jueves, 30 de abril de 2009

Estoy


Cuando tu pasión me pierde, tu piel me encuentra...
Es entonces que los besos que he diseñado para tí se despliegan desde el norte de tu boca en dirección al sur de tu geografía, muy al sur, en el espacio donde tu deseo se conecta al mío y ambos se unen transformando nuestros cuerpos en una sola pasión...
En mi recorrido, atravieso tus montes, los que escalo y desciendo con especial dedicación, coronando la cima de tus picos con mis dientes, que te muerden suave, para recordarte que allí estoy...
Será que me gusta recorrerte.
Tu mapa ofrece todas las opciones, eso hace que viajar por tu piel suave sea una fascinante aventura llena de un misterio perfumado que me encanta desvelar.
Eres mi sueño, mi pasión, mi delirio, un hermoso paraíso del que no pretendo apoderarme, sino solo conquistar.
Por eso en mi viaje por tus playas intento dejar la huella viva en imborrable de tus ganas despiertas, para que el recordarme traiga a tu deseo la sed de permitirme volverte a disfrutar... 

La informática y el sexo


Ocurrió una tarde de esas calurosas que te quitan las ganas de trabajar. Mis ojos estaban cerrándose, recostado en el sofá trataba de entender lo que el telediario intentaba comunicarme, pero como siempre lo único que hacía era lo más semejante a una canción de cuna… dormirme.
Mi móvil empezó a resonar con el “Andar conmigo” de la Venegas, pues es la música de llamada que tengo instalada;
Hola soy Eithneluego supe como se escribía-, amiga de tu amiga Gema y me ha dicho que eres un genio de la informática y quiero que vengas a casa ya que mi ordenador me dice que no puedo conectar a Internet”
Me hizo abrir los ojos de golpe, tenía un timbre de voz muy agradable con cierto acento que no llegué a saber su procedencia, tenía algo en sus palabras que me decía que debía ir sin esperar… pero esperé. Quedamos a media tarde pues insinuó que iba a estar más tranquilo para trabajar aunque yo sabía que ese tipo de problemas me suelen costar diez minutos como máximo en solucionarlo.
Eran las seis de la tarde en punto y allí estaba yo llamando a la puerta del jardín y tratando de oir el chasquido de apertura de la reja, teniendo en cuenta que un tremendo can de casi 80 Kg de peso, me ladraba hasta la saciedad. No hubo chasquido pero si oí la misma voz que había oído por teléfono, diciéndome que esperara un momento mientras encerraba al perro, algo que agradecí pues me había sentido con complejo de salchicha.
Por fin sonó el chasquido y allí apareció ella como si fuera la diosa Venus, Tenía los ojos verdes como las hojas del lentisco y el color de su pelo era como el de sus bayas, rojo. La combinación era perfecta. Yo la miraba a ella y miraba un lentisco que había al fondo del jardín y mi siempre predisposición a tirar los “tejos” hizo que se lo hiciera ver, a lo que ella me agradeció con una hermosa sonrisa en aquel rostro tan blanco y con tantas pecas que parecía que hubiera tomado el sol con un colador. Era preciosa, llevaba una bata de esas de ir por casa, corta, más corta de lo que hubiera deseado en aquel momento, y con cuatro botones en la parte central. Mi memoria es fotográfica, y podeis creerme, no se me pasa detalle en una sola mirada, y menos si lo que miro es una mujer.

Mientras entrabamos en la casa le pregunté de donde era a lo cual me contestó que era irlandesa, de una ciudad próxima a Dublín. Fue cuando recordé algo que leí una vez y se lo comenté, que su nombre me sonaba al de una diosa celta y así era.
Había armonía, había química, se respiraba… mis 20 años de diferencia no perecían ser un impedimento, de hecho nunca lo he pensado con nadie. Me senté en la mesa del ordenador, ella se quedó de pie y por encima de mi hombro pero recostada sobre él, me iba explicando cuales eran sus problemas. Tenía sus pechos sudorosos a la altura de mi nariz y por debajo de mis ojos lo que hacía que la temperatura de mi cuerpo fuera subiendo… todo…
Creo que debió pensar tomarse un respiro y me dijo que iba a poner el lavavajillas, algo que agradecí pues nunca me gustó tener un pastel delante en esas condiciones e irme de rositas…
Bien, no había manera de centrarse en el trabajo, no sé si el problema era mayor o yo estaba debilitado, pero no me centraba en ello, y pasaban los minutos…
¿Te apetece un café o un té? Oí que me gritaba desde la cocina, que estaba a dos puertas de donde yo estaba. Y yo que el café me lo esnifaría, tardé pronto en darle un si por respuesta.
Me dolía el cuello de tanto mirar atrás, pues estaba deseando verla entrar por la puerta con el café en la mano, pero no fue así, me llamó para que pasara a la cocina a tomarlo. Sobre la enorme mesa de madera y cerámica que había en la cocina estaban las dos tazas, una de café y la otra obviamente de té y unas pastas de mantequilla que no probé. Nos encendimos dos cigarrillos de Malboro, que ella había dejado en la mesa y charlamos un rato. Ella estaba sentada frente a mi pero de lado para tener las piernas cruzadas fuera de la mesa, esas piernas que mantenían la bata más arriba del medio muslo. Me preguntó si tenía calor porque me veía sudar y yo le dije que era el café, pero los dos sabíamos exactamente porque sudaba yo.
Cuando habíamos terminado de tomar el café yo me dispuse a ir al ordenador y fue cuando ella se atrevió a preguntarme si sabía cambiar el filtro del lavavajillas pues estaba intentándolo y no podía. A mi se me abrió un mundo…
Me agaché, metí la cabeza en aquel orificio como Ángel Cristo metiendo la cabeza en la boca de un león, y extraje el dichoso filtro. Cuando la miré a ella me di cuenta que de los cuatro botones de la bata solo le quedaban dos abrochados, los centrales por lo que, y al no llevar sujetador, los pezones se apreciaban en toda su plenitud, creo que llegué a verle las zapatillas por el escote, si es que aquello se le podía llamar escote.
Estábamos los dos agachados sobre el electrodoméstico mirándonos sin saber que decir pero ella si supo lo que hacer y decir; estás muy acalorado amigo mío y desabrochándome la hebilla de cinturón y el primer botón del vaquero, tiró con fuerza de la camisa y me la quitó sin desabrocharme un solo botón de ella.
Aquello fue como destapar una botella de Cava a la que previamente se le ha agitado.
Recordando aquella famosa película de Jack Nicholson y Jessica Lange en "The Postman Always Rings Twice" la levanté como una pluma y extendiéndola sobre aquella enorme mesa me dispuse a dar placer a mis instintos y a los suyos sin preocuparnos de nada más. No sé porque menciono la película, puesto que ni yo soy Nicholson ni ella era Jessica y mucho menos yo era el cartero pero aquello era una cocina, ella estaba tumbada en la mesa y yo postrado donde la unión de los sexos resultan uno solo.
Lo demás lo dejo a vuestra imaginación, yo cuento sensualidad, tal vez erotismo pero nunca pornografía.
El ordenador se quedó sin reparar, ni hubo tiempo ni ganas y desde luego supuso la excusa para un reencuentro pasado dos días, mucho más preparado, menos improvisado pero no por ello menos intenso y pasional.
La verdad... es que me encanta la informática.

miércoles, 29 de abril de 2009

Frente a la luz


Después de un par de copas, te encuentras desinhibida, ¿verdad amiga? Me pregunto si serias capaz de bailar delante de mí, mientras estamos aparcados en un lugar perdido. Tu danzando delante de los focos del coche jugando a ser Rita Hayworth en Gilda.
Sinceramente, tú no eres Rita ni tan siquiera Gilda, tú eres una preciosidad por la cual he perdido la cabeza. Una chica que ahora, sin que yo le diga nada, está siendo una autentica ninfa dentro de mis fantasías.
Me encanta verte jugueteando con tus cabellos, con tu melena, levantándola por encima de tus orejas y dejándola caer, girando sobre ti y mirándome a través del cristal del coche. Eres tan autentica, tan única, tan maravillosa.
Te apoyas sobre el capó del coche y sonríes. Esa sonrisa es maliciosa, pervertida. Te apartas a saltitos un par de metros. Justo lo necesario para verte de pies a cabeza. Te has quedado de espalda y toda tu figura crea una sombra gigantesca contra la pared. Hermosa sin duda la escena que tengo delante. Ojala tuviera una cámara para plasmar este momento.
Empiezas a moverte, a danzar nuevamente, mientras te vas desnudando frente a mí. Vas lanzando la ropa, de un lado a otro, algunas encima del coche. Te gusta provocarme y sabes que lo consigues, aunque sea sin desnudarte, con tu sola presencia, con tu suave voz.
Te das la vuelta, no te queda nada arriba, salvo el sostén medio descordado. Me acerco hacia delante, tu hacia el coche. Sonríes y haces carita de niña inocente. Me gusta, eres tan camaleónica que me atraes todavía más.
Estiras los brazos, los sostenes desde ese ángulo de visión siguen protegiendo tus pechos de mi mirada. Los acercas, los alejas, me dejas entrever algo, pero nada más allá de lo que tú quieres que vea. Te acercas hasta mi ventanilla. Sinuante, sexy, erótica, diablesa que eres. Dejas caer la prenda de ropa y apoyas tus pequeños y preciosos pechos contra el cristal.
Si te pudiera tocar, pero no lo puedo hacer, sabes bien el porque, no me lo digas, no me lo niegues, rompería la magia del momento. Debo esperar. Te vuelves a alejar, jugando, contorneándote, libre de cualquier atadura que te han dado los hombres desde los inicios. Eres libre, desnúdate para este que ahora es tu esclavo en esta noche de sombras.
Sigues danzando, y oigo en la lejanía un coche pasar. Las luces van llegando y salgo a prisa a abrazarte por este regalo que me has dado, por este momento íntimo. Te llevo hasta el coche que te ha inspirado. Recojo tus prendas. Recuerdo como te las has quitado y entro en un bucle de fantasía sexual, arrogante, dominante, y te las entrego sumiso, entregado a ti.
Gracias por demostrarme que aun estas aquí.

martes, 28 de abril de 2009

Odalisca


Me percibes.
Sabes que estoy llegando a tu oasis.
Me avizoras.
Me presientes, que es el sentir antes del sentir.
Presientes mi piel morena, el calor de mi cuerpo, la ansiedad de mi boca, la impaciencia de mis manos.
Pero hoy no.
Hoy, no me dejarás lugar a mi ansiedad ni a mi impaciencia.
Es tu momento, es tu turno, es tu ocasión.
Veamos, dejaré que me quites la ropa y me prometerás
que sólo me dejarás una prenda.
La que vela lo obvio y da lugar a la imaginación.
Y al juego.
Anda, sé bueno –me dices- túmbate en los almohadones y cojines de mi estancia…de colores ocres, amarillos, naranjas, rojos… impregnada de aromas a sándalo, rosas, maderas, jazmines, con la tenue luz de las velas.
Relájate -
sigues diciéndome- echa la cabeza hacia atrás, entrecierra los ojos y déjate llevar por las fantasías, dale lugar al deseo, permítete ser objeto de la pasión.Siento que una mano está tirando de mí túnica, para arrancármela del cuerpo, y entonces sé que es tu mano.
Del mismo modo, cuando percibo el aliento cálido sobre mi piel, bajando de mi cuello por en medio de esas dunas que forman los músculos de mi pecho, sé que es tu aliento.
Y cuando empiezo a sentir que unos labios se adueñan de mi cuerpo y me transportan a la dimensión en la que todo es posible, no tengo dudas que es tu boca.
Y me dices…
Hoy, beduino mío, quiero obsequiarte, regalarte, halagarte, agasajarte, mimarte.
Quiero ser tu fantasía y tu deseo.
Porque te gusta.
Porque me gusta.
Porque lo deseas.
Porque lo deseo.
Porque lo estás esperando.
Porque lo estoy esperando.
Entonces no pronuncies ni una palabra, NO pienses. Sólo cierra los ojos y acepta este tributo y no hagas nada. Sólo... relájate y goza.
Beduino…mi oasis te espera…no hay huecos, el universo esta en orden.

lunes, 27 de abril de 2009

Traba


¿Por que agonizas? Serénate, respira hondo deja que el aroma de paz se impregne de ti y apacigüe esa ola de aflicciones que ruge como una tormenta sin rumbo. 
¡Basta! finaliza tus argumentos de preguntas y respuestas, aleja toda duda, no te confundas más. ¡Incrédula! Abre los ojos y piensa que tan solo necesitas conmutar esos aburridos hábitos. Desecha ese closet de vestiduras viejas y abre ese otro armario que guarda todo aquello que alguna vez te hizo feliz. ¡Si! desnúdate y vístete con el traje del amor, esperanza, ilusiones, desafíos, éxitos. Aprende del adiestrado artesano a tallar de nuevo la flor de la vida que frente a ti se abre con fuerza y esplendor. 
¡Arriba! emprende ese viaje que te has negado tantas veces y descubre todos los matices que la vida te ofrece. Tan solo tienes que relajarte, echarte hacia atrás y dejar que tu alma y tu amor propio se estrechen las manos y juntos escalar esa montaña donde tu soledad te mantenía aislada acumulando resentimientos, indecisiones e ira. Poco a poco derrumba tus miedos con la fuerza de tu desafío interno. Descubre quien eres. ¿Ves? no eres más que un ser humano que irradia amor, porque eres producto del amor.
¿Lo tienes? sujétate bien y no lo dejes ir, disfrútalo, desarróllalo y deja que otros se contagien con ese amor propio que resplandece y contagia a la vida misma y sirve de inspiración a otros.

sábado, 25 de abril de 2009

Creo que voy a aburriros...


Aquí estoy, tratando de escribir, tratando de contaros algo, tratando de distraer mi imaginación para que no piense en lo que verdaderamente me perturba. Mientras suena una canción de  Alicia Keys, su “No One” he abierto una página del Word… está apenas con tres líneas y no se me ocurre nada, algo esta oprimiendo las neuronas de mi pensamiento, o tal vez lo que hace es ocupármelas todas… pero yo insisto…

A mis amigas –ya me quedan pocos amigos, muy pocos… por suerte tengo muchas amigas, casi es lo normal en mi, de ahí el femenino “amigas”- les cuento que no me gustan las películas dramáticas pues reflejan en cierto modo historias reales y eso no me hace sentir bien… no me entienden pero con que me entienda yo es suficiente.

Me gustan las películas de ficción, las fantásticas, porque me evaden de la realidad y eso me distrae, a no ser que crea en aliens, viajes en el tiempo o superhéroes, vampiros y demás friquis de la biblioteca Marvel. También me gustan los thrillers, y las películas donde se investiga algo y me deleito enormemente en las históricas y las bélicas siempre que cuenten con extrema pulcritud la época en la que se desarrolla la historia. En las bélicas soy especialmente crítico y observo mucho el armamento, sea de la época que sea, no quiero un error pues me considero algo experto en ese tema.

Con la música me pasa lo mismo porque hay poca música, de la que podemos escuchar sin estar en una discoteca, que no sea triste. Siempre hay alguien que llora, suplica o se muere por amor. Pero es lo que hay.

¿Y por qué os cuento esto? Pues porque creo que voy a volver a contar historias de ficción… ya veré. Quiero evadirme un poco de esta realidad que en estos momentos me oprime, me asfixia…

¿Realidad o ficción? No sé...Todos los órdenes de la sociedad posmoderna están atravesados por signos híbridos e indefinidos. Las viejas dualidades de la modernidad se han desvanecido. Asistimos a un proceso de confusión y de contagio: al abolirse las distancias —entre bien y mal, verdad y falsedad, objeto y sujeto, belleza y fealdad— quedan extinguidos los puntos de referencia y, por ende, cunde una indeterminación. De este modo, como en la fusión y proliferación de los sexos —en donde la dicotomía masculino/femenino se ha difuminado— también entre ficción y realidad opera idéntico mecanismo. En este «eclecticismo» posmoderno, la «fusión» suele acabar en «confusión».

Si la ficción se nutre de la realidad, ésta a su vez se retroalimenta de aquella: así como el lenguaje cotidiano, resignificado por los medios, se virtualiza para volver a reciclarse en el mundo corriente, así también ocurre con la estética de la «violencia». El cine, por ejemplo, suele ficcionalizar acontecimientos del mundo corriente (sucesos políticos, policiales, catástrofes, accidentes), en tanto éste absorbe y recicla la violencia mediatizada, en sus contenidos y formas.
La violencia en el «mundo real» ha adquirido ciertos tics y estereotipos propios de la ficción: infinidad de asesinos y violadores seriales emplean procedimientos criminales basados en películas, novelas u otros productos de la industria cultural. Las imágenes de los atentados  del 11-S parecen extraídas de un archivo de la mejor ficción. Por algún motivo, el Pentágono hubo de convocar, tras la caída de las Torres Gemelas, a guionistas cinematográficos de Hollywood como asesores en la lucha contra el terrorismo, tras reconocer que sintonizaban mejor con las estrategias que proponía la escalada mundial de violencia.

Después de este análisis ya no sé que escribir pues si escribo realidad me criticarán y si escribo ficción, me copiarán. Ya veremos si no es mejor que me dedique a dibujar a Rasca y Pica.          

Hoy hablaré de otro poeta; Kavafis


La primera vez que oí hablar de Kavafis, hace ya 35 años, apenas me interesaba la poesía, me gustaba García Lorca ¿y a quién no?, además era un mito en aquella España triste y franquista; de Miguel Hernández se decía muy poco, nada de Pessoa, de manera que oír hablar de un poeta griego, que vivió y murió en Alejandría en los años treinta, no era algo común. Me picó la curiosidad y con dificultad conseguí hacerme con un ejemplar de sus poesías. Aquella juventud mía hizo sentirme protagonista de uno de sus poemas, "Media Hora", qué belleza... no se puede contar mejor una historia de amor en menos líneas:
MEDIA HORA 
"Ni te tuve ni te tendré jamás.
Unas vagas palabras, 
apenas un contacto 
como anteayer en el bar, y nada más.
Sí, aunque no deseo decirlo, dolor.
Entregamos al arte nuestro espíritu,
y realmente alguna vez, casi logramos un placer 
que parece como si fuera real. 
Así anteayer en el bar - con la afortunada ayuda 
de un alcoholismo muy piadoso- 
disfruté media hora de erotismo pleno.
Y tú lo supiste, me parece,
por eso te quedaste un rato más sólo para mí.
Yo lo necesitaba mucho.
Que aquella fantasía y aquella bebida mágica 
Me concedieran ver tus labios, 
Me permitieran sentir tu cuerpo cerca de mí.

martes, 21 de abril de 2009

Nada es imposible.


 Ecce Venio (heme aquí) retomando un muy corto stanbye , pero sin saber que escribir o que contaros, aunque la luz sigue iluminando mis días. Hay tanto por lo cual dar gracias… la fortaleza de mi entorno, el amor de los míos, el respeto de mis amigos, la sabiduría que se me muestra día a día, los tesoros que he encontrado en el camino y - por que no decirlo - los desastres de los que me he librado, los dones con los que me bendijo el universo, y la fuerza necesaria para enfrentar cada salto....
Nunca, es demasiado tiempo. La esperanza es ahora el mejor de mis estandartes. La vida no ha dejado de sonreír, aun cuando a veces no lo he visto....
En esta nueva batalla, extiendo mis alas al máximo. Ya nada es imposible.

viernes, 17 de abril de 2009

Creo que es el fin...

Cuando estás tirado en el suelo, totalmente abatido, te encuentras en una soledad absoluta. Estás así porque ya no tienes adónde ir, no sabes qué hacer. Estás tan metido en tus penas que sólo atinas a estar de esa forma, como abandonado a la nada. El tiempo te ha vencido, no has podido resolver tus dudas, tus angustias, tus problemas. Es tan triste que alguien esté en tal estado de abatimiento… Sólo esperas un milagro. O también una nueva etapa en tu vida. Una nueva etapa en tu vida porque la que estás atravesando ya no la podrás resolver. Sólo quieres seguir viviendo.
Quizá tendría que decir dónde estoy. Imaginaros un cuarto. Un cuarto cualquiera. No importa mucho saber cómo es. Pero si queréis, os digo que las paredes son blancas. Hay muchos libros, papeles y cigarrillos. La ropa está por todas partes. Mi inquietud también. Pero mi inquietud no está desordenada. Está alborotada. Pero este detalle de la inquietud no viene al caso. La cosa es que estoy en un cuarto y tengo al frente una ventana. Una ventana con una persiana. La persiana está cerrada. No veo nada. Solamente veo la pantalla de mi portátil.
Hubo un tiempo en el que para callar voces empecé a escribir, y escribiendo me liberaba de mis obsesiones, respondía preguntas, leía mi futuro (de esto me acabo de dar cuenta), expulsaba mi ira, mentía sin usar mi mirada, olvidaba mis frustraciones (al menos momentáneamente) calmaba mis migrañas, curaba mi gastritis, en fin, me deshacía de mis problemas.Purgaba mi cuerpo, sanaba mi alma.Y ahora ya no funciona. No estoy mal, pero tampoco estoy bien. Y ese es problema.Aprendí a enredar con palabras, empecé a ser consciente de que cada palabra no decía ni más ni menos de lo que yo quisiera decir. Eso de cierto modo me confería poder, y creo que fue eso lo que me enganchó.Primero fue una vía de escape, luego fue un juego, y esto tenía un claro final: se convirtió en un vicio.
Empecé a escribir porque aprendí a callar, y eso (físicamente) no me hace ningún bien.Me acostumbré a vivir de mis palabras, es el único modo que tengo para poder entender las cosas, es mi manera de sistematizarlas. Sin palabras todo es caos.Y ahí esta el problema: ya no soy capaz de expresarme; si no escribo no encuentro manera de exteriorizar las cosas que percibo. De cierto modo me siento atado. Aunque de todas formas cuando escribo también estoy atado porque todo tiene la dimensión que tengan mis palabras, así que al fin y al cabo... creo que voy a dejarlo, no termino de encontrar el sentido a todo esto.
He estado revisando textos y me he dado cuenta de que todo es como si estuviese intentando hacerme una manta con retales; intento cobijarme con este enorme amasijo de escritos, es casi como si tuviese vida propia, es como una gran bestia a la que quiero abrazarme, intento conseguir que me proteja.Me estoy metiendo en un mundo al que ya no puedo dimensionar. Y eso me esta asfixiando.
Cuando empecé este texto pensé que iba a poder explicar lo que siento en este momento, pero al parecer tengo muchas cosas que decir, mas de las que mi limitado razonamiento puede entender.

martes, 14 de abril de 2009

Perdonar


“No lo hago por ti, tu no me importas, lo hago por mi,  pues si deseara mal para alguien, este me repercutiría a mi”

Si lo que quiere alguien que dice estas palabras es un estado positivo creo que se equivoca. Me parece que el ser positivo radica más en el pensamiento que en los hechos y desde luego esta actitud me parece egoísta y el egoísmo no creo que sea una actitud positiva. Creo que el principio de positividad entre dos personas que hayan tenido agravios recíprocos está en el perdón, en saber perdonar con sinceridad, con el corazón, no basta con decirlo, HAY QUE SENTIRLO.

El precio que se paga a diario por mantener un resentimiento por algo que ya ha pasado y no puede cambiarse es sumamente alto.
Me doy cuenta que cuando se hacen importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas se llena uno de resentimiento, aumenta el stress, no duermes bien y la atención se dispersa.
Perdonar y dejarlas ir te llena de paz y calma, alimentando el espíritu.
La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón es una expresión de amor.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.
Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos  negativos que nos causaron dolor o enojo.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.
La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.
La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.
Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
"La declaración del Perdón es la clave para liberarte".
¿Con qué personas estás resentido?
¿A quiénes no puedes perdonar?
¿Tú eres infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?
"Perdona para que puedas ser perdonado"
"Recuerda que con la vara que mides, serás medido..."

viernes, 10 de abril de 2009

Tenacidad... y empeño.


… y le dijo el perro al hueso; tu serás duro… pero yo tengo tiempo.
Hace un par de días alguien me escribió diciéndome que yo no tenía remedio. Pienso que remedio se debe de poner a una enfermedad que yo no tengo, porque a un problema se le da una solución… que siempre tiene.
No creo que la tenacidad y la constancia sean enfermedades, más bien siempre entendí, o así me lo enseñaron, que son virtudes. Hay un proverbio árabe que dice que quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda. Por eso puede que no consiga lo que pretendo pero aprenderé mucho en el camino.
Soy tenaz y constante, lo sé muy bien, y es posible que con mi tenacidad aburra a más de uno y como resultado obtenga el silencio, pero yo nunca me doy por vencido, si tengo un objetivo en la cabeza, y espero que siga siendo así, llegaré, más tarde o más temprano, pero llegaré a él.
Dicen que la muerte blanca —la muerte por congelación— es una muerte dulce: entra una especie de sopor, lleno de sensaciones agradables en las que uno se encuentra, incluso, optimista... y entre dos sueños se escapa el alma. Aquel hombre, Guillaumet, lo sabía. No le costaba nada dejarse estar, recostado sobre el suelo helado, no levantarse después de una caída, decir ¡ya basta, se acabó!, y no volver a intentarlo de nuevo.
La historia, la cual leí hace muchos años y en francés, es de Antoine de Saint-Exupéry, en "Terre des hommes", donde narra la aventura de un piloto cuyo avión se había estrellado en Los Andes, y que tras una increíble travesía apareció destrozado pero vivo, cuando todo el mundo había perdido la esperanza.
Aquel hombre tenía un montón de razones para dejar de luchar por salvarse: no conocía el camino, era casi seguro que todo aquel sobrehumano esfuerzo no serviría para nada. Estaba solo, perdido, roto de golpes, de fatiga, de cansancio. Derribado a cada paso por la tormenta, en una zona de la que se decía: «Los Andes en invierno, no devuelve a los hombres».
«He hecho lo que he podido y ya no tengo esperanzas, ¿por qué obstinarse en este martirio?» Le bastaba cerrar los ojos para borrar del mundo las rocas, los hielos y las nieves. Y ya no habría golpes, ni caídas, ni músculos desgarrados, ni hielos abrasadores, ni ese peso de la vida que tenía que arrastrar tan pesadamente.
Pero Guillaumet piensa en su mujer, en sus hijos, en sus compañeros. ¿Quién podrá mantener a esa familia que le aguarda en algún lugar de Francia si él se para? No, no les podía fallar. Ellos le querían, le esperaban. ¿Qué pasaría si supieran que estaba vivo? «Si mi mujer cree que vivo, cree que camino. Los compañeros creen que camino. Todos tienen confianza en mí, y soy un canalla si no camino.» Cuando volvía a caerse, repetía esas palabras. Cuando las piernas se negaban a avanzar más; cuando los huesos todos de su cuerpo gemían entumecidos por el frío y el cansancio; cuando después de bajar tenía que volver a subir, como en un carrusel que no acababa nunca, volvía a repetir el mismo estribillo: «si creen que vivo, creen que camino, y soy un canalla si no sigo».
Cuando lo encontraron, su primera frase fue como resumen de su tenacidad extraordinaria: «Lo que hice, te lo juro, ningún animal lo hubiera hecho». Saint-Exupéry lo comenta así en su obra: Ésta es la frase más noble que conozco, una frase que sitúa al hombre, que le honra, que restablece las jerarquías verdaderas.
Cuando Guillaumet está exhausto y le abruma saber que es casi imposible que llegue a encontrar a nadie en aquellas montañas, rechaza la voz del agotamiento, que le incita a tirarse al suelo y renunciar. El animal sólo soporta el agotamiento cuando está espoleado por impulsos básicos, como el miedo; sin embargo el hombre ha multiplicado los motivos para sobreponerse y aguantar: los valores que influyen en su conciencia pueden ser sentidos, como sucede a los animales, pero también pueden ser pensados. Cuando los sentimos, sólo experimentamos su atracción o su repulsión; cuando los pensamos, podemos ver lo valioso aunque casi no sintamos nada.
Lo innovador del hombre es que puede regir su comportamiento por valores pensados, y no sólo por valores sentidos. Si sólo pudiéramos acomodar nuestra conducta a lo que sentimos, no podríamos hablar de libertad, porque no podríamos dirigir libremente nuestros sentimientos. A pesar de la angustiosa protesta de sus músculos, y de que sólo siente cansancio, Guillaumet puede pensar en otros valores, o recuperar de su memoria los valores vividos en otras ocasiones, y ajustar a ellos su comportamiento. Una vez más, lo espiritual se introduce en lo corporal, lo amplía y lo enriquece.

martes, 7 de abril de 2009

Escribo

Escribo porque mi mano se estremece sobre el teclado y el corazón late con tanta fuerza al sentir las palabras que viajan por mi torrente sanguíneo hasta almacenarse en la memoria y plasmarse en un trozo de papel... o archivo…
Porque las letras llenan mi vida de intensas caricias y besos que apasionan mi alma, hacen una fiesta en mi interior, danzan con la música de mis recuerdos y descansan en mis labios.
Escribo porque la vida se compone de momentos y son esos los que son eternos en la poesía, en la prosa, en un cuento...
Estoy enamorado del espíritu de cada letra, llego a sentir la vida que me dan al hacerlas mías, recrean en mi corazón cada momento, como una película que ves una y otra vez, siempre con la misma emoción, con el mismo nerviosismo y las mismas sensaciones que el tiempo te regalo.
Escribo porque el silencio y la inspiración se hacen cómplices en cualquier momento y me invitan a sumergirme en ellos, a cerrar los ojos y permitir que mi memoria haga suyo el momento...
Escribo porque amo intensamente lo que otros llaman locura, esa sensación que te envuelve y te conduce al éxtasis, esa armonía entre sentimientos e imaginación...
¡Bendita locura!
Escribo porque la necesidad del alma es esa, por que se alimenta de cada letra, cada coma, cada punto, con todo el manjar que brinda la expresión del corazón... 
Escribo porque más que insistente desahogo, es la oración de mi cuerpo, de mi esencia, de mi humanidad y mi alma.

Escribir es mostrar la huella digital del alma, desnudarse y nadar, volar y sentirse libre: una sensación gratificante del espíritu, que conlleva expresar lo que presentimos, gozoso o amargo, cotidiano o trascendente, para compartir un mensaje con nuestros semejantes. Escribir es una vocación, a veces tardía, que se descubre cuando el trastero de la memoria está repleto, y  se quiere mostrar la colección de recuerdos y visiones para reciclarlos y convertirlos en algo parecido al arte. Escritor es quien que necesita escribir, no alguien que sepa escribir

Escribir es un acto de amor, preparado desde la intimidad de la introspección y la soledad, quizá desde el exhibicionismo, pero destinado a los demás, a quienes sentimos cerca y a todavía quienes no conocemos. Escribir es hablar con quienes no podemos conversar de otra forma, es darse un baño de humanidad con sus miserias y esplendores. Escribir es un drenaje terapéutico que otorga voz a nuestra mudez, una catarsis que limpia nuestras penas mediante la comunicación. Escribir es espiar en nosotros mismos, a veces sin querer admitir los misterios que descubrimos dentro. Pretendemos escribir nuestra mentira, pero transcribimos nuestra verdad. Escribir es  abrir el grifo del corazón y verter el exiguo botín de nuestra vida, una pobre historia de amores y odios, pero con grandes personajes a nuestro alrededor.

Escribir es recordar, con memoria anticipada fruto de un malestar entreverado de nostalgia, pero no sólo añoranza del pasado o del tiempo huido que quisimos haber admirado, sino también del futuro, de esos mañanas que presentimos y en los que quisiéramos estar. Escribir es condenarse, como adelantó Richelieu: “Dadme seis líneas manuscritas por el hombre más honrado, y hallaré en ellas motivos para hacerle ahorcar”. 

Escribir es una adicción, que cuando se adquiere impele a investigar dentro de nosotros, para desvelar nuestra más profunda identidad. Escribir es navegar ligero, planear al son del viento, abrazar el tiempo, detenerlo en la eternidad de unas tenues páginas. Escribir es ralentizar el tiempo, como viajar según apuntó Graham Greene. Pero, escribir también es un hueso duro de roer, una lucha agónica para analizarnos y discutir con nosotros mismos, para sorprendernos con los espectros aparecidos de nuestra mente, para asombrarnos de nuestra propia creación surgida al declararnos a ignotos lectores.Escribir nos hace más humanos. Escribir es respirar y vivir. Escribir es pintar sentimientos como mejor modo de felicidad. Escribir es pedir ayuda a las palabras, que orbitan a nuestro alrededor y juntos comenzar a crear algo. Cuando sucede que la inspiración se suma, sentimos que el trabajo es bello y somos felices. 

Escribir es fecundar el mundo y dejar preñada nuestra muerte.

miércoles, 1 de abril de 2009

Bécquer y como quieres que te recuerden

Al ver mis horas de fiebre

e insomnio lentas pasar ,

a la orilla de mi lecho,

¿quién se sentará?


Cuando la trémula mano

tienda próximo a expirar,

buscando una mano amiga,

¿quién la estrechará?


Cuando la muerte vidrie

de mis ojos el cristal,

mis párpados aún abiertos,

¿quién los cerrará?


Cuando la campana suene

(si suena en mi funeral),

una oración al oírla,

¿quién murmurará?


Cuando mis pálidos restos

oprima la tierra ya,

sobre la olvidada fosa

¿quién vendrá a llorar?


¿Quién, en fin, al otro día,

cuando el sol vuelva a brillar,

de que pasé por el mundo,

quién se acordará?

G. A. Bécquer

Me encantan las rimas de Bécquer. Para mí es necesaria su lectura puesto que hace evadirme de este mundo actual tan matemático y carente de sensibilidad, donde frecuentemente lo más valioso pasa desapercibido. Cuando las leo siento que asciendo unos escalones desde los cuales veo la vida cotidiana que llevamos como un reloj, que marcando horas, no sabe adónde va.

Me gusta la poesía. Y la disfruto, en mis tiempos o ratos libres la práctico, la leo, la medito, y por qué no, la escribo. Escribo lo que está en mi mente, lo que de mí nace y hablar de un autor tan destacado como él es volver al romanticismo, es renacer en la misma poesía de quienes la saboreamos. Desde que conocí su obra me interesó. No la conozco toda porque sé que aún puede tener más de lo que yo conozco y como lo dice en una de sus frases "podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía".

Su exquisita sensibilidad, su don para la gloriosa sencillez, bastan para hacer olvidar sus posibles préstamos de poetas como Heine. Renueva profundamente las esencias románticas, actualizándolas y evitando sus excesos; en Bécquer la naturaleza presta armoniosa su capacidad de concitación al poeta; en Bécquer, lo etéreo y lo espiritual son apoyatura necesaria para llegar a una concepción sensual pero sin estridencias del amor, aun a la erótica en el más hermoso y vitalista sentido, y a una concepción completamente actual de la poesía, "natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra", diría él mismo.

¿Quién murmurará?, ¿quien llorará?, ¿quien se acordará?

La vida es sacrificio, son determinaciones, opciones, decidimos continuamente .En ese proceso aprendemos porque nos equivocamos, aprendemos de esas equivocaciones para crecer. Pero mas allá de eso cada uno de nosotros tiene valores que lo identifican como individuo en una sociedad. Para algunos el prestigio social y empresarial lo es todo, para otros lo material solo es un medio para vivir en paz y dignamente sin estridencias, priorizan los valores humanos muy por encima de lo mediatico, lo externo y de las apariencias, son personas que tienen sensibilidad social, que están dispuestas a dar una mano al que lo necesite, tienen un grado de comprensión de la realidad y de la vida que esta mas allá de las modas, de la insatisfacción que esta sociedad materialista y competitiva nos contagia y nos impone y que nos mantiene cautivos al eterno consumir para saciar algo que nos falta pero que no sabemos que es.

Cuando se esten apagando las luces de nuestra vida,, cuando ya veamos que estamos próximos al final del camino, mas allá de que tengamos la suerte o no de pensar al respecto, mas allá de que el final este preanunciado y estemos dispuestos a dar pelea para evitarlo, muchas veces me pregunto como me gustaría que me recuerden después del día que ya no este mas. La vida me dio la suerte de tener hijos, por eso prevaleceré atraves de ellos, me perpetuare atraves de ellos, ellos son un vestigio de mi paso por esta tierra, ellos existen y por tanto células mías sobrevivirán para que me recuerden. Pero además quizás esté en los corazones de quienes me recuerden ,de aquellas personas con las cuales tuve el honor de interactuar y que me conocieron y que hayan tenido tiempo en conocerme ,en saber como soy como persona, como amigo, como hermano o hijo, como pareja o como padre.

¿Como te gustaría a ti que te recordasen?, ¿cuales son los valores que hacen que sientas que puedas ser recordado por la clase de persona que eres ?