
Lo recuerdo como si fuera ayer. Subía aquella calle tan empinada y cuesta arriba con un toro embolado pegado a mi trasero, a una velocidad que solo el miedo te hace coger.
La costumbre era tener las puertas de los bajos abiertas para que los mozos pudiéramos entrar y salvarnos del toro. Las cortinas de rulos de adelfa era lo único que nos separaba de la salvación. Yo vi esa salvación a pocos metros de mi, la luz me indicaba que la puerta de ese bajo estaba abierta, que solo debía atravesar aquella cortina… ¡pero oh fatalidad!... me di de morros con la puerta acristalada que se mantenía cerrada y que la dichosa cortina de adelfa me había impedido ver.
Mis reflejos hicieron que mirara hacia arriba donde había un balcón –ni demasiado alto ni demasiado bajo- y me dispuse a subir de un salto –gran salto- Pegué un bote, que ni los grandes atletas serían capaces de realizar, me enganché de la baranda y con una fuerza sobrehumana, me encaramé al balconcito.

Lo de la fuerza sobrehumana lo pensé en aquel momento hasta que me di cuenta que allí donde mi espalda pierde su honesto nombre, se asentaban pegotes flameantes de alquitrán, ese alquitrán con el que confeccionan las bolas humeantes de los cuernos del toro. Fue el amable astado el que me ayudó a subir.
Resultado; antitetánica, 7 puntos de sutura en la nalga izquierda y pomada verdosa para las quemaduras.
Tenía una cámara de fotos Kodak, de esas baratas que había en aquel entonces que reducían tanto la imagen a través de su visor que lo que fotografiabas te costaba encontrarlo. Y se me ocurrió que debía hacerle una fotografía a una baquilla en plena corrida.

Cuando retiré la cámara de mis ojos tenía tan cerca aquella “maldita” vaquilla que si llega a sacar la lengua me lava la cara. Me recogió por delante, me pasó por encima de su lomo y llegué a caer debajo de su rabo. Me corneó, me pateó y se meó encima de mi y hasta incluso llegué a apreciar una estruendosa carcajada -la muy hija de… Satanás-
Resultado; Antitetánica, 9 puntos de sutura –iba ganando puntos- y una buena ducha para quitarme el “fino” perfume a rumiante.
En esa bonita plaza del Olmo de Navajas se corrían los “Bous en el carrer” Se hacían con tableros las barreras por las cuales, de lado, entraba una persona a la carrera y no cabía la cabeza del astado. Arriba se hacían entarimados para uso de las personas que no querían correr delante de los toros.
Debo decir que en aquella época éramos, mis amigos y yo, un poco cafres. Un día a alguien se le ocurrió la brillante idea de aflojar las cuerdas de algunos tableros para intentar meter el toro dentro, o por lo menos la cabeza y así pegar un buen susto al montón de gente que estaba en el bar que era defendido por aquella barrera.

Pero el animalito no se conformó en meter solo la cabeza y entró su cuerpo al completo, paseándose por dentro del bar hasta que pudimos sacarlo por la puerta trasera.
Resultado; no más antitetánica pues aún me duraba la actuación de la última inyección, pero infinidad de destrozos y una cuantas contusiones, moratones y raspaduras… ¡la debacle!
¡Cuanto más podría contar! Mucho, demasiado, todos los años me recorría todos los pueblos de la zona, Navajas, Segorbe, Altura, Viver, Jérica, Castelnovo… todos, no dejaba uno por recorrer durante todo el mes de Septiembre.
Eso se acabó hasta que hace dos años, mientras estuve viviendo en El Puig, una tarde salí de mi casa sin pensar que un toro andaba suelto, pues eran fiestas y cuando me dí vuelta a la esquina y ví una porción importante de gente correr hacía mi, supuse que yo debía correr también. Esta vez hubo suerte, el toro me adelantó… casi me apartó de su camino y doy gracias porque ya ni la fuerza ni las ganas eran mi compañía.

He contado unas anécdotas de mi juventud, pero debo decir que ya hace muchos años que soy un firme detractor de cualquier festejo en los que se maltrate a un animal como los festejos taurinos de cualquier clase, el tiro de pichón y tantos y tantos… incluida la caza.
!Cuernos! Uf..jaja
ResponderEliminarUn beso