La noche es fría. Mi habitación está a oscuras con la sola tenue luz de la pantalla del ordenador. A través de la ventana entra la claridad de una Luna llena que esta noche la siento de una manera algo especial y que no llego a entender. Me duelen los huesos, las articulaciones, la boca… y noto fuego en mi pecho. Parece que esta vez la maldita gripe me ha cogido bien entres sus tentáculos como si de un pulpo gigante se tratara, La piovra, le llaman los italianos, aunque más bien es un término más aplicado a la Mafia. Es lo mismo, los dos aprietan por igual.
Sudo, sudo mucho, debe ser la fiebre, debería ponerme el termómetro pero estoy tan dolorido que no puedo levantarme de la silla donde estoy. Quizás debería hacer un esfuerzo, aunque lo más que me va a indicar el termómetro es que estoy jodido, y eso desgraciadamente ya lo sé. Tengo un mal sabor de boca que nunca había tenido, sino fuera porque no es posible, diría que el sabor es azufre. Es un sabor que ya probé una vez cuando escalé el Cotopaxi ecuatoriano, uno de los volcanes más altos del mundo, nunca lo olvidaré, como tampoco el desagradable olor a sulfhídrico.
Hago un esfuerzo y bajo a la cocina para hacerme un vaso de leche para quitarme el mal sabor de boca. Abro la nevera, pillo un filete de buey y sin saber porqué me lo engullo sin pasarlo por la sartén. Esto no es normal.
Curiosamente me encuentro mejor. Parece que se me están agudizando los sentidos, me he quitado las gafas, no veía con ellas y ahora, sin ellas, veo perfectamente. Salgo a la ventana y observo la Luna llena, siempre mostrando la misma cara. El hemisferio visible está marcado con oscuros mares lunares de origen volcánico entre las brillantes montañas antiguas y los destacados cráteres de impacto. Es curioso, lo veo casi a la perfección y me hace sentir bien.
Estoy otra vez sentado al portátil y oigo un tintineo difícil de localizar. Es como si una mujer, no profesional, tocara el piano y se le oyeran las uñas dar contra el teclado… ¡Vaya!... son mis uñas, ¿pero qué les pasa? Han crecido.
Me retuerzo de dolor, parece que mis huesos se estiran, pero eso solo pasa en la adolescencia y esa ya hace mucho que la pase. Mi vello va creciendo por momentos y oscureciéndose, incluso en la cabeza. Más de media vida calvo y ahora… no sé qué está pasando.
Oigo un desgarro, son mis vaqueros que se están abriendo. Otro desgarro y mi Lacoste a hacer puñetas… esto no tiene sentido pero se me va disipando el dolor aunque me duele la boca como si no tuviera en ella nada más que muelas del juicio. Yo tenía incisivos, caninos, premolares y molares, por este orden y desde el centro hacia las mandíbulas y ahora solo tengo colmillos, como un depredador terrestre, y un ansía tremenda de salir a la calle a cazar, o eso me dice mi instinto.
La noche sigue siendo fría pero está calma. Yo salgo a la calle. La ciudad está silenciosa, es tarde, día laborable y mañana también, pero intuyo que la calma y el silencio, por hoy… se van a terminar…





