sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Bailamos?

 
Acabo e ver la película “Shall we dance? (¿Bailamos?)” de Richard Gere y Jennifer López y no sería nada más que un simple hecho insignificante a no ser por los recuerdos que han venido a mi mente. Me encanta bailar, suelto y agarrado, aunque posiblemente esto segundo sea mi mayor preferencia y siempre que puedo y encuentro alguien a mi “medida” no suelo soltarla durante un largo rato. Pero vayamos al tema. 


Era el cumpleaños de una amiga y celebrábamos el evento en su piso de la ciudad. Todos los amigos y amigas estábamos por aquel entonces muy unidos aunque debo decir que con una de ellas las cosas no iban demasiado bien, aunque aquel día estaba más receptiva de lo normal. Sonó la música y me sacó a bailar. Eso no tendría nada de extraño a no ser porque desde que la conocí, hacía casi dos años, nunca jamás había bailado conmigo. 


Mi mano izquierda cogió su derecha mientras ella posaba su brazo izquierdo sobre mi hombro. Pasé mi brazo por su espalda hasta que mi mano dio con el cierre del sujetador, presioné suavemente pero con firmeza hasta sentir sus pechos clavados en mi cuerpo, cerró sus ojos y comenzamos a bailar en un espacio no muy superior a un metro cuadrado. 


No os contaría esto si no fuera porque nunca había sentido en un baile tanto sincronismo y ritmo como aquel día. Creo que fuimos por unos minutos, la pareja de baile perfecta. Nunca más volvió a bailar conmigo, aunque los motivos fueron diferentes. Una lástima. 


No recuerdo la música, pero aquel baile… nunca lo olvidaré.

martes, 6 de diciembre de 2011

Deseo vs amor



El deseo es como un flash que se enciende, y con su intensidad puede quemar...
El amor es un sol suave que da la vida... 

El deseo pretende recibir, el amor se siente feliz, dando... El deseo te atrapa en su red y te posee, como una droga adictiva... El amor es la esencia de la vida, es la vida, y no necesita la posesión, ni el sufrimiento, ni una víctima... Eres libre en la relación, y la relación es más compleja... 

El deseo es una chispa que puede transformarse en amor (si pones la leña y mantienes la llama encendida) o dejar sólo las cenizas, quemando todo detrás si... 

Cuando tienes deseo, sólo quieres el cuerpo. Cuando tienes amor, amas el alma, la persona. Es el secreto del amor. El amor es una aptitud y un camino hacia otro. 

Si aún no has encontrado tu luz interna, cuesta más de encontrarla y verla en el corazón de otro. 

Cada uno tiene un deseo escondido dentro de si: poder sentir el amor en su plenitud existencial, desear y amar a la vez, cuando las almas de la pareja se entrelazan como sus cuerpos... 

jueves, 1 de diciembre de 2011

En el corazón de una canción



Siento las notas que flotan libres

y me llevan a ti, como en un conjuro

o maleficio imposible de deshacer. 

Y es ahora que me doy cuenta que hay cosas 

que son para durar hasta el fin de los días, 

como el amor a lo intangible, a la emoción 

del recuerdo de una vida agotada 

que aún está en el corazón de una canción

domingo, 27 de noviembre de 2011

Me duele todo



Hay días que me duele todo... 

Todo me duele. 

Me duele la falsedad. 
Me duele el desengaño. 
Me duele la soledad en compañía. 
Me duelen las miradas de reproche. 

Me duele la tarde de horas grises. 
Me duele la noche esperando nada.

Me duele la derrota cotidiana. Me duele. 

Me duele la falta de respeto. 
Y la ternura que no encuentro. 

Me duele la frialdad de algunas personas. 

Me duelen las discusiones. 
Me duele la indiferencia. 
Me duele la soberbia. 
Me duele la hipocresía

Me duele el calendario porque me duele el recuerdo. 
Me duele el espejo. 
Y me duele el reloj, imperturbable. 
Me duele el teléfono que no suena. 

Me duelen las dudas. 
Me duelen las certezas. 
Me duelen los adioses. Me duelen. 

Me duele la risa insolente. 
Me duelen las lágrimas ajenas. 

Me duele el amor que me sobra... 
Me duele el amor que me falta. 
El amor me duele. 
  
Me duelen las promesas incumplidas. 
Me duelen las oportunidades perdidas. 
Me duelen los sueños nunca vividos. 
Me duelen las ilusiones extintas. 

Me duele el silencio cuando el corazón grita. 
Me duele el dolor (tu dolor). 

Me duele no saber qué decir. 
Me duele no poder hacer nada...


martes, 22 de noviembre de 2011

Amnesia



Y vuelta a empezar 
como si nada 
hubiera sucedido 
y hacer que las imágenes 
se desvanezcan 
como la debilidad 
de la espuma en el agua. 

Y empieza 
y limpia
o que la ceguera, 
o la amnesia 
inunde el cerebro,
para que el dibujo 
de las huellas 
sea invisible. 

Por si así, 
algún día 
volver a empezar, 
y que el miedo 
no ahogue 
el último grito 
de la esperanza.

martes, 15 de noviembre de 2011

Entre la desesperación y la esperanza



Sabe que la conciencia es su motor, pero el miedo le supone un freno poderoso.
El miedo cada día se hace más profundo, transformándose en una presencia cotidiana, casi cómplice, pero no amiga: más bien es un compañero que mina la esperanza.
Y que, a pesar de asustar a golpe de trucos, siempre vuelve.
Aparece, apoderándose de tu cabeza y helando el corazón, cuando piensa que el mundo en que vive no tiene salvación. Repasa la historia y deduce que nunca aprenderemos la lección. Actualizar la lista de delitos, violencias y guerras, injusticias y terrorismo de todo tipo, enfermedades físicas y mentales que incluye el individualismo exacerbado y la falta de empatía, desastres ecológicos y las amenazas que conllevan... y las entrañas se le encogen, se le hace un nudo en la garganta y teme que todo está perdido, que se encuentra presa en un mecanismo monstruoso, donde la única posibilidad es ir tirando hasta que todo estalle o le llegue su hora.
Casi cree que el pasado acondicionador del presente ha condenado el futuro, sin remisión posible. Casi…
El desencanto lleva de la mano la derrota, y ésta la inmovilidad. En diferentes momentos se ha sublevado y ha tomado decisiones concretas: apadrinó una niña africana, se sumó a un colectivo ecológico activista, hace tiempo que colabora. Colabora con una asociación protectora de animales abandonados, en casa ha colocado botellas llenas de arena en las cisternas, clasifica la basura según los materiales, utiliza lámparas de bajo consumo, papel reciclado, pilas recargables, productos respetuosos con el entorno…  nunca mata a un insecto, ni vierte aceite al fregadero, ni compra artículos de determinadas marcas ... Se lo mire como lo mire, pero, todo esto le parecen gotas de agua dulce tiradas en un océano agrio, indiferente , inmenso. Mientras, se regala pequeños placeres que justifican la existencia en medio de aquel caos interior que conlleva la lucha entre la desesperación y la esperanza: al despertarse, leer un poema, a la hora del desayuno, contemplar sin prisa un trocito de mar azul que todavía ve desde la ventana, sin prestar atención a las grúas, cubrirse con ropa que conforta la piel, sin someterse a la tiranía de la moda, y caminando por la calle, captar la melodía leve de las hojas o el trino atrevido de algún pájaro, ignorando el ruido del tráfico; intercambiar una sonrisa con algún rostro desconocido, por el placer físico de hacerlo, cada noche, contemplar la luna, pasear entre estrellas, o dibujarlas sobre la oscuridad ... Paso a paso, va llenando el día de migajas de placer y de coherencia, de momentos salvados de la oscuridad, la degradación, la monotonía y el desencanto, iluminando con luces especiales. Y la noche… de sueños. A pesar del miedo. Por fin, arriesgándose mucho, ha decidido iniciar una nueva batalla, dándose una razón definitiva para no desfallecer y seguir combatiendo para salvar su universo. Cuando no hay posibilidad de volver atrás, sólo queda una salida: hacer camino adelante, con pasos firmes. Ella ha dado un gran paso, acaricia el vientre dilatado, sonríe a la criatura que llegará pronto... y diseña estrategias de victoria.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Plato frío



Los días, indiferentes, pasan tan silenciosamente que se confunden entre ellos.
Los rostros, llenos de falsedad y soledad en compañía, engañan burlándose de todo. Rodeado de egoísmo, ignorancia, injusticia, vanidad, soberbia... Absorbido por el mundo, por la misma gente y su vacío, siempre pisando las mismas calles teñidas de hipocresía. Allí donde sólo hay ratas mezquinas que devoran poco a poco nuestro cerebro, dejándonos las neuronas justas e intentando volvernos como todos los demás.
Mi alma grita en silencio ante todo esto, me encoge el corazón y se ahoga en lágrimas que salen húmedas, mientras queman por dentro... Cierro los ojos y los vuelvo a abrir. Pero todo sigue igual. Me quedo aquí, una vez más, con preguntas que ni siquiera tienen respuesta, preguntas que lo único que producen en mí es empaparse más de incomprensión.
Dicen que la venganza es un plato que se debe tomar frío, pero en frío, pienso yo, hay que tener la mente muy corrosiva para tratar de hacer daño a alguien. Doy gracias (y no sé a quien) porque estoy seguro, a pesar de todo lo dicho, que en mi entorno, y en mi mismo sobre todo, no hay nadie con esa mentalidad.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Palabras... solo palabras.



Quisiera decirte tantas cosas que se me apagaría la voz. Te escribo este texto, que es tuyo, aunque las palabras no sean las más exactas, ya que las cosas más simples son las más difíciles de explicar.
Estaré contigo, por si algún día te pierdes y no encuentras el camino, por si te roban el tiempo y los segundos se hacen años, por si te ahogas en lágrimas y te olvidas de sonreír. No te preocupes, porque siempre estaré ahí para recordarte quién eres y, de esta manera, tal vez entenderás porque hay aún gente que te rodea y te quiere.
Si te tengo demasiado, tengo miedo de mí. Si te tengo demasiado poco, tengo miedo de ti. A veces, cuando el miedo se apodera de mis pensamientos, deseo no quererte tanto, pero es casi tan inevitable como besarte.
Me gusta escuchar tus ojos cuando me dicen lo que tus labios no se han atrevido decir y me gusta darme cuenta de que tu amor me hace más libre.
Te quiero cuidar y hacer que nunca te quede grande el mundo. Quiero dedicarte todas mis sonrisas, que antes tú me has entregado a mí. Quiero enseñarte mi forma de vivir, pero luego borrarlas y hacer nuestra forma de vivir.
Todavía no nos hemos encontrado lejos ni las distancias nos han separado, pero sinceramente es lo que más temo hoy.
Tanto me da si tengo que bajarte el cielo para que lo puedas tocar, si tengo que recorrer las calles más oscuras o las aguas más bravas, no importa que tenga que arriesgarme si es para ti.
Toma la vida como un regalo, toma cada día como especial. Considera que cada mirada es única, piensa que cada sonrisa es diferente. Quiero que la esperanza de que cada paso que das sea positiva. Piensa que la primera vez que haces algo nunca se repetirá, pero no te olvides de que la segunda ni la tercera ni ninguna de las veces que lo repitas te sentirás igual que el anterior, que cada vez es la primera, que cada experiencia es nueva, que nada está sometido a la rutina.
Explora mundos nuevos, llenos de magia aún no descubierta. Eres libre, puedes soñar, correr, nada más importa, sólo tú, tú te pones el límite. Puedes detener el tiempo, puedes soñar despierta, puedes valorar muchas cosas en esta vida. Leer, déjate llevar por mil y una historias diferentes, así algún día encontrarás una en que te sentirás reflejada, que te ayudará en muchos aspectos, ya lo verás.
Desconecta del mundo, sabes que necesitas tiempo para ti misma, para estar sola… y pensar, y dejarte llevar por lo que sientes dentro de ti. Escucha a tu corazón, él siempre te habla, nunca lo dejará de hacer. Derrota los problemas, no te amargues, no lo dejes hacer, no te es indiferente, y lo sabes, lo sé. Piensa en lo que quieres hacer y hazlo, no necesitas saber nada más de esta vida. Las otras lecciones... te digo yo que se van aprendiendo durante el camino. Nunca lo abandones, nunca pierdas la esperanza, NUNCA. Busca tu luz, y ya sabes, que quien bien busca, bien encuentra. La luz te espera, ¡nos espera a todos! 

viernes, 4 de noviembre de 2011

Manual de supervivencia en la danza de apareamiento de un informático



Afortunado lector:
Si este texto ha llegado a sus manos es que, en un momento u otro de su vida, ha presenciado siete momentos de la danza de apareamiento de un informático. Esta es una pequeña guía que le orientará sobre los principios más comunes para sobrevivir en caso de que tenga que volver a pasar por una experiencia similar (El Universo no lo quiera): 

1 - El informático siempre comienza su danza de apareamiento estableciendo un contacto visual con su presa. Estadísticamente no se ha identificado ningún perfil concreto que atraiga especialmente la atención de estos voraces depredadores, así que se considera que cualquier persona puede ser víctima. Este contacto visual suele durar entre 40 y 180 minutos aproximadamente. Si pasado este tiempo, la presa sigue a su alcance visual o olfativo, el informático se dispondrá a iniciar la siguiente fase. 

2 - En esta segunda fase el informático se dispone a acercarse a su presa. A menudo se intentará acercar disimuladamente entre la multitud con un refresco en la mano (se cree que el alcohol destruye los tejidos internos de los informáticos) y, una vez ante la presa, procurará dibujar una mueca de paupérrima seducción en su rostro. Aquí es donde las personas más sensibles pueden sufrir varios problemas que van desde migrañas hasta náuseas o trastornos alimentarios graves. Si el estómago de la víctima es suficientemente fuerte para resistir esta dantesca visión y, por alguna razón incomprensible, y no decide huir entre gritos de terror, el informático pasará a la siguiente fase. 

3 - Aquí es donde el informático deberá valer de su ingenio para intentar establecer un vínculo verbal con la víctima, que a menudo vendrá dado por una frase directa o derivada del cine o la televisión, ya que es el único vínculo que une el mundo de los informáticos con el mundo real. Así pues, no es extraño ver a un informático acosando a su presa al son de la frase "coge las pastillas rojas", o "Estoy siguiendo el conejito blanco". Si el informático es capaz de ingeniar una frase que no cause lesiones auditivas graves a su incauta presa optará a que ésta, totalmente inconsciente del peligro que corre, le responda, dando paso así a la cuarta fase. 

4 - Si el comentario del informático obtiene por respuesta cualquier cosa diferente a una tortazo o un spray antivioladores, este entrará en un estado de sudoración extrema que, según afirman los especialistas, en un pasado remoto servía para liberar esporas. Esta fase supone un grave riesgo físico para la elegida, ya que está químicamente demostrado que el sudor de los informáticos está formada por, entre otros compuestos, ácido clorhídrico. En función de la densidad de esta concentración el contacto con la piel del informático puede provocar urticarias o incluso quemaduras de segundo grado, y las autoridades en el tema sostienen que este compuesto, una vez tratado adecuadamente, podría ser un buen sustitutivo del combustible fósil. Si la víctima resiste esta fase, se inicia la última fase que se ha podido observar en la práctica hasta el día de hoy.

5 - Se llama fase de diálogo, y es aquí donde el informático deberá demostrar su capacidad intelectual de adaptarse al mundo real. Si el informático es aún demasiado novato a menudo es aquí donde, después de poner los ojos en blanco, comenzará a sacar espuma por la boca mientras pronuncia frases como "Error 404" o "Java.IOException". En caso de que su experiencia le permita superar el choque emocional de entablar un diálogo con una hembra, el informático a menudo basará sus comentarios en series de televisión, directores o actores de cine. Excepcionalmente se asegura haber encontrado ejemplares que son capaces de hablar de política o actualidad sobre el mundo real, pero se consideran rarezas en su especie. Esta fase suele terminar siempre por alguna de estas razones: 
- El informático pierde el conocimiento de forma repentina.
- El informático eclosiona sobre sí mismo, creando un pequeño agujero negro que absorbe la materia a su alrededor.
 - El informático pierde el arte del habla y empieza a hablar en binario, imposibilitando así que la conversación evolucione. 
- La víctima se convierte en presa de un ataque de terror y huye corriendo. Este ataque suele ser causado por una sonrisa o un movimiento de cejas del informático. 
- La víctima, al verse acorralada, se toma la cápsula de cianuro que, por precaución, se reparte gratuitamente en las farmacias. 

Esta es la última fase documentada sobre la danza de apareamiento de un informático. A través de complejas teorías y simulaciones los científicos han generado diversas hipótesis de lo que podría pasar en una hipotética siguiente fase, llamada fase Omega:
- El informático, al darse cuenta de que su presa no tiene entrada USB, se encuentra completamente confundido y se retira a su oscura caverna. 
- El informático se moja con agua, comienza a multiplicarse y propaga el caos y la destrucción por todas partes. 
- El informático se desintegra de repente, dejando sólo la ropa y un molesto aroma de goma quemada. 
- El informático muestra su verdadero cuerpo desplegando las alas, atrapando la toma con su cola retráctil, y huyendo el vuelo a través de un agujero que él mismo hace en el techo mientras escupe fuego por la boca y saca rayos láser por los ojos. 

Estos son pues los consejos más útiles para sobrevivir a la danza de apareamiento de un informático. Hay que tener en cuenta que estos datos son orientativos y que sólo deben servir para casos de emergencia ya que el encuentro con un informático en celo es una situación extremadamente peligrosa y que sólo se debe afrontar si no hay más alternativas Para concluir se darán unos últimos consejos de seguridad, que se pueden complementar y ampliar con otros títulos de esta editorial como "El informático en celo, y otro cuentos de terror", "El vampiro, el hombre-lobo y el 'informático: ciencia y mito "o" Cuarto Milenio: El despertar del informática ". 

Consejos de seguridad a tener en cuenta: 

- Esta guía ha sido realizada por profesionales. BAJO NINGÚN CONCEPTO se debe intentar establecer vínculo con un informático sin los conocimientos y las protecciones suficientes. 
- Hablar mal de Linux en presencia de un informático puede resultar según los expertos en un seísmo de intensidad 7 en la escala de Richter.
 - Aunque se desaconseja profundamente, en caso de tener que acercarse a una LAN-Party se recomienda el siguiente material: un crucifijo de madera, un CD-ROM de software libre para atraer su atención en caso de necesitar una huida de emergencia y un arma de fuego con balas de plata.

Esperamos que esta pequeña guía haya podido darle una idea elemental de cómo sobrevivir a tan indeseable situación. Para más información póngase en contacto con el Servicio de Animales Peligrosos del Bioparc de Valencia.





viernes, 28 de octubre de 2011

Secretos



De vez en cuando, recuerdo escenas concretas de mi infancia con detalles que las dotan de un relieve chocante.
Es una actividad que me puedo permitir en cualquier momento, en cualquier lugar: sólo necesito un poco de quietud física, un mínimo de silencio a mi alrededor, y esta memoria mía, que cada vez más a menudo olvida el presente y las cosas necesarias de cada día, pone en funcionamiento sus ruedas y me transporta al pasado, sin billete ni equipaje.
Así puedo evocar, como si fuera ahora, esa sensación de hormigueo en el estómago y de ardor en las mejillas que me asaltaba en medio de las reuniones familiares que, cíclicas y previsibles, se me hacían interminables…
Yo tenía, desde que los padres me notificaban la proximidad de la visita, una meta personal, un objetivo secreto. Sólo de pensar que iba a estar allí ya ardía, se me aceleraba la respiración, el corazón me latía escandalosamente y notaba que me aparecían dos lunas rojas en la cara.
Temiendo que todo el mundo había descubierto al instante mis intenciones, y que alguno de los presentes encontraría la manera de impedírmelo si no actuaba con rapidez, me deslizaba discretamente de la sala donde los demás charlaban, para evitar la posibilidad de una prohibición adulta. A menudo los mayores nos vedaban los placeres infantiles, a partir de una extraña intuición de nuestras preferencias y de ¡incomprensibles razonamientos!
Caminaba despacio, sin correr ni hacer ruido, deleitándome de antemano con el momento del encuentro , suspirando cuando vislumbraba por fin su silueta quieta esperándome, paciente, en el despacho. Al llegar, repetía una, diez, veinte veces su nombre, paladeando cada sílaba, imaginando todas las variantes posibles de la palabra: sé, se concreto, se-cre-ter, se concreto, SSSS...
Después me aproximaba con cuidado, sin precipitar el momento del primer contacto, de acariciarlo suavemente con las yemas de los dedos, siguiendo su figura, derrapando en las curvas, parándome en las aristas a la inglesa, percibiendo la textura satinada de la madera. Me miraba, dudaba, escogía, me echaba atrás, volvía a elegir... finalmente, me decidía a abrir lo que sería el primer cofre del tesoro del día.
Sabía, por exploraciones anteriores, que en el cajón superior derecho encontraría plumas antiguas, portaplumas y plumillas, en el fondo, un tintero de tinta negra de China y otro con líquido azul de algún país desconocido, que yo suponía peligroso simplemente por la escasa cantidad de líquido que observaba. Y a la izquierda, tarjetas de visita, tarjetones antiguos y esquelas.
Me constaba que en los intermedios había sobres de diferentes tamaños, grosores, estilos... y papeles de carta con texturas deliciosas, unos satinados, otros rugosos, de pergamino.
En una cajita guardaban los secantes para estrenar y al lado, unos cuantos ya usados, con restos de palabras y letras que sólo se podían leer utilizando un espejo: ¡auténtica magia!
Más abajo había dos cajones más profundos: uno de ellos estaba rebosante de facturas, pedidos y listados de mercancías misteriosas, indescifrables para mi edad y conocimiento del mundo. El otro derramaba cartas escritas en diferentes momentos por diversas manos que habían pasado horas y horas haciendo ejercicios de caligrafía.
En un cajón que se abría tirando de una anilla, removía fotografías de color sepia con los bordes dentados y retratos sobre cartón grueso, enmarcados con líneas negras, de personas que ya no existían.
Y en uno que sólo se abría cuando se estiraba desde debajo de una plataforma deslizante, se encontraba un paquete de sobres atados con un lazo de seda brillante bajo el que reposaba un pétalo amarillento, como una princesa esperando el beso que la despertaría del sueño de años y años.
Sabía también que en alguno de los inferiores se podía encontrar una inmensa colección de botones: nunca entendí qué hacían allí, en aquel secreter masculino, serio y eficiente, un poco huraño. Tan coloreados y juguetones como eran, me parecía que el lugar más adecuado para ellos habría sido el costurero, que era otro de los destinos, algo menos apreciado, en mis viajes mínimos pero fantásticos por el piso viejo, laberíntico y sorprendente de los abuelos paternos

martes, 25 de octubre de 2011

Definitivamente... sé lo que quiero



Aprendo a estar solo,
me estoy haciendo amigo de mi soledad espiritual,
de mi propia emoción.
Me estoy reconciliando con ella,
no quiero sufrir, quiero elegir.
Quiero sumergirme en mi interior,
observarme, crecer.
Quiero asumir lo que siento,
no quiero guardarlo, no quiero recóndito del mismo.
Quiero despertar las sensaciones, inquietudes.
Quiero conocer sin filtros lo que soy
y encontrarme individualmente.
No quiero sentirme rechazado por la desconfianza,
ni exagerar un error,
no quiero el perfeccionismo,
quiero aprender a equivocarme,
defiendo mis valores.
No quiero que me erosione la incredulidad,
quiero ser escuchado con una mirada.
Quiero escucharme a mí mismo sin interferencias.
Quiero que el sol me mire, que la lluvia repose sobre mí,
que la brisa se
​​insinue.
Quiero estar presente en cada sonido del silencio,
seguimos siendo viajeros;
el mundo gira vertiginosamente.
No tengo tomado por aprendido, por conocer, lo que no sé,
quiero volver a decir "explicamos un secreto",
para descubrir los puntos suspensivos de cada línea,
de cada disparo.
Quiero aprender a no tener miedo.
Quiero luchar por mis sueños,
entre un latido y otro hay un largo camino.
No quiero acostumbrarme a la dureza del corazón,
no quiero acostumbrarme a sentir dolor;
no importa de donde seas, allá dónde vayas,
hay que vivir el galimatías del hoy sin temor.
Quiero engendrar belleza a mí alrededor.
Quiero vencer los pensamientos negativos.
Quiero sembrar una semilla de la serenidad.
Quiero ser un barco y dominar el temporal.
Quiero ser una luz para quien anda a la sombra
de una ignorancia.
Quiero ser una sonrisa llena de romanticismo
Quiero ser el aliento de la palabra por quien se siente vencido.
Quiero ser una danza encantadora, indefinible
Quiero... Quiero... Quiero...
Me beberé los océanos,
sostendré el peso de una lágrima.
Seré un conjunto de notas.
Seré una progresión armónica.
dibujaré el pentagrama de mi vida
seré la clave de fa, haré silencios
y mis sentimientos marcarán el ritmo.
Y conseguiré jugueteando suavemente con la soledad
que sea un bálsamo para mi cerebro
y como diría Gandhi:
mis sueños no son bagatelas al aire.

sábado, 22 de octubre de 2011

Paso a paso



El tren ralentiza la marcha. Con pocos minutos de retraso sobre el horario previsto, el convoy zurce el paisaje de las afueras de Valencia. Los carrizales dispersos ceden protagonismo a los marcos, los huertos discretos en una alfombra limita el asfalto. Los edificios se yerguen cada vez más altos, cada vez más cercanos. La ciudad, que es al mismo tiempo etapa y meta, premio y castigo, paraíso y monstruo, realidad y sueño, pesadilla y delicia, te engulle.
Los pasajeros habituales reconocen los indicios. Los más impacientes empiezan a moverse o remover sus pertenencias. Lo hacen con calma, pero, conscientes de que faltan unos minutos para sumergirse en los túneles. Otros quedan inmóviles, aunque mecidos en los sueños, se permiten estar despiertos, resistiéndose a renunciar a la pasividad, la irresponsabilidad y el anonimato. Algunos aprovechan para contemplar el panorama humano interior, que está a punto de borrarse para siempre: repasan los que han sido compañeros involuntarios de trayecto durante un tiempo breve, demasiado breve para compartir nada, conocerse o crear vínculos, camino de la urbe. 

La mujer 

De repente, la mujer seria siente un odio irracional hacia la chica morena, que ríe como si la vida fuera una causa constante de alegrías. Hace días que ella no encuentra motivos suficientes, para hacerlo. No sabe que unas horas más tarde se reirá, a labio partido. Por lo tanto, ahora mismo le parece injusto que la alegría esté tan mal repartida, la fatiga que arrastra no es una buena abogada del prójimo. No ha descansado mucho, la noche pasada: los nervios, las pesadillas, la madrugada... Valencia no está al lado de su casa. Esto quiere decir que si te citan a primera hora, tienes que levantarte muy temprano, porque vives lejos. Es tu problema. Si vivieras en Valencia, ​​ya estarías. - Quizás también deberías madrugar-murmura la mujer, sin darse cuenta de que lo hace. Algunos conocidos suyos que viven en la gran ciudad, se tiran horas para llegar cada día al trabajo y volver a casa: soportan atascos pacientemente, combinan transportes imprescindibles, salvan obstáculos y distancias superando triatlones diarios. El pensamiento se le escurre meses atrás. Recuerda el informático con el que coincidió en febrero, en la comida familiar: se desplaza hasta el trabajo en bici, no una bici de alquiler, tan de moda ahora, sino la propia: no tiene que pagar nada por utilizarla. Últimamente tiene un problema añadido, a raíz de las nuevas normativas: si la liga a una farola o una señal, como hacía antes, se arriesga a pagar una multa dolorosa, que no se puede permitir. Cuando llega, debe subir en brazos, por fuerza, hasta el piso de las oficinas, dejándola en una especie de trastero. Todo esto se lo contó mientras mojaban la “titaina” en el patio de la masía rural, para dejarle claro que vivir y trabajar en Valencia no son coser y cantar. Vuelve al presente. Piensa de nuevo en la chica morena. Esta chica no parece tener dolores de cabeza: joven, delgada, despreocupada, enamorada. ¡Así cualquiera! En cambio, ella ya no es joven. No demasiado. No está delgada. No mucho. Tiene responsabilidades, las acepta. Y preocupaciones. Muchas, por cierto. No está enamorada. Ya no. ¿Puede haber más diferencias entre dos personas? Además, tiene dolor en el pie. Se ha puesto los zapatos nuevos, en contra del consejo ofrecido por la voz de la experiencia, y le están empezando a doler los talones. De pie la irritación es casi insufrible. Antes de salir de casa, hace más de una hora y muchos kilómetros atrás, ya ha empezado a notarlo. Por eso ha cogido el último momento unas tiritas adhesivas. Las que había comprado para su hija, aquellas "de diseño joven" según la farmacéutica: no podía comprar tiritas de Mickey para una adolescente, así que optó por las del Ágata Ruiz de la Prada, con corazones rojos sobre fondo fucsia: ¡una combinación impactante! A medio camino de la estación ya se ha puesto una. Cuando ha subido al tren, la tirita parecía una anguila, deslizándose tozudamente, haciéndole más estorbo que servicio, recordándole que todo tiene un precio. Con una clarividencia repentina, la mujer entiende la razón de su resentimiento hacia la chica morena: ¡no se ha ganado la felicidad que disfruta! Ella, en cambio, ha tenido que luchar por cada centímetro de superación, de seguridad, de confort. Ahora es dispuesta a dejarlo todo atrás e irse a vivir a Valencia, ​​mezclándose entre la multitud de personas anónimas que no conocen su pasado, ni la compadecerán cuando coincidan comprando el pan. Se quiere dar la oportunidad de cambiar. O de mejorar. Al menos, de empezar de nuevo otra vez, como si siempre fuera posible hacerlo. Si lo admiten, claro. Todo depende de si le dan el trabajo. Pero a poco que le ofrezcan un punto de seguro, está dispuesta a hacer equilibrios sobre la cuerda floja... con una ciudad diferente como espectadora: una Valencia saludablemente indiferente, ignorante de los antecedentes del artista que lo arriesga todo con cada paso sobre el precipicio. Mientras contempla como sonríe con travesura la chica morena, se inquieta: no podrá soportar mucho tiempo la tirita hecha una chapuza, será peor quitársela, cuando tenga que caminar será peor no llevar nada. En el mismo momento en que, en el asiento delantero, el chico desgarbado revela alguna confidencia al oído y la chica estalla en ruidosas carcajadas, decide quitársela. Cuando la joven se sosiega, se dan tres o cuatro besos muy seguidos, tan seguidos que la mujer no sabe cuántos le ha dado a  los labios de su alborotado acompañado. O en la barbilla, o en la mejilla, porque el chico también ríe, se mueve, y ella sólo le acierta la boca a veces. Con el movimiento de vaivén, le repica un cascabel que lleva en el cuello y le dando saltos las extensiones de colores de los cabellos. "Estos no deben venir a Valencia a buscar trabajo", dice la mujer, repasando la facha que hacen. Ella lleva un vestido-chaqueta fresco, sufrido, porque no puede aparecer en el trabajo toda arrugada. Ni cambiarse por el camino. No lleva una bolsa de mudarse. Ni mochila, ni capazo. Dentro no cabe una muda. Sólo el currículo, el monedero, las gafas, el móvil, la agenda, alguna tirita adhesiva de repuesto... ¡lo más necesario! La chica morena sonríe dulcemente, azucarada su aura, aguanta el rostro del chico con las dos manos, se acerca poco a poco y le da un beso profundo, largo, abrasador, que incendia el espacio entre los asientos y extiende el calor por todo el vagón. La mujer, que ha hecho todo el trayecto delante de ellos tragándose besos y risas con cara exasperada, arranca histéricamente la tirita del talón. Mirando adentro, no se da cuenta que ha quedado enganchada, por puro azar, a orillas del asiento: un corazón de sangre sobre fondo fresa meciéndose en el vacío... Todo a su alrededor se oscurece repentinamente, negro sobre negro, como en sus pesadillas.

 La chica y el chico 

Miran por la ventana: sólo se ve una oscuridad densa, antinatural. ¡Ya están! Se ríen porque han llegado. Ya sabían, que el tren los llevaría hasta la estación, pero el hecho de sentir por megafonía la confirmación de su creencia les hace sentirse seres afortunados, personas con estrella. Se levantan a la vez y al mismo tiempo avanzan por el pasillo, tan delgados y elásticos que comparten el escaso espacio confortablemente. Ninguno de los dos se da cuenta que la chica ha arrastrado una tirita del asiento de la mujer seria. Ahora, el colgante adherente adorna un lateral del pantalón. Pegada a la ropa, la cintita adhesiva ingresa en el andén subterránea, sube hasta la estación y atraviesa buena parte del vestíbulo. Cuando la pareja se detiene y hace bromas ante unas imágenes del quiosco de prensa, auténtica avalancha de imágenes y noticias frescas, la pequeña pieza se queda allí, suspendida por un solo punto de contacto de una pila de periódicos. Los chicos van besándose, tropezando brevemente con un hombre discreto, portador de una cartera negra.
 El hombre 
El hombre de negocios, Gerente de la empresa y Único Responsable de Innumerables Tareas, no duda ni un momento ante el expositor: cada día coge el mismo diario. La quiosquera no desperdicia saliva. Sólo intercambian monedas. El hombre lleva el periódico en la mano y la tirita escandalosamente romántica balanceándose de la cartera, como si dentro no hubiera suficiente espacio para los asuntos con corazón. Sale de la Estación del Norte con los oídos llenos del bullicio de voces, el gusto a café en la lengua y el aroma a tinta impresa subiéndole hasta las narices. Atraviesa espacios aún tranquilos. Cuando llega al edificio de oficinas, quince minutos después, el tráfico ha aumentado notablemente: la ciudad ha arrancado motores. Estira el cuello y tensa los hombros. Hoy deberá tomar Decisiones Importantes. 
La mujer 
Ha salido de la estación, ignorando la oferta del metro y el autobús  porque no vale la pena: la distancia es corta y tiene tiempo de sobra. A primera vista, la Plaza del Ayuntamiento le parece arisca, poco acogedora. No se detiene, pues. Empieza a caminar por la amplia arteria urbana hasta encontrar un punto de descanso más amable y da allí un respiro a su talón. Lo contempla, enrojecido y sin resguardo. No sabe qué ha hecho de aquel rectángulo brillante que lo protegía. Revuelve dentro de la bolsa buscando un nuevo apósito. Olvida su intención en encontrar el amuleto elegido como protección para la prueba de hoy, la hoja con el poema escrito a mano apresuradamente. Susurra un fragmento sin mirar las letras escritas: - Me he despojado de todo... Es mi cuerpo que os habla. Cada vez, cada fisura le dice todo lo que soy y he decidido a dar el primer paso y detrás de éste, todos los necesarios. Cuando llega a la altura de la Alameda que le interesa, cojea ligeramente, pero no se da cuenta. 
El hombre 
Ha leído el currículo, descubriendo unos méritos notables, sin, duda antes de recibirla. No lo reconocerá ante nadie, pero preferiría contratar a otro hombre. Al tenerla delante, recibe una agradable impresión general, hasta detectar en sus ojos un miedo y un ansia que le recuerdan, al menos remotamente, la mirada de su mujer, en paz descanse, siempre pidiéndole sin palabras que la rescatara de ese cáncer devorador. Él es experto en detectar gritos mudos. Ahora siendo uno que no quiere escuchar. Va pasando las fases de la entrevista con la decisión tomada de antemano. En cuanto se le presenta la oportunidad, suelta las palabras liberadoras. 
La mujer 
Siente la fórmula estereotipada y reconoce la condena. El acepta por un instante. Después se rebela. Él le acaba de hablar de estilos diferentes como si eso fuera un obstáculo insalvable. Ella busca en el entorno algo que le ayude. Observa aquel hombre extraño: ropa oscura, rostro oscuro, cartera oscura... sobre lo que destaca, colgando, una tirita atrevida, con un corazón candente a punto de caer al vacío desde el borde del cuero negro. Mirándolo, sonríe. Él nota un cambio en la expresión y en la postura de ella; ignora la causa; se desconcierta momentáneamente. 
- Diga lo que diga usted, sí tenemos algo en común... 
Se le escapa una risa breve, como un hipo, mientras saca una tirita sin estrenar de la bolsa. Cuando le enseña la pieza coloreada sobre la mano extendida, hace un gesto con la cabeza señalando la cartera. Él no entiende el gesto ni las palabras, pero responde a la orden silenciosa de la misma manera que contestaba a los ruegos de su mujer sin cuestionar la utilidad de las batallas. Se encuentra, pues, con dos flamantes corazones idénticos: uno, arrugado, deslizándose suavemente de su propio maletín, el otro, liso, nuevo, sobre una mano extendida que se acerca... Y oyendo de nuevo la voz de ella, añadiendo: -¡Se lo digo con el corazón en la mano! 
Aquella mujer se ríe de la situación, del chiste malo, de sí misma y sus temores, de ellos dos y su mutuo desconocimiento. Él esperaba una excusa para reír, sin saberlo, desde hacía mucho tiempo. Ahora aprovecha la ocasión y lo hace, también brevemente, al captar el doble sentido de la frase; aún le quedan migajas de humor en algún lugar y se le despiertan. La experiencia le resulta agradable. Mira a la mujer con otros ojos: ya no ve miedo, sólo esperanza. Piensa sin pensar que todo el mundo tiene derecho. Y encaja aquella mano que se le ofrece extendida. El corazón frío, sintético, se calienta en medio de una humanidad cálida que late apresuradamente. Una hora después, ella vuelve a estar ante la Estación del Norte, regalando un descanso a su talón y un respiro en su corazón. Contempla la piel herida, sin protección. No tiene el futuro asegurado, ahora mismo, pero la vida le ofrece una oportunidad y piensa aprovecharla. Recuerda de nuevo el poema: Me he despojado de todo, he tirado mis joyas, mis ropas. Ahora ando desnuda... y las sonrisas se me escapan de la boca... Como por alusiones, una sonrisa se ​​le instala • en los labios. Va creciendo: le sube a los ojos, le ensancha el frente. El corazón se siente risueño. Toda ella se alegra. - ¡Valencia, ​​guapa, prepárate! - Exclama, riendo y lanzando los zapatos al aire, disfrutando de una sensación enternecedora de desnudez y libertad -¡Que vengo! 

martes, 11 de octubre de 2011

La solidaridad entre las mujeres



No hace mucho que pasaron por la televisión la película “Jerry Maguire” donde hay una escena que describe totalmente lo que es la solidaridad entre las mujeres.
Reunidas en la casa del personaje que interpreta la Zelweger hay un grupo de mujeres con cara de que se les había pasado el tren o que se tuvieron que bajar a la fuerza, todas ellas quejándose a gritos de los hombres. Que son hediondos, que son insensibles, que siempre dejan arriba la tapa del inodoro.
Y así hasta el infinito hasta que entra en escena Tom Cruise, y a todas se les olvida de pronto las calamidades del género masculino y muy poco discretamente se empiezan a asomar escotes, piernas, sonrisas y cuanta invitación no verbal “Tómame y fóllame aquí y ahora”.

Para mí esa es la descripción perfecta de la solidaridad femenina: contigo, pan y cebolla… Hasta que aparezca un pene (perdón el vocabulario) de por medio, porque ahí cada cual se las arregla como puede.

Verdaderamente existe la amiga fiel, la que os apoya en las buenas y en las malas. La que se alegra que os hayáis encontrado al fin un compañero y la que os espera con la botella en la mano porque el mamón de turno se fue y os cambió por otra. Es esa amiga que cuando has engordado te lo dice sin reticencias y tu deberías callar y la que se preocupa si has adelgazado demasiado. 
Esas fieles amigas para las mujeres es algo muy sagrado que todos los hombres tememos, o deberíamos temer, la mejor amiga. Pero esa íntima amiga, la más, es en singular y no en plural. La solidaridad entre las mujeres no se resume al pacto de fidelidad entre amigas, sino que se aplica al género entero.

Nada menos confiable y solidario y más peligroso que un grupo de mujeres con tiempo para prestarte su atención. 

lunes, 10 de octubre de 2011

El cuello de Audry Hepburn



Para leer este pot es preferible estar escuchando "Moon River" o recordar, como mínimo, la escena de "Desayuno con diamantes" que comienza cuando Georges Peppard oye cantar Audrey Hepburn, mientras trata de concentrarse y esbozar inútilmente un texto en una máquina de escribir. Es un instante casi onírico pero ya se decía de Hollywood que era una fábrica de sueños. La descripción es exacta. De escenas como la insinuada en la primera frase hay muchas y algunas forman parte de nuestra mitología particular. Ya sé que las personas que hay detrás de las veneraciones personales o colectivas pueden o podían (la mayoría ya están muertas) llegar a ser hombres y mujeres con todos los defectos del mundo, pero el creyente no teme la refutación de la realidad, ni se deja seducir por las leyes de la lógica si no por riguroso principio de la fe y el cine es una especie de templo con un santoral lleno hasta los topes. 

Si las mujeres de varias generaciones suspiraban por Paul Newman y se abandonaron a la seducción del magnetismo de unos ojos azules, muchos hombres hemos crecido con la imagen del largo cuello de Audrey Hepburn descubierto por un estratégico recogimiento de pelo. Ya se sabe que el erotismo es la invitación a través de la sugerencia y nunca la belleza de una mujer se había concentrado en tan pocos centímetros cuadrados de piel. Claro que también existe la voz, un susurro delicioso que nos acaricia el oído y sobre todo, contemplar el rostro de fascinación de un Georges Peppard incapaz de articular palabra que rompa el hechizo del momento.

Todo esto para decir que hace pocos días se conmemoró los cincuenta años del estreno de la película "Breakfast at Tiffany 's" basada en la novela homónima del corrosivo Truman Capote. Dirigida por Blake Edwards, con el inolvidable tema musical de Henry Mancini, la película no reflejó la ácida crítica social de la alta sociedad neoyorquina que se desprende del libro pero en las manos de un gran director como Edwards convertirse en una divertida comedia romántica, supuso la conversión de Audrey Hepburn en una estrella de la pantalla y con el paso del tiempo entró por méritos propios en el reducido Olimpo de Hollywood. Cincuenta años después seguimos, como Peppard, mudos, transportados por el encanto de su voz, con los ojos clavados en su cuello, mito entre los mitos, aunque para mí, lo que hacía en la Hepburn deliciosa, glamurosa e incluso erotísima eran las pasitos cortos al caminar.
La fragilidad de lo efímero. 

domingo, 2 de octubre de 2011

La rebelión



Conozco cuatro mujeres. Las cuatro estaban bien hartas. La situación, en pleno siglo XXI, se había convertido en intolerable. Se sentían abrumadas por la injusticia, por lo que decidieron reunirse para estipular los puntos básicos a reivindicar. Después de largas y profundas conversaciones, dieron el visto bueno, por unanimidad, el siguiente manifiesto: 
1. Se acabó pasar por unas acelgas soleadas durante generaciones y generaciones. 
2. Basta de ir arriba y abajo con cestillos de pasteles. Basta de vagar desorientada a la espera de ciertos individuos de tonos azulados para ser rescatadas. Basta de yacer inconscientes en camas de cristal o de hacer siestas eternas que no permiten disfrutar de la vida. 
3. Tema bosque. El bosque es un lugar magnífico para divertirse. No un lugar oscuro y peligroso que todo el mundo, por real decreto, debe temer. 
4. No a la criminalización sistemática de las madrastras. Los hay de todo tipo. Algunas, de lo más simpáticas y enrolladas, liberales con el sexo y sin ningún tipo de manías. ¡Vivan las madrastras solidarias! 
5. Reivindicación de la posibilidad de convivir con brujas y brujos. Vergüenza ajena que hayan sido siempre tan mal vistos. 
6. Hay que hacer constar que las hadas benéficas también tienen vicios, defectos y manías. Algunas se meten el dedo la nariz, cantan de pena, practican una magia caducada o llevan la varilla hecha una chapuza (subvenciones para la reeducación de las hadas, urgencia de nivel 1). 
7. El problema gravísimo de la indumentaria. ¿Dónde se ha visto como nos hacen ir? Fuera enaguas de encaje y lazos rosados. Fuera ropas ridículas de niñas de parvulario! 
8. Los amigos son los amigos. Ni cazadores, ni abuelas, ni príncipes, ni hadas protectoras. Cada uno elige con quien quiere estar. Y punto. Después de la escritura del manifiesto, tajante y sin fisuras, las tres firmarlo conjuntamente. 
A continuación, en enviaron copias a las editoriales, los periódicos (en papel y digitales), a las productoras cinematográficas, los dibujantes, a las cadenas de televisión, empresas de ebooks y responsables de páginas web. 
La fiesta se prolongó hasta altas horas de la madrugada. Evidentemente, la iniciativa debía celebrarse. El revuelo en la espesura fue apoteósico. Sin hadas cursis ni estirados tipos de color azul, la música ensordece la fauna y la flora. Incluso los trolls se añadieron. El lobo bailaba como un poseso con una chica de cabellera deshecha, los siete enanitos cantaban canciones tirolesas desafinando debido a la ingesta descontrolada de licor de frambuesa, y la somnolienta, totalmente despierta, comía manzanas del cesto de la bruja, que contaba chistes verdes a unos cuantos duendes que reían como locos. La Blanca, a su vez, había medio enrollado en un rincón con un furtivo extranjero de barba espesa. 
Al día siguiente, el claro estaba hecho un desastre. La hierba se veía aplastada y sembrada de botellas vacías, cáscaras de cacahuetes, colillas de cigarrillos. El guardabosque no salía de su asombro. De pronto, distinguió un objeto brillante. Era una delicada corona de oro, abollada y deslucida, que había perdido las piedras preciosas. A su lado, un montón de ropa estrujada, desgarrada y sucia. Estaba para tirarla, pero, aun así, pudo identificar, sorprendido, algunas piezas: un delantalito rosa, un vestido de seda de manguitos soplidos y una bonita capa, de grueso fieltro, con una Caperucita muy roja.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Quisiera poder volar



Encerrada en un cuerpo que no te corresponde, tu alma quiere volar. Lloras por los rincones pero nunca te revelas, nunca has expresado tus sentimientos, nunca has llorado delante de la gente. Haces creer que tu vida es perfecta, quieres evadirte de los problemas que te ahogan pero no encuentras la salida, todo es un simple ciclo, necesitas ayuda y nadie te ofrece la mano. Después todo llega al final, toda esta farsa se descubre y todo pierde el sentido, eres tú la loca, la que no hace nada bien. Entonces eres tú quien no toca, eres tú la que te equivocas, has perdido la vida jugando a un juego sin optar a ningún premio, sólo por simple pasión que un día se acabó. Llevas una vida que no te mereces y todo para mantener una mentira. Tu corazón dice que no puede ser tan malo pero sabes de sobra que ya no hay nada bueno. Te mueve el miedo y tu canto son los llantos; vecinos hartos de escuchar tus gritos, aullidos que salen de tu cuerpo debido al dolor. En tu camino se cruzó una espina que nunca has podido extraer o que nunca te has dejado. Sonrisas amargas, máscaras en la oscuridad, bailes sin música de fondo, pierdes la vida y no haces nada, siempre adaptándote a lo que los demás crees que quieren. Sientes un vacío en tu interior pero nadie hace nada, triste luz que se apaga entre los últimos suspiros de miedo. Luchas y luchas pero no puedes reparar los daños, luego, al final, todos se arrepienten de no haber estado a tu lado pero ya es demasiado tarde. ¿Vale la pena tanto esfuerzo para nada?

martes, 27 de septiembre de 2011

Carta a una amiga... cualquiera..



Querida y estimada amiga mía,
El calendario es pérfido... a veces. No te das cuenta pero ya estás, sin que nada ni nadie pueda hacer nada. 
El otoño está con nosotros, amiga mía.
Me he dado cuenta de la importancia del tiempo en todo. Como, en esencia, todo sigue perfectamente igual, sólo los hechos cambian el curso de las situaciones. 
Y el hecho, amiga mía, es el más difícil de desmenuzar. El otoño desmenuza poco a poco los recuerdos de la estación precedente, en la misma medida que lo hace con el paisaje pero en nuestro todo se hace de una forma mucho más pausada.
 El olvido se origina de forma débil e imperceptible. La frialdad eriza la piel como cualquier otro sentimiento emocional, somos conscientes pero no podemos predecir con exactitud cuál será la sensación exacta que nos haga llorar o reír. No podremos concretar nunca con suficiente seguridad cuál será el día más feliz ni tampoco el más triste. 
Sabremos que el otoño ha llegado con signos inequívocos, el desfallecer de la naturaleza comienza antes y renace en el mismo instante en que la muerte actúa. Renace y nada se detiene. Sólo los que nos mantenemos aferrados al pasado, dejamos que todo el resto frene ante nuestros ojos. 
La espesa capa de hojas secas, que se amontonan en montañas de marrones, rojos apaciguados y gamas de amarillos se vuelve fascinante. Incluso lo que deja de tener vida acopla perfectamente en el mundo. Es como si, de alguna manera, no se acabaran nunca. En un entorno donde todo vuelve a tener otro objetivo, una vez se ha perdido la capacidad de crecer pero no la de existir.
¿Te das cuenta, amiga mía, lo que nos rodea?
¿De la imperfección de nuestras almas?
 Me gustaría poder olvidar con total facilidad, poder volverte a abrazar sin sentir un ardor dentro de mí que implique un rechazo corrosivo hacia ti, que el pasado se quedara atrás y que los hechos no fueran más que hojas amontonadas en un montón de recuerdos que pronto se llevará el viento. 
Me gustaría poder expresarte con la suficiente claridad que intento perdonar y ser perdonado.
Y que el otoño ya ha llegado.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Dulce agonía



La vida es igual, siempre lo mismo. Los días pasan tan silenciosamente que se confunden entre sí y se convierten en simples organismos recluidos dentro de las agujas del reloj. He vivido por ilusiones, para perseguir ideales que me ha inculcado falsamente la sociedad, pero ahora ando hacia un horizonte divagado sin más rumbo que las alas del desespero. Siempre es la misma rutina, siempre el mismo ambiente, los mismos pensamientos, siempre pisando sobre el mismo asfalto mojado de hipocresía. 
Mi vida no tiene sentido, a menudo ha sido teñida inútilmente de esfuerzos para sobrevivir, y mientras he hecho ver que estaba feliz, triste, defraudado, enamorado, nunca lo he sido. He buscado apasionadamente los sentimientos pero sólo he conseguido empaparme más de incomprensión. Y si me abandono en un rincón, donde las hojas en invierno revolotean, el llanto que inunda mi alma aparentemente serena, habré perdido todo el brebaje envenenado que sorprendentemente me hace comprender el mundo

viernes, 9 de septiembre de 2011

El Contrato


Reunidos en este relato, aunque sea virtualmente, por un lado el autor del relato (en adelante el autor) y, por otro, el lector que voluntariamente ha accedido (en adelante, el lector ), y reconociéndose mutuamente capacidad suficiente intelectual y cognitiva para comprender sosegadamente el contenido de este relato, ambas partes acuerdan establecer los siguientes pactos de obligado cumplimiento:



 1. El autor se compromete a redactar el relato de una manera culta pero asequible, haciendo uso de un vocabulario adecuado y preciso, y de lo más enriquecedor, pero sin florituras. 



2. El autor pondrá al servicio del lector todos los recursos literarios que su capacidad relataire le permita, para mantenerlo atento a la evolución del relato, conseguir su complicidad, y, en la medida de lo posible, una sonrisa: - )

 3. Cuando lo crea conveniente y necesario, el autor se reserva el derecho de utilizar un diccionario, que puede ser incluso de sinónimos, para encontrar en cada momento las palabras más adecuadas y dar así cumplimiento a la cláusula anterior.

 4. El autor se compromete a terminar el relato sea como sea, antes que el gallo cante siete veces, mal que le pese.

 5. El lector, se compromete a terminar de leer el relato, salvo que por motivos que no vienen al caso lo encuentre aburrido, demasiado largo o sin ningún interés. Sin embargo, en este supuesto, el lector no tendrá derecho a reclamar al autor que le indemnice por el tiempo que haya perdido leyendo el relato.

 6. El lector podrá acogerse al derecho de comentar el relato, en los términos que crea conveniente, eso sí, sin faltar, porque si el autor considera que los comentarios del lector lesionan su imagen o su prestigio literario, podrá marcar el comentarios como ofensivo, al margen de emprender las acciones legales oportunas, de caras a obtener la pertinente rectificación del lector estúpido e ignorante que se haya atrevido a dejarlo mal ante toda la audiencia.

 7. El lector está obligado a diseminar este relato siete veces entre sus conciudadanos más allegados. Si así no lo hiciera, que mal viento se lo lleve. Eso ya pasó: un lector no quiso diseminar el relato, porque le daba pereza hacer el clic y, y al entrar a una librería quedó gravemente literato. En cambio, nos consta que otro relataire que actuó juiciosamente y diseminar el relato tal como manda esta cláusula, pues la empresa Diseminación Artificial le hizo obsequio de un elegante punto de libro, un objeto que le puede llegar a ser muy útil en caso de que un día se decida a leer un libro, como se hacía antes.

 8. El titular presupone que el lector es conocedor de que en el relato hay mucha falacia, mucha tontería como si dijéramos, pero que también se dicen medias verdades y verdades como un templo, A él, el lector, le corresponde de dilucidar esto separando el grano de la paja, tal y como han hecho siempre los lectores de campo, también llamados campesinos ilustrados o agricultores. 

9. En flagrante contradicción con lo estipulado en la cláusula 4, el autor puede acabar de escribir el relato cuando le dé la gana, sin que el lector pueda acogerse al derecho de indemnización por omisión del deber literario del autor