miércoles, 10 de junio de 2009

El barrio Russafa (y II)

PUESTO EN EL MERCADO DE RUSSAFA
Hoy he vuelto a Russafa, ese barrio que tanto me gusta de mi ciudad, Valencia. Hoy he vuelto a sentarme en la orxatería del Contraste. El Contraste es una placeta que se forma en la calle Russafa con la intersección de las calles Denia, San Valero, Arzobispo Melo y Carlos Cervera, es un nervio muy importante del barrio. Allí se puede sentar uno y ver pasar a gran cantidad de gente de la más variada nacionalidad, raza y condición. Es como un balcón al mundo desde donde se puede apreciar que todos somos iguales.
Ya he hablado de este barrio que tantos buenos recuerdos me trae y que significa mucho para mi, pero creo que por mucho que hable, siempre me dejaré algo.
Debo decir que el parque Manuel Granero, que ha sido testigo de múltiples concentraciones contra el contrato valenciano de inmigración y el déficit crónico de plazas públicas en el barrio de Russafa, se transformó el mes pasado en una plataforma de arte, cultura, fotografía y música étnica para revitalizar uno de los distritos más multiculturales y repoblados del centro de Valencia, como ya he dicho. Centenares de vecinos participaron en la segunda edición de la jornada intercultural con talleres, charlas y debates, actuaciones, exposiciones y una feria gastronómica con todos los sabores y olores que inundan este popular barrio valenciano. El parque se transformó en un arco iris que iba desde un curso de caligrafía china, hasta un suflé rumano o un taller de máscaras africanas, gracias a la cooperación de Bancaja y del colectivo de jóvenes saharauis, la asociación de comerciantes chinos, la asociación paquistaní, el foro alternativo por la inmigración y el movimiento contra la intolerancia, entre otros.
He conseguido hablar con unas simpáticas señoras de la Plataforma per Russafa y me han contado cuales son exactamente sus pretensiones y después de haberlas escuchado atentamente he decidido aportar un grano de arena a esa digna asociación.


Todo lo que sea pensar sobre la ciudad y tomar una participación activa y solidaria sobre el barrio en el que se vive no sólo estoy de acuerdo sino que es el comienzo de una aventura que comparto y respeto; y porque creo que estos asuntos y comportamientos son democracia, una democracia activa. Una democracia bien entendida tiene voz y también tiene voto, aunque ambos sean difíciles de ejercitar con un gobierno como el que tenemos ahora los valencianos, que actúa las más de las veces con un populismo engañoso, que ni consulta ni oye, que hace y deshace lo que le parece como si los ciudadanos fuéramos menores, sin opinión, que sólo servimos para aportar dinero y para mirar embelesados sus ocurrencias.

Sin embargo, la ciudad es de los ciudadanos. De todos los ciudadanos. Entre todos la hicieron a lo largo del lento quehacer cotidiano del pasado, y entre todos la vivimos, le damos nuevas formas y vamos construyendo, a menudo inconscientemente, los hilos del presente, presente que une y marca nuestro futuro.

El barrio de Russafa es uno de los más antiguos de la ciudad. Y se mantiene vital y alegre a pesar de su falta de servicios, como plazas escolares, espacios deportivos, locales de reunión, aparcamientos, centros sanitarios y protección y mantenimiento de la edificación en su conjunto. Debo decir en mi condición de Agrónomo que también padece, por desgracia, de una importante carencia de árboles y de vegetación. El barrio sólo posee un pequeño parque, que desde luego no es suficiente para la extensión y población de Russafa. La falta de cuidado que éstos, los árboles, sobre todo los que puntean las calles, tienen que soportar, sin guías apropiadas que los protejan y encaucen su crecimiento, e incluso el maltrato al que están sometidos debido en gran parte al cada vez mayor tráfico rodado que invade algunas de sus calles y también las aceras e incluso los alcorques, hace que estos crezcan con dificultad y no se desarrollen como debieran, a menudo raquíticos y cortos de vida, héroes ante las dificultades que padecen (y esto es desgraciadamente válido para toda la ciudad. Y no hablemos de las feroces y poco profesionales podas).
Necesitamos cuidar la vegetación que ya tenemos y plantar mucha más, convendrán que es inoportuno, profundamente decadente, insostenible, torpe, fuera de nuestro tiempo y que evidencia una trasnochada idea en cuanto a las prioridades de una ciudad moderna lo que el ayuntamiento quiere pactar con los vecinos: hacer plazas de garaje bajo el único pequeño parque existente hoy por hoy en todo el barrio. ¡Justo ahí! Esta asociación de vecinos ha declarado, y con justa razón, que el parque es innegociable.
Pero ¡cuidado! hay otra cosa muy preocupante que en este momento planea sobre Russafa como un águila de aguda y oscura mirada: las pretensiones de que esta parte de la ciudad tan bien situada, próxima al centro y al futuro Parque Central, se convierta en un barrio de lujo. Habrá que estar muy alerta si Russafa quiere continuar siendo la Russafa que todos conocemos, abierta y cosmopolita, pues así le ha tocado, llena de pequeños comercios, de bares y de restaurantes, vital y diferente.


Con remiendos, si, y con carencias y profundas necesidades que deberán de ser solucionadas. Y también en este barrio, que es pobre y no tan pobre, pequeño burgués, barrio popular hasta la médula, existe algo de entrañable. Un barrio donde cada ciudadano tiene un nombre, y por lo tanto no es anónimo, y donde cada uno es querido o rechazado, pero no ignorado.

2 comentarios:

  1. NO HABÍA OÍDO HABLAR DE ESE BARRIO, PERO DESPUÉS DE LEERTE, APETECE CONOCERLO.
    BESITOS.

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  2. !Me recuerda éste post a cuando vertiginosamente leía y leía tus posts para poder alcanzar el más actual! ... aquellas tardes aún hacía frio, el verano ya nos invade cada poro de nuestra piel.

    Siempre describes éste barrio con la dulzura que te define, entrando en sutiles detalles y saboreando despacio cada pizquita de olor que lo envuelve.

    Un beso

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