
Aquí, en confianza, he de confesar que me encuentro preocupado. Una sensación extraña se está apoderando de mi diestra mano. Intento escribir y no hay señales de melancolía, desesperación, desamor. Los temas principales de mis relatos más populares y aclamados me han abandonado. Parezco, incluso, una persona mejor, más recomendable, menos misteriosa. Siento miedo de esta evolución y de las consecuencias que pueda tener en mi prolífica vida de trovador de mis desdichas, mis lamentos y mis preocupaciones.
El descubrimiento de esta nueva etapa se produjo a la medianoche, aunque quiero recordar que no brillaba la luna llena. Retornaba a mi domicilio conduciendo ese coche reflejo de mi estado de ánimo, repleto de polvo, telarañas y secretos. Me detuve en el semáforo que a cualquier hora del día se encuentra en violento rojo. Al otro lado del cristal, el conductor del vehículo contiguo me miraba desafiantemente, ardiendo en deseos de realizar una carrera clandestina y que su muerte pareciera un terrible e involuntario accidente. Otra noche hubiera sido capaz de entrar en su juego, pues existen momentos en los que no aprecias la vida y sólo deseas experimentar sensaciones que te la arrebaten. Pero esa noche era especial. Algo estaba creciendo dentro de mí...El retrovisor me advirtió de la llegada de otro automóvil y de la presencia de una honesta, auténtica sonrisa. La canción de fondo, como casi siempre, trataba sobre qué iba a hacer el cantante sin su amada, lo mucho que iba a llorar y demás propaganda anti-romántica. Por una vez, sentí lástima por él y por lo mucho que estaba sufriendo. Esa sonrisa debía tener otro motivo...
Y lo tuvo…
No sé porque intuí que quería algo de mi o tal vez ella, la propietaria de esa hermosa sonrisa, adivinó la carrera de pique que estaba a punto de iniciarse y que debía hacer algo para impedirla. Puse mi intermitente a la derecha y me adelantó a la velocidad mínima a la que me podía rebasar, y me dije; -la he perdido.
A unos quinientos metros entró en una gasolinera y me pensé que si algo debía de pasar esa era mi oportunidad y que posiblemente no habría otra. Paré en paralelo y bajé del vehículo al mismo tiempo que mi vista escudriñaba el lugar buscando un cruce de miradas. En un momento dado siempre hay un cruce de miradas o de palabras o un “¿tomamos un café?”
Y reconforta ese cruce de miradas en el que reconoces que ese ser humano tiene algo que compartes, aunque no sabes todavía qué.
Desconcierta el descubrirlo, el que te empiecen a contar y que esa persona se convierta por unos momentos en un espejo tuyo.
Y uno se siente bien, con mucho removiéndose en su interior; ha estado con una desconocida con la que ha compartido lo indecible, y cuando vuelve a casa, piensa “no estamos tan solos”. Aunque rara vez he tenido la suerte de aquel día, pero de vez en cuando sucede, y sigue sorprendiéndome.
Retrocediendo por los acontecimientos de los últimos días es fácil adivinar y asegurar quién es la culpable de esa y tantas otras sonrisas, felicidades y confidencias.
Y reconforta ese cruce de miradas en el que reconoces que ese ser humano tiene algo que compartes, aunque no sabes todavía qué.
Desconcierta el descubrirlo, el que te empiecen a contar y que esa persona se convierta por unos momentos en un espejo tuyo.
Y uno se siente bien, con mucho removiéndose en su interior; ha estado con una desconocida con la que ha compartido lo indecible, y cuando vuelve a casa, piensa “no estamos tan solos”. Aunque rara vez he tenido la suerte de aquel día, pero de vez en cuando sucede, y sigue sorprendiéndome.
Retrocediendo por los acontecimientos de los últimos días es fácil adivinar y asegurar quién es la culpable de esa y tantas otras sonrisas, felicidades y confidencias.
Gracias por haber aparecido en mi vida en este preciso instante de desequilibrio y soledad. Tengo una cuenta pendiente contigo: hacerte tan feliz como tú me haces a mí cuando te observo con ese hermoso cabello rojo, cuando escucho tus batallitas de universidad, cuando me acaricias la mano sin pedir nada a cambio. Recuerdo ahora todos esos momentos y sonrío. No me equivocaba, eras tú la culpable.
bien lindo interesante...
ResponderEliminarbien lindo.. me gusto esta bien interesante.
ResponderEliminarLa importancia del estar ahí.
ResponderEliminarTan importante ...
Es tan importante tener esa ilusión, esa emoción, o esa persona que nos escuche, que nos valore, que nos preste atención, que nos haga sentir especial.
Porque todos necesitamos sentirnos especiales en algún momento, y cuantos más momentos mejor.
Abalanzarnos sobre los deseos y abrazar sin frenos a quien queremos por saber estar ahí.
Esa es la mayor recompensa para quien recibe ese abrazo sin control.
Eso es amistad, amor, fidelidad, comprensión, dulzura y derroche amor.
Si lo tienes, no importa la forma, si es ilusión, deseo, pensamientos, personas ...
Agárralo, agarrala fuerte, no lo dejes, no la dejes ...
Escapar.
Un Beso