
Mi querida ............, si vieras la tristeza que me da verte de lejos y no poder sonreírte siquiera. Fingirnos dos desconocidos cualquiera cuando tu y yo fuimos mucho, mucho más que amigos.
Todavía la pasión que en mi despertabas me causa angustia y me lastima porque después de ti, besar y amar, no han sido posible.
Si vieras cuantas veces he deseado que fuera posible al pie de tu ventana cantarte lo que yo siento sin que los demás lo oyeran. Abrir solo a ti mi alma y decirte que me he quedado sin saber por qué este mundo apartó la dicha de nuestras manos.
Nuestras manos, yo sé que no las has olvidado, unidas, cuantas cosas nos comunicaron. Yo sé que no nací para que me olvidaras, ni yo para olvidarte a ti; porque los besos que nos dábamos irán contigo, irán en mi, ellos buscarán campo y camino, porque me los diste y te los di cuando los necesitábamos, era vaciarnos así o quemarnos. Y esos recuerdos arderán a través de todos los tiempos.
Tanto nos quisimos que se nos olvido la palabra egoísmo. La palabra “nosotros” era nuestro mundo. ¿Cómo fue que quedamos fuera de nuestro paraíso? ¿Por qué?
Te veo pasar y finjo que eres alguien más y no tu; pero ante tu cercanía me duele hasta la última fibra del ser con que existo, porque yo guardo por ti un deseo tan vivo como el de aquel día de julio, porque para mí, pertenecernos fue un delirio un sublime instinto que enfermó mi ser sin pensarlo. Quién me iba a decir que un placer y no un dolor habrían de herirme así toda la vida.
A veces me vienen los recuerdos todos de golpe y no sé qué hacer con ellos, quisiera poder invitarte a amarnos sin hacerle daño a nadie.
A veces la tristeza de tus ojos me envía un mensaje infinito.
Si yo pudiera abrazarte cuando sufres y sonreír contigo cuando el mundo te da un regalo… no sé ni cómo logro fingir ante los demás que no te amo. No entiendo tampoco por que este mundo quiso que quedáramos tan a la mano, sin poder tocarnos.
Algún día, cuando el destino apague las luces que enfocan nuestras manos, yo podré buscar la tuya y habremos de ir juntos aunque sea a la tumba.
No muerde mi integridad el adularte. Ni menoscaba mi hombría reconocerme pendiente de tus acciones, aunque no sean producto de mi existencia.
Mi persistencia en relación a los sentimientos que experimento en cercanías de tu presencia, no logran que me replantee la ubicación que debería ocupar en este universo de sentimientos impuestos a fuerza de una cultura históricamente equivocada y retrógrada.
Los ojos anegados no anulan la esencia humana que me compone, la ensalzan.
La admiración de bellezas incorpóreas que se materializan en la luz de tus ojos no es traba para mis pretensiones de transformarme en el dueño de tus caprichos.
Me decías que disfrutara mi libertad lejos de ti, y no lograste comprender que lo hago, planeando en los cielos de tus sueños.
Alfonso