
Me jode cientos tragarme las cosas que quiero decir, las que me apetece soltar a bocajarro en determinados momentos. Odio volverme enano, sentirme ridículo y no tener valor para dar rienda suelta a las palabras que me bullen dentro. Muchas veces abro la boca para dejarlas salir, pero justo cuando se encuentran al borde de mis labios me muerdo la lengua y las hago volver dentro; otras, las ahogo bajo la música, bajo mis propias palabras, mis bolsillos, mis brazos cruzados, mis vaqueros o mueren pisoteadas bajo la suela de mis zapatos.
O como ahora, las escribo en la línea de siempre y justo antes de darle al intro, las borro una a una.
Y sé que hago mal, me prometí que esta vez no me iba a quedar con nada guardado, ya que a la hora de emprender un nuevo viaje es mejor ir con el equipaje justo que cargar con un lastre de una decena de maletas llenas de lo que no me atreví a hacer, contar, expresar...
En verdad no creo que sea miedo... quizá hoy tampoco encuentro las ganas suficientes como para decirme esas cosas a mí mismo.
Y cuando llega y pasa y rebobinas en la mente y te das cuenta de lo breve que ha sido y de lo poco que ha tenido que ver con lo que esperabas. Una vez más no se cumplieron las expectativas. Se queda un hueco por dentro porque se cae el alma a los pies. Y recoges lo derramado hasta la próxima ocasión en la que quizá sí ocurra todo tal y como uno desea.
Porque hay días en los que lo único que me apetece es mandarlo todo la carajo, dejar de lastrarme con problemas ajenos y empezar a mirarme el ombligo como hace el resto del mundo.
Porque hay días en los que me gustaría ser un egoísta, apagar el móvil, el ordenador y cualquier tipo de medio que me una a los demás, y dedicarme a perder el tiempo, mi tiempo, pensando únicamente en mí y en lo que debería hacer para ser cada día más feliz.
Porque hay días en los que cogería la maleta con cuatro cosas y me iría bien lejos de esta rutina de asco que me gana, me aturde y me quita las ganas de todo.
Porque hay días en que me siento tan gilipollas que me miro al espejo y ni me reconozco, yo, que sabía poner cada cosa en su sitio, ahora no sé más que reliarme en la madeja de hilo con la que entré en este puñetero laberinto del que me gustaría salir cuanto antes.
Porque hay días en que las lágrimas me brotan de puta rabia que me inunda, me anega y me puede.
Porque hoy sólo me apetece borrarme con una goma y dejar vacio el hueco que ocupo en este pequeño mundo que se ha creado, he creado o sepa Dios qué y en el que no hago más que vagar como un imbécil.
El otro día encontré por ahí un par de frases de un tema sin disco que transmitía incluso rencor, no sé dónde leches estará, pero hoy lo izaría como mi bandera.
Siempre he sabido que no soy Job y que mi paciencia,al igual que la del resto de los mortales, encontrará un límite en algún momento.
creo que es mejor callar que lamentar... pero si no se lamenta hay que decir lo que tenemos dentro...
ResponderEliminarNi un puntito en la boca, me encanta decir todo lo que pienso, lo digo y lo expreso tal como lo siento. Y va bola.
ResponderEliminarMe dicen ... pero como te pasas, caramba: ¡Y como me gusta!
En la vida, las cosas muy claras. No hay que guardar nada:
- Que quien sea tu amigo realmente lo sea y si no ¿para que lo quieres a tu lado de amigo?
- Que quien sea tu pareja tenga todo aquello que tu más valoras, y si no todo, si un mucho ...
- Que si estas en un trabajo sea el que casi te gusta o el que te gusta realmente.
La vida son momentos unidos que suman un cumulo de vivencias que a su vez son el compendio de nuestro existir.
Disfruta cada momento, pues solo así serás ante ti y ante lo que te rodea, simplemente feliz.
Un beso