví a colgarme la toalla del hombro. Pero cuando entré en el recinto de la piscina la volví a poner en la posición inicial. Ya no me importaba que aquella gente desconocida me viera en pelotas pero sí aparecer ante Eva; aquello era otra cosa. Estaba sentada sobre la toalla que había tirado en el suelo. Se estaba aplicando crema protectora por todo el cuerpo y, afortunadamente, tenía las piernas juntas. Cuando alzó la vista y vio el detalle de mi "pantalla protectora" volvió a sonreír, como la última vez:
- ¿Quieres decir que no quedará raro que te sientes en el suelo llevando una toalla colgada del brazo? ¡Venga! No seas tímido y compórtate con naturalidad. Tragué saliva y estiré la toalla en el suelo. Ella no apartó la vista. Para más inri sonrió más y me miró, estudiando, la entrepierna:
- Estás muy bien dotado ...
- ¿Pero, no me habías dicho que la desnudez es natural y que nadie se fija en nadie? - Le dije irónicamente -.
- Si, pero, de hecho, tu pene es una parte más de tu cuerpo. No es diferente hablar del tamaño de tus genitales que, por ejemplo, de la forma de tu nariz.
- Pues, si quieres que te diga, tienes un cuerpo precioso - dije reclamando justicia - Pocas veces he podido ver unos pechos tan bien formados. Me encantan tus muslos y, además, tu coñito es una maravilla. - Se puso un poco roja -.
- Tampoco hace falta que seas tan gráfico - y, después me dijo un poco arrepentida - Perdona. Creo que me he pasado. Entiendo que estés un poco cortado siendo, como es, la primera vez que te desnudas en público.
- ¿Cómo lo pasaste tú la primera vez? - Le pregunté ya más tranquilo y habiéndome pasado ya todo el enfado -
- Un poco como tú - sonrió - Yo también llevaba una toalla doblada bajo el brazo que me tapaba el pubis. Y me costó mucho rato decidirme a tumbarme. Liliana, la amiga italiana de quien te he hablado alguna vez, me obligó a quitármela. Después, con el tiempo, te acostumbras y ya no te provoca ninguna sensación.
Por entonces, yo estaba acostado a su lado pero evitaba mirarla fijamente, paseando la vista por los demás ocupantes de la piscina que, como en el momento de la llegada continuaban siendo gente normal. Pero, cada vez que mi vista se ponía en alguna mujer tumbada, apartaba rápidamente la mirada que se me iba directamente a la entrepierna, como si tuviera vida propia. Al final, ya, me dediqué a mirar los árboles y tranquilizarla bastante. Pensé que lo peor ya había pasado. Pero no, estaba equivocado.
- ¿Quieres decir que no quedará raro que te sientes en el suelo llevando una toalla colgada del brazo? ¡Venga! No seas tímido y compórtate con naturalidad. Tragué saliva y estiré la toalla en el suelo. Ella no apartó la vista. Para más inri sonrió más y me miró, estudiando, la entrepierna:
- Estás muy bien dotado ...
- ¿Pero, no me habías dicho que la desnudez es natural y que nadie se fija en nadie? - Le dije irónicamente -.
- Si, pero, de hecho, tu pene es una parte más de tu cuerpo. No es diferente hablar del tamaño de tus genitales que, por ejemplo, de la forma de tu nariz.
- Pues, si quieres que te diga, tienes un cuerpo precioso - dije reclamando justicia - Pocas veces he podido ver unos pechos tan bien formados. Me encantan tus muslos y, además, tu coñito es una maravilla. - Se puso un poco roja -.
- Tampoco hace falta que seas tan gráfico - y, después me dijo un poco arrepentida - Perdona. Creo que me he pasado. Entiendo que estés un poco cortado siendo, como es, la primera vez que te desnudas en público.
- ¿Cómo lo pasaste tú la primera vez? - Le pregunté ya más tranquilo y habiéndome pasado ya todo el enfado -
- Un poco como tú - sonrió - Yo también llevaba una toalla doblada bajo el brazo que me tapaba el pubis. Y me costó mucho rato decidirme a tumbarme. Liliana, la amiga italiana de quien te he hablado alguna vez, me obligó a quitármela. Después, con el tiempo, te acostumbras y ya no te provoca ninguna sensación.
Por entonces, yo estaba acostado a su lado pero evitaba mirarla fijamente, paseando la vista por los demás ocupantes de la piscina que, como en el momento de la llegada continuaban siendo gente normal. Pero, cada vez que mi vista se ponía en alguna mujer tumbada, apartaba rápidamente la mirada que se me iba directamente a la entrepierna, como si tuviera vida propia. Al final, ya, me dediqué a mirar los árboles y tranquilizarla bastante. Pensé que lo peor ya había pasado. Pero no, estaba equivocado.
Un rato después Eva se levantó sonriendo y moviendo las manos. Entonces llegaban una pareja joven. La chica era, sólo, un poco más baja que mi acompañante y estaba un poco rechoncha, para mi gusto, con unos grandes pechos - sólo caídos debido a su tamaño - y una abundante masa de pelo oscuro en su pubis. Era el cuerpo más bonito que había visto hasta entonces, aparte del de Eva, claro. Me levanté rápidamente y no sólo por cortesía. Estirado tenía una visión bochornosa de mi sexo y, cuando Eva nos presentó, la chica se acercó para darme un beso en las mejillas restregándome sus tetas al aire contra mi pecho. Vi crecer mi pene rápidamente pero, por suerte, no quedó completamente horizontal, sólo se alargó, y basta. Asombrado me decidí por la fuga:
- Yo me iba a bañar ...
- Ve tú, que yo ahora iré - me dijo Eva.
El agua fría apaciguó, rápidamente, mi acalorada y, después de un par de largos de piscina, decidí que ya debía estar suficientemente "presentable" y salí del agua. Volví al lugar donde, ahora, los tres estaban sentados y charlaban amigablemente, y yo, a la vez, también me senté evitando, cuidadosamente, mirar más abajo de los hombros de cada uno de ellos. Eva interrumpió la conversación para hacerme entrar:
- Ana y Luis son amigos míos. Hemos coincidido ya, con este, dos veranos en este "camping". No sabía que vendrían y nos estamos poniendo al día de las cosas que han sucedido durante este año.
- Es la primera vez que vienes a este "camping"? - Me preguntó él.
- Es la primera vez que voy a un "camping" - le respondí.
- Y la primera vez que practica el nudismo - añadió rápidamente Eva.
- ¿Y qué te parece la experiencia? - Me preguntó Ana.
Decidí ser sincero y le dije:
- Pues si quieres que te diga la verdad, me da un poco de cosa ir desnudo y ver los demás en la misma situación. Pero creo que me estoy acostumbrando.
En esto que el Luís miró el reloj y nos dijo:
- Es la hora de comer. ¿Le parece bien que vayamos juntos a comer al restaurante? - Ofreció.
- Por mí me está bien - respondí de inmediato.
Estaba deseando que todos tuviéramos los genitales bajo el mantel y dejar de preocuparme por donde situaba la mirada. Extrañado vi que no iban hacia el restaurante y que Eva iba hacia el bungalow. Así que, respondiendo a mi silenciosa pregunta, Eva me dijo que al restaurante aquel había que ir vestido.
- Yo me iba a bañar ...
- Ve tú, que yo ahora iré - me dijo Eva.
El agua fría apaciguó, rápidamente, mi acalorada y, después de un par de largos de piscina, decidí que ya debía estar suficientemente "presentable" y salí del agua. Volví al lugar donde, ahora, los tres estaban sentados y charlaban amigablemente, y yo, a la vez, también me senté evitando, cuidadosamente, mirar más abajo de los hombros de cada uno de ellos. Eva interrumpió la conversación para hacerme entrar:
- Ana y Luis son amigos míos. Hemos coincidido ya, con este, dos veranos en este "camping". No sabía que vendrían y nos estamos poniendo al día de las cosas que han sucedido durante este año.
- Es la primera vez que vienes a este "camping"? - Me preguntó él.
- Es la primera vez que voy a un "camping" - le respondí.
- Y la primera vez que practica el nudismo - añadió rápidamente Eva.
- ¿Y qué te parece la experiencia? - Me preguntó Ana.
Decidí ser sincero y le dije:
- Pues si quieres que te diga la verdad, me da un poco de cosa ir desnudo y ver los demás en la misma situación. Pero creo que me estoy acostumbrando.
En esto que el Luís miró el reloj y nos dijo:
- Es la hora de comer. ¿Le parece bien que vayamos juntos a comer al restaurante? - Ofreció.
- Por mí me está bien - respondí de inmediato.
Estaba deseando que todos tuviéramos los genitales bajo el mantel y dejar de preocuparme por donde situaba la mirada. Extrañado vi que no iban hacia el restaurante y que Eva iba hacia el bungalow. Así que, respondiendo a mi silenciosa pregunta, Eva me dijo que al restaurante aquel había que ir vestido.
El almuerzo fue muy agradable. Eran una pareja encantadora y, enseguida, me sentí muy cómodo con ellos. Él insistió en pagar la mitad de la cuenta y, por fin, salimos del restaurante. Hacía un bochorno impresionante y ya era casi media tarde.
Ana y Luis se despidieron:
- Vamos a hacer la siesta que esta noche queremos ir a una discoteca que hay por un pueblo de por aquí cerca. ¿Te apuntas? - "Unas horitas vestidos" - pensé descansado.
- Por mí de acuerdo, si a Eva le va bien, claro - respondí.
- Perfecto - añadió Eva.
- Bueno, entonces, hasta luego.
Otra vez nos quedamos solos. Y yo estaba deseando, cada vez más, fallármela y estar con ella a solas, allí, e nuestro alojamiento. Tomé la iniciativa.
- Yo también quisiera dormir un rato hasta que pase el calor más fuerte. ¿Vienes o quieres hacer algo más?
- Quería tomar el sol un rato. Pero si tú quieres dormir, hazlo, no lo dejes de hacer por mí - me respondió.
Me cagué en unos cuantos santos, por dentro, y decidí variar la estrategia:
- De hecho, supongo que en la piscina, bajo una sombra, también podré dormir. Te acompaño.
Nos desnudamos en los vestuarios de la piscina guardando la ropa en una taquilla. No dormí nada. Al final, me tumbé al sol con ella y charlando, pasamos la tarde bañándonos de vez en cuando. Más tarde ella me dijo que se iba a duchar y a vestirse para salir.
- Yo también quisiera dormir un rato hasta que pase el calor más fuerte. ¿Vienes o quieres hacer algo más?
- Quería tomar el sol un rato. Pero si tú quieres dormir, hazlo, no lo dejes de hacer por mí - me respondió.
Me cagué en unos cuantos santos, por dentro, y decidí variar la estrategia:
- De hecho, supongo que en la piscina, bajo una sombra, también podré dormir. Te acompaño.
Nos desnudamos en los vestuarios de la piscina guardando la ropa en una taquilla. No dormí nada. Al final, me tumbé al sol con ella y charlando, pasamos la tarde bañándonos de vez en cuando. Más tarde ella me dijo que se iba a duchar y a vestirse para salir.
Por fin nos vimos en "bungalow". Entró primero en la ducha dejando la puerta entreabierta. Sentía caer el agua y después de un rato de silencio, el ruido del secador de pelo.
De repente se paró y dijo:
- ¿Por qué no pasas tú a ducharte mientras yo me seco la cabeza ?
El espacio era reducido y, al pasar cerca de ella, no pude evitar (aunque tampoco lo intenté mucho) frotar mi cuerpo con el suyo, mi polla por su culito, que me provocó otra erección. Vi su sonrisa reflejada en el espejo pero no dijo nada. Casi a la vez que yo ponía en marcha el grifo ella apagaba el secador y salió de aseo. Cuando, una vez ya secado, entré en la habitación, me la encontré aplicándose un "after sun" por los brazos. Y, por primera vez, tuve una visión completa de su sexo entre las piernas dobladas. Y mi polla volvió a crecer sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.
Ella me miró y observando claramente mi erección me dijo:
- Acaba de ponerme la crema que yo te la pondré luego a ti. Tienes que protegerte las nalgas que es la primera vez que las expones al sol. He visto que las tienes muy blanquitas.
Me arrodillé detrás de ella, sobre la cama y, cogiendo el bote y poniéndome crema en las manos, empecé a frotar la espalda y el culito hasta donde me permitía su postura.
- Si te estiras boca abajo - le dije - podré ponerte por detrás.
Ella obedeció. Me puse sobre sus rodillas y, durante unos minutos, acaricié, con mis manos lubricadas, sus nalgas y la parte trasera de sus muslos. Al final de su culito, los movimientos de mis manos separaron las glotis permitiéndome contemplar el agujerito de su ano. Mi erección era ya completa. Pero no me importaba.
Cuando terminé le pedí:
- Si te giras continúo con el resto de tu cuerpo ...
Ella se giró. Tenía las mejillas ligeramente rojizas y los ojos cerrados. Sin vacilar, me dediqué a sus hombros y sus pechos - los pezones de los cuales se pusieron como piedras bajo mis manos -, su barriga, la cintura, los muslos ...
Entonces ya tenía la polla totalmente en horizontal , en la medida máxima. Separé, lentamente, sus piernas pero ella me lo impidió. Entonces las alcé y empecé a acariciar el sedoso interior de sus muslos. Ahora tenía una visión perfecta de su sexo, ligeramente entreabierto por la postura. Después de dedicarme ya hasta sus pies estaba a punto de continuar por su coño pero ella se incorporó.
- Estírate tú, ahora, boca abajo que te pondré la crema.
De repente se paró y dijo:
- ¿Por qué no pasas tú a ducharte mientras yo me seco la cabeza ?
El espacio era reducido y, al pasar cerca de ella, no pude evitar (aunque tampoco lo intenté mucho) frotar mi cuerpo con el suyo, mi polla por su culito, que me provocó otra erección. Vi su sonrisa reflejada en el espejo pero no dijo nada. Casi a la vez que yo ponía en marcha el grifo ella apagaba el secador y salió de aseo. Cuando, una vez ya secado, entré en la habitación, me la encontré aplicándose un "after sun" por los brazos. Y, por primera vez, tuve una visión completa de su sexo entre las piernas dobladas. Y mi polla volvió a crecer sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.
Ella me miró y observando claramente mi erección me dijo:
- Acaba de ponerme la crema que yo te la pondré luego a ti. Tienes que protegerte las nalgas que es la primera vez que las expones al sol. He visto que las tienes muy blanquitas.
Me arrodillé detrás de ella, sobre la cama y, cogiendo el bote y poniéndome crema en las manos, empecé a frotar la espalda y el culito hasta donde me permitía su postura.
- Si te estiras boca abajo - le dije - podré ponerte por detrás.
Ella obedeció. Me puse sobre sus rodillas y, durante unos minutos, acaricié, con mis manos lubricadas, sus nalgas y la parte trasera de sus muslos. Al final de su culito, los movimientos de mis manos separaron las glotis permitiéndome contemplar el agujerito de su ano. Mi erección era ya completa. Pero no me importaba.
Cuando terminé le pedí:
- Si te giras continúo con el resto de tu cuerpo ...
Ella se giró. Tenía las mejillas ligeramente rojizas y los ojos cerrados. Sin vacilar, me dediqué a sus hombros y sus pechos - los pezones de los cuales se pusieron como piedras bajo mis manos -, su barriga, la cintura, los muslos ...
Entonces ya tenía la polla totalmente en horizontal , en la medida máxima. Separé, lentamente, sus piernas pero ella me lo impidió. Entonces las alcé y empecé a acariciar el sedoso interior de sus muslos. Ahora tenía una visión perfecta de su sexo, ligeramente entreabierto por la postura. Después de dedicarme ya hasta sus pies estaba a punto de continuar por su coño pero ella se incorporó.
- Estírate tú, ahora, boca abajo que te pondré la crema.
Hice lo que me decía. Durante unos minutos tuve la maravillosa sensación de sus manos acariciando todo mi cuerpo. Cuando noté que estaba por mis nalgas estuve a punto de correrme. Después de notar que ya llegaba a los pies me volví sin que ella me lo dijera, quedando boca arriba y mi verga apuntando al cielo. Ella, tal y como había hecho yo, se puso de rodillas sobre mi dejando su precioso sexo peligrosamente cerca de mi polla templada. Empezó a hacerme un masaje por el pecho mientras que mis ojos observaban sus hermosos pechos moviéndose al ritmo de sus brazos, con su coñito entreabierto entre sus piernas separadas. Muy decepcionado, evitó cuidadosamente tocar mi pene y mis testículos aunque sus manos llegaron al principio del vello púbico acariciándome el interior de mis muslos. Finalmente, apartó el bote de crema y se quedó mirando fijamente mi erección.
Melosamente me dijo:
- Tendremos que hacer algo con eso. Sería escandaloso que salieras aquí afuera así.
I, acurrucándose sobre mis piernas, se puso la polla en la boca y empezó a moverse arriba y abajo provocándome sensaciones indescriptibles. La dejé hacer durante un rato disfrutando de la presión de sus labios alrededor de mi verga. Cuando noté que era inminente la eyaculación, la aparté estirándola dulcemente sobre la cama. La besé profundamente en los labios. Su boca entreabierta permitió que mi lengua jugara con la suya mientras mis manos acariciaban amorosamente sus pechos.
Besé sus párpados cerrados, sus pómulos y las comisuras de los labios. Después fui descendiendo cubriendo de pequeños besos todo su cuerpo evitando sus pechos. Después de besar los muslos y las piernas subí, otra vez, atrapando uno de sus pechos alargándolo con los labios. Estuve lamiéndolo y chupando unos instantes y pasé a hacer lo mismo con el otro pecho. Ella, en algún momento, me había cogido la polla y la acariciaba llegando, incluso, a mis huevos cosa que me tenía listo para eyacular. Me puse entre las su piernas, las separé y abrí su vulva con los dedos. Empecé a lamerla de abajo a arriba. Ella tenía las manos entrelazadas con las sábanas y alternaba su ruidosa respiración con pequeños gemidos cada vez que mi lengua rondaba su clítoris que resaltaba, hinchado, entre los pliegues de los labios menores. Pude percibir perfectamente su orgasmo, largo e intenso , mientras que su boca exhalaba pequeños gemidos de placer. La dejé descansar un rato mientras volvía a besar toda su cara y mi boca atrapaba, hambrienta su lengua. Le coloqué dos almohadas bajo las nalgas elevando, así su coño a la altura conveniente. Entonces empecé a acariciar, con mi glande su sexo abierto y otra vez con mis dedos. De vez en cuando introducía mi pene dentro de la apertura, sólo unos milímetros, realizando movimientos circulares en la misma entrada de la vagina, húmeda y lubricada. Eva volvió a iniciar sus gemidos que eran cada vez más audibles.
Noté otra vez que yo estaba a punto de terminar todo y que quería prolongar, todo aquello, un rato más. Volví a inclinarme sobre ella repitiendo el recorrido con mis labios por su rostro. Pero ella estaba muy excitada. Me cogió la polla con las manos y se la introdujo en su vagina mientras levantaba el coño para que pudiera hacer más profunda la penetración. Y empezó a vascular la cintura mientras sus manos apretaban mi cuerpo contra el suyo. No pude resistir mucho tiempo. Noté como mi semen fluía por su interior y enormes espasmos de placer recorrían todo mi cuerpo. El fin de mi eyaculación coincidió con el principio de un nuevo orgasmo de ella y a juzgar por sus gemidos, el disfrute fue más intenso que el anterior. Nos besamos intensamente con mi pene todavía dentro. Entonces, sujetándola por las nalgas, rodé sobre la cama, tirando de ella sobre mí sin que mi pene dejara el confortable y cálido alojamiento.
El sudor de los dos se mezclaba entre nuestros cuerpos, con su ligero peso sobre mí, mis manos alrededor de su cintura, sus brazos en mi espalda ... todo era un nuevo placer, que no quería que se acabara nunca .
Alzó ligeramente la cabeza y, mirándome con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios:
- ¿Lo ves como puede haber sexo en una pareja que se está viendo sin ropa todo el día? No me sirve todavía la experiencia. He estado todo el día tratando de controlarme. La visión de tu cuerpo me vuelve loco y, para conseguir que salga desnudo ahí fuera cada día, tendrás que dar dos o tres sesiones de estas cada día. Una por cada vez que tenga que salir en pelotas de aquí...
- ¿Lo ves como puede haber sexo en una pareja que se está viendo sin ropa todo el día? No me sirve todavía la experiencia. He estado todo el día tratando de controlarme. La visión de tu cuerpo me vuelve loco y, para conseguir que salga desnudo ahí fuera cada día, tendrás que dar dos o tres sesiones de estas cada día. Una por cada vez que tenga que salir en pelotas de aquí...
Puzles
La mujer del señor Guillén, el contable, tiene los pechos más grandes que Raúl Algorit haya visto nunca. Desde que ella acompañó a su marido a una cena de empresa en vísperas de Navidad -con un vestido escotado que fue tema de conversaciones furtivas- Raúl siempre imagina el señor Guillén con la cabeza hundida en el hoyo acolchado, engullido hasta las orejas en aquellas magníficas tetas. Pero si tiene que escoger unas piernas, las de Rosa, la secretaria de dirección, son las más espléndidas: bronceadas y refulgentes, terminan con unos pies calzados con zapatos de tacón de aguja. Y sobre nalgas, Raúl presume de ser un experto: durante la pausa del almuerzo, es capaz de hacer largas disertaciones ante los compañeros y siempre llega a la misma conclusión: el culo de Carlota Ruíz, la directora de marketing, es el más bien proporcionado y de líneas más armoniosas (los trajes de chaqueta ajustados que lleva favorecen esta apreciación). Pero de quien Raúl está maravillado es de Irina, la camarera de origen eslavo y expresión luminosa del restaurante donde suele comer.
Mientras vuelve a casa, piensa que si pudiera reunir los pechos de la señora Guillén, las piernas de la Rosa, el culo de Carlota Ruíz y la cara de Irina, cada pieza del rompecabezas configuraría un conjunto perfecto, el ideal de belleza femenina según Raúl Algorit. Siempre lamenta estos pensamientos cuando, en casa, Marta lo recibe con un beso cálido de bienvenida. Al anochecer, conversan animadamente con una bebida en la mano, cenan, miran un rato la televisión y, en la cama, Marta se le abre de piernas. Raúl es bajo, piensa Marta mientras observa su vaivén entusiasta, no tiene la planta de Manuél, el guardia de seguridad del despacho, ni los bíceps del Wilfredo, el monitor del gimnasio, ni la mata de cabello del joven carnicero de Mercadona. Con todos estos elementos, Marta podría hacer encajar un puzzle del hombre ideal, sobre todo si añadiera el miembro, grueso y juguetón, de Arnau del cuarto segunda.
sábado, 11 de mayo de 2013
Sex shop
Esto me lo contó una amiga no hace mucho. Fue su primera experiencia en un Sex shop, situado en el barrio del Carmen, y tal y como me lo contó, con su permiso y obviamente cambiando nombres y permitiéndome algunas licencias literarias, os lo cuento.
"Eran las doce menos cuarto de la noche y mi amiga y yo salíamos del restaurante chino con un par de sorbos de flores de más. Julia, que así se llamaba, me estaba animando a salir y hacer vida social después de mi divorcio. Veintitrés tres años casada con el mismo granuja, sin haber conocido hombre y llevando una vida de desgracias, sufrimiento y lágrimas, se terminaron hacía poco más de mes y medio.
Ahora la vida me sonreía y, con Julia, más que nunca, por eso lo tenía que aprovechar. Después de una noche de confesiones de cama y risas, mi amiga lo tenía decidido.
- Chica, mañana te llevo de cabeza a un sex shop!
- ¿Qué dices?
- ¡Y tanto! No puede ser que con cuarenta y seis años no sepas qué es un orgasmo en condiciones.
- Chica, mañana te llevo de cabeza a un sex shop!
- ¿Qué dices?
- ¡Y tanto! No puede ser que con cuarenta y seis años no sepas qué es un orgasmo en condiciones.
Aquella madrugada caí en la cama y quedé dormida al instante, pero con una sonrisa dibujada en los labios porque sabía que el día siguiente sería el inicio de un montón de sensaciones nuevas que esperaban por mí.
Al día siguiente, con el correspondiente dolor de cabeza por la resaca, esperaba con impaciencia que Julia me viniera a buscar. Dimos una vuelta y fuimos de compras. Mientras tomábamos una cerveza con pistachos, me advirtió de la clase de juguetes que vería en esa tienda, que los tiempos habían cambiado mucho y que debía evitar escandalizarme. Me sugirió que debía hacer el papel de mujer con experiencia que buscaba nuevos entretenimientos y que todo aquello se me quedaba pequeño. Me pareció tan divertido que no veía el momento de empezar mi actuación. Por el camino íbamos practicando la clase de frases que diríamos a la dependienta del sex shop:
- Perdone, estoy en el gremio de actores pornográficos y busco juguetes de último modelo - bromeaba Julia. ¡Qué ocurrencia!
- Disculpe, pero creo que he entrado en la zona infantil, ¿donde compran los adultos? - Interpreté.
- ¡Vamos, niña! ¡Sí que tienes peligro, tú! - Rió mi amiga.
Y, finalmente, llegamos delante de la tienda. El dibujo de una chica con disfraz de enfermera sexy presidía la puerta. Entramos. Dentro, el local estaba decorado con cuadros eróticos y una gran bola de discoteca en el techo. Las paredes estaban cubiertas de terciopelo rojo. Toda una pared de repisas soportaban miles de consoladores, pechos de plástico, vaginas artificiales, aceites exóticos y un montón de varios juguetes sexuales más. En el otro lado, todo de DVDs pornográficos y una pantalla de televisión que reproducía algunas escenas sin sonido. En el centro había una estatua de una mujer vestida de cuero y medias de rejilla, con una bandeja en las manos que ofrecía diferentes clases de artilugios eróticos. Al fondo, un par de dependientas iban atendiendo a un montón de clientes, la gran mayoría hombres mayores y parejas jóvenes.
Mi amiga y yo recorrimos cada rincón de la tienda y con cada objeto se me abría un nuevo mundo inexplorado. Reímos de lo lindo cuando topamos con un consolador que se llamaba “Baboso”. En la explicación de la caja decía que estaba hecho de un material blando y desprendía su propio semen artificial sólo al tocar un botón.
- ¡Me lo compro! - Grité en medio del sex shop con algo de entusiasmo de más, mientras todos los clientes se quedaron mirándome.
- Como actriz del cine erótico que soy, debo aportar nuevas ideas a la industria Dijé en voz alta.
No sabía si había logrado no parecer una principiante, pero lo que sí sabía es que esa misma noche me dispondría a dejar de serlo."
Tu cuerpo
Despierto en la madrugada, este calor no me deja dormir. La tenue luz que entra por la ventana me permite contemplarte durmiendo, y resalta aún más tu belleza. Tus cabellos oscuros cubren la almohada y se filtran por tu cuello. Tus ojos marrones, ahora en reposo, emiten calma y silencio sólo acompañado por tu respiración pausada y tranquila. Me gusta recorrer tu cuerpo con la mirada, pero esta vez no puedo evitar acompañarla con la mano, que se desliza lentamente por tu piel suave, ahora ligeramente húmeda por el calor. No puedo evitar entretenerme en uno de tus pechos, medio cubierto por la sábana, parece ponerse rígido al notar la presencia de mis dedos, que lo rodean. Tu respiración parece acelerarse cuando suavemente retiro la sábana hasta dejar completamente al descubierto los dos pechos. Ahora son mis labios los que los recorren mientras la mano sigue su camino por debajo de la sábana hasta llegar a una de los muslos. Bajo hasta casi llegar a la rodilla. Mis dedos se deslizan entre tus dos piernas y retoman el camino de vuelta, donde cada centímetro que recorren notan como la temperatura de tu cuerpo se eleva, hasta que llegan a ....
La alarma del móvil impide que pueda seguir el viaje y me recuerda que en unos minutos debo de irme y alejarme de ti, con la incertidumbre que quizás no nos volveremos a ver, y salgo por la puerta sin atreverme a mirar atrás porque sé que si lo hiciera sería incapaz de separarme de tu lado.
jueves, 9 de mayo de 2013
Ultimas palabras
Sólo le dejaban un pequeño papel para escribir sus últimas palabras y, si quería, se las harían llegar a quien quisiera. Ciertamente, él dudaba de que fuera así. Sería la última cosa que hiciera y no quería malgastar las palabras en frases hechas o despedidas llenas de tópicos. Sabía que sus raptores las leerían y seguramente se reirían mientras escupían a su cadáver todavía caliente, como ya había visto otras veces desde la ventana de la celda. Entregó al cura el papel doblado por dos veces y caminó hacia el patíbulo.
Tan pronto como las armas dejaron de humear y el cuerpo cayó al suelo los soldados tomaron el papel de las manos del cura y todos los hombres de armas y el hombre de fe, hicieron un corro entre risas para leer su contenido. Pero les cambió la cara al descubrir las palabras que habían escritas:
"Id a tomar por culo".
Tan pronto como las armas dejaron de humear y el cuerpo cayó al suelo los soldados tomaron el papel de las manos del cura y todos los hombres de armas y el hombre de fe, hicieron un corro entre risas para leer su contenido. Pero les cambió la cara al descubrir las palabras que habían escritas:
"Id a tomar por culo".
martes, 7 de mayo de 2013
Días extraños
Hoy es un día extraño, o tal vez sea un día en el que me siento raro. Hay veces que el Universo te da lo que necesitas, a migajas, pero nadie dice por qué te quita lo que también necesitas. Ha habido una serie de circunstancias, seguidas y entrelazadas en las que como resultado, económicamente, este mes va a ser duro para mí, y al mismo tiempo, también he recibido noticias con perspectivas, realidades, pues están confirmadas, que van a hacer que a partir del mes que viene lleguen para mí las vacas gordas. Una de cal y otra de arena.
Días extraños. Para colmo, venía andando por el bulevar de La Serrería y atravesando un parque vi a un niño llorando y a su madre desconsolada Un balón, una simple pelota se había quedado colgada en un árbol de difícil acceso. La gente miraba esperando que un golpe de aire de poniente la hiciera caer. Pero… allí estaba yo, cual príncipe rescatador de doncellas y matador de dragones. ¿Quién me meterá a mí en estos líos? Yo solo, nunca he necesitado a nadie. Doy pues un salto a la rama más próxima, balanceo mi cuerpo hasta que con las piernas consigo enrollarme en la siguiente y más alta y consigo alcanzar el balón. ¿Por qué todo esto? Pues un reto a mí mismo, ver y probar mi estado físico. Me gustan los retos. El balón no lo valía, el niño si… y la madre.
Días extraños. En un ambiente que me era totalmente hostil he conseguido el respeto y el aprecio de todo el mundo. Sin prisas, siendo solo como yo soy. Hoy he escrito en Facebook, “Hoy estoy como cuando Dios me trajo al mundo, sin novia y sin dinero” El dinero estará resuelto, pero ¿y la novia? O amiga íntima, coleguita o como quieran llamarla… No quiero devorar calendarios, como he dicho en un poema escrito esta mañana. Quiero amigos o enemigos, pero no interrogantes.
Días extraños. Los días extraños son incognoscibles. Los días extraños me abandono en el vaivén de silencio. Los días extraños me desencanto y me encanto. Los días extraños no me entiendo, no me importo. Los días extraños arañan y curan. Los días extraños llegan sin avisar y entran, siempre entran. Los días extraños soy yo cuando me siento insensible al ruido.
Hace tiempo que me pierdo; que me encuentro en ninguna parte. Hace tiempo que he callado todos los gritos que, en silencio, han desnudado cicatrices. ¿Y ahora? ya no sé qué hacer ahora. Ya no sé si no sé nada, o si lo que sé no tiene importancia. ¿Es necesario responderse?
Como siempre, tan acostumbrado, termino en el mismo apagón de llanto. Llanto silencioso e invisible. Ya no lloro, pero cuánto he llorado… El peor llanto es la sequía y estoy seco desde hace mucho tiempo.
Algunos días quiero escapar lejos. Lo más lejos posible. Creo que lo más lejos posible no será lo suficientemente lejos. Otros días quiero quedarme y anclarme en estos sitios, tan vistos, tan cegados. Lugares tan ausentes de algo nuevo. Y después de esos "algunos" y esos "otros", hay una tercera clase de días: los días extraños.
Soy la necesidad de saltar por el precipicio de romper viejos miedos. Soy la indecisión del cambio. Hace tiempo que no me entiendo. ¿Me habré convertido en mi pasado?
domingo, 5 de mayo de 2013
Escribir, sentir.. los versos en una tarde
Escribir, sentir, notar los impulsos manuales de crear lo que para todos no es posible. Escribir es el estallido de vida después de un cruel e inclemente invierno. Es aquella seguridad musical que, a pesar de todo, te hace perder el miedo... aquella voz que hacía años que no sentías, pero que familiarmente abraza cuando vives en la más extrema soledad. Es aquella agua cristalina que empapa la tierra; transparente y fresca... la inspiración musical de un breve momento al respirar la vida, la esperanza. Es el camino rodeado por un frondoso bosque de ideas que lo devora, un camino que te lleva a al deseo más profundo, el anhelo de ser lo que pocos logran: un espíritu libre. Escribir es la abeja polinizadora que de flor en flor absorbiendo lo bueno y mejor, sólo para morir en la dulzura de unas frases bien escritas.
Y en este breve momento al respirar la vida, mi deseo más profundo está en escribirte a ti…
Dedicado a mi coleguita.
Volveré junto a ti,
día tras día, implorando perdón
desde el arrepentimiento más hondo y sincero;
nacido de la soledad que me asusta en la oscuridad
aprovechando tu ausencia.
día tras día, implorando perdón
desde el arrepentimiento más hondo y sincero;
nacido de la soledad que me asusta en la oscuridad
aprovechando tu ausencia.
Y si me coges la mano
caminaremos noche adentro
en busca de aquella estrella
que nos iluminó en el primer mirar.
Y con la piel curtida,
de los que saben sufrir,
guardaremos el gozo en nuestras miradas,
testigos confidentes
de dos corazones que se van fundiendo,
inevitablemente,
en el calor vivo de los latidos.
Y así, estos versos,
nacidos de la difusa tarde,
impregnados de sus últimas claridades,
devendrán camino de un nuevo reencuentro:
donde el olvido,
para los que no queremos renegar del recuerdo,
no tendrá cabida.
I volveré a tu lado,
día tras día...
jueves, 2 de mayo de 2013
Desnudez
Botero
Siempre simula mostrarse desnudo, pero su desnudez, es en verdad,
una impenetrable y potente coraza decorada con pinceladas de recurrentes frases y medidas palabras, reforzada con reprimidas iras y acuerdos ahogados de conformismo.
Vive asustado, discretamente, viajando por lo cotidiano. Sin darse cuenta, la vida le ha empujado a ser lo que es. Sin desearlo. A golpes de injustas agresiones, cree. Siendo arañazos en el alma y mordeduras de personas que ha conocido, o no... que cohabitan en un mismo espacio, para él, a veces, infinitamente claustrofóbico. No quiere, sin embargo, vivir infeliz ni angustiado. Tampoco quiere caer en la desesperación y recuerda, aligerado, que no está solo, pues, a lo largo del camino ha conocido personas a las que entregarse. ¡Qué poco le cuesta reconocerlas! Las recibe confiado y, vale tanto la pena... que se quita la falsa piel de su falsa desnudez Y en pocos segundos, que prueba a robar el tiempo, se deja impregnar con sinceras palabras, con sencillas miradas y gestos que, a menudo, se entrelazan, estrechamente, en silencios llenos de espacio y sentimiento. Siendo la química, la complicidad, comunicación pura... sin intereses. Son momentos de vida, pequeños, pero le curan, en gran parte, llenando su alma estando, cerca de él, la felicidad. Pero desvanece, como siempre, poco a poco... Pinchazos... siendo pinchazos, a menudo las heridas cuestan de curar, Sobre todo las del alma. Y siempre dejan una invisible cicatriz que le impiden olvidarlas. Ha aprendido que la bondad es débil, frágil, delicada... Y el peligro se acerca, seguro. La vida... el miedo... le ha enseñado a ser precavido. Da un paso atrás y se esconde. Aligerado, ya vuelve... disfrazado de desnudez. Quizás, algún día ¿Quién sabe...?, tocará la felicidad.
una impenetrable y potente coraza decorada con pinceladas de recurrentes frases y medidas palabras, reforzada con reprimidas iras y acuerdos ahogados de conformismo.
Vive asustado, discretamente, viajando por lo cotidiano. Sin darse cuenta, la vida le ha empujado a ser lo que es. Sin desearlo. A golpes de injustas agresiones, cree. Siendo arañazos en el alma y mordeduras de personas que ha conocido, o no... que cohabitan en un mismo espacio, para él, a veces, infinitamente claustrofóbico. No quiere, sin embargo, vivir infeliz ni angustiado. Tampoco quiere caer en la desesperación y recuerda, aligerado, que no está solo, pues, a lo largo del camino ha conocido personas a las que entregarse. ¡Qué poco le cuesta reconocerlas! Las recibe confiado y, vale tanto la pena... que se quita la falsa piel de su falsa desnudez Y en pocos segundos, que prueba a robar el tiempo, se deja impregnar con sinceras palabras, con sencillas miradas y gestos que, a menudo, se entrelazan, estrechamente, en silencios llenos de espacio y sentimiento. Siendo la química, la complicidad, comunicación pura... sin intereses. Son momentos de vida, pequeños, pero le curan, en gran parte, llenando su alma estando, cerca de él, la felicidad. Pero desvanece, como siempre, poco a poco... Pinchazos... siendo pinchazos, a menudo las heridas cuestan de curar, Sobre todo las del alma. Y siempre dejan una invisible cicatriz que le impiden olvidarlas. Ha aprendido que la bondad es débil, frágil, delicada... Y el peligro se acerca, seguro. La vida... el miedo... le ha enseñado a ser precavido. Da un paso atrás y se esconde. Aligerado, ya vuelve... disfrazado de desnudez. Quizás, algún día ¿Quién sabe...?, tocará la felicidad.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)















