
Cuando uno no sabe que escribir lo mejor que podría hacer es no hacerlo, no se debe forzar la imaginación porque el resultado normalmente deviene un “churro”. Alguien me ha dicho algo así –no con las mismas palabras- y creo que lleva toda la razón. Tengo este Blog lleno de retales donde los escritos algo buenos se vienen encubriendo por la niebla que producen otros tantos no tan buenos, más bien sin esa chispa que según ese alguien, deberían tener.
Estoy aquí, en esta cafetería que frecuento con área Wifii, con el Word abierto e intentando forzar mi imaginación que por el bullicio que hoy sábado hay aquí me impide la concentración. A mi lado se encuentran unas mujeres sexagenarias, que incomprensiblemente están rodeadas de niños que supongo nietos. Mientras sus padres duermen la resaca de la noche del viernes. Las conversaciones, que sin poder evitar escucho, son de lo más cultural e imaginativas; pelas las berenjenas, las troceas y las pones en la cazuela a ser posible de barro, con abundante aceite. Les añades el vino… o bien; mi yerno a veces parece idiota, ahora se le ha ocurrido hacer “turismo rural”… como si fuera algo moderno, cuando eso lo hacíamos nosotros hace 50 años, solo que le llamábamos “ir al pueblo”…
Con estas conversaciones de fondo es imposible concentrarse para escribir algo serio.
Ring, ring, ring, suena mi móvil. Miro y veo “número privado” En dos días, dos veces, llaman, lo cojo y cuelgan. Es raro. La única persona que conozco que pudiera llamarme con número oculto, seguro estoy de no ser ella ya que no quiere ni oír de mí. Sea quien sea, si quiere algo de mí ya lo dirá y si lo que desea es saber si estoy vivo, no hace falta llamar dos veces. No creo que quiera oír mi voz, no da opción para que diga nada más que “dígame”
Tal vez yo si quiera saber de ella, de su vida, de sus pasiones e ilusiones, quisiera saber de sus temores y sus errores, de sus lágrimas y sus tonterías, quisiera saber los secretos que esconde debajo de su piel, quisiera saber porque actuó de tal forma tan particular, tal vez se negó a ser como otra más… a ser un número continuo en ese porcentaje donde muchos encasillan al resto de las mujeres.
Sigo escribiendo sin saber que escribir… Todos necesitamos escribir. Para algunos es una tarea poco grata, para otros, como a mí, un placer; pero ¿hago algún esfuerzo por mejorar mi habilidad de escribir? Esta pregunta es importante, no solo para quienes escriben libros sino también para quienes escriben artículos para revistas, informes, y aun simples memorandos o correos personales a amigos y la familia.
Es esencial trasmitir claramente lo que uno quiere comunicar, pero mejor todavía si el lector disfruta al leer, quiere leer más y ¡se queda con las ganas de seguir leyendo! El mensaje habrá quedado profundamente grabado y habré creado una relación con el lector. El acto de escribir se ha convertido en un acto de comunicación.
Si no tengo nada de valor que decir, no debería molestarme en decirlo. Debo escribir solo si tengo algo para compartir. No necesita ser muy largo o profundo. “Querida tía, te queremos mucho”, es algo que merece ser escrito, pero una disertación piadosa y divagante sobre cómo mejoraría el mundo si todos nos amáramos, probablemente es demasiado obvia para justificar un amplio archivo. Antes de comenzar, se debería tener una idea clara de lo que se va a decir.
Tal vez no sea muy importante una lista detallada de contenido cuando le escribes a tu tía— aunque ¿no te ha ocurrido que envías una correo y luego te acuerdas de algo que se te olvidó incluir? En cambio, artículos, informes y especialmente libros, demandan cuidadosa planificación. No debo comenzar sólo con un propósito general en mente para ver a dónde llego en la página tres. Para entonces tal vez esté a mil kilómetros de mi meta.
Todos saben lo atemorizante que puede ser una página en blanco de Word. Uno hace mil rodeos, cierra el archivo, lo abre, se prepara una taza de café, decide hacer otra cosa primero… Anota esa primera oración cuanto antes. El resto saldrá con mayor facilidad. Si estás escribiendo un libro, tendrás que repetir el proceso muchas veces. Un artículo corto puede ser escrito de una vez. Y si tu trabajo no es aceptado con el primer intento, acepta las críticas que recibas e intenta de nuevo. Los comentarios de editores, amigos y familia (especialmente de la familia) pueden causar dolor, pero debes escucharlos y sopesarlos, aun cuando, después no los aceptes. Sobre todo, no dejes que te desanimen; sigue adelante. Escribe con determinación; cuando tengas ganas y cuando no las tengas.
Está claro, se lo que hay que hacer, y si es así, ¿por qué no sigo mis propios consejos?
Cierra los ojos.
ResponderEliminarSe simplemente tu,
Y no necesitarás mucho mas,
para plasmar en éste papel virtual lo que interiormente sientes.
Un beso
Ciertamente tienes razòn , para que escribir si no tienes nada que transmitir al lector, pero en tu caso te has hecho un autoanaisis de lo que relmente es la esencia de la escritura cuando realmentes siente lo que relatas y aqui estas transmientiendo realmenete lo que estas sintiendo...
ResponderEliminar