
Cuéntame todo lo que sabes. No me digas solo que tuviste un gran amor y que ahora ha naufragado. Eso es como no decirme nada: lo dicen todos. Cuéntame más, dibújame lo que sientes en tus recodos más escondidos en la blanca pared que te ofrezco. Cuéntame lo que aún no has contado, lo que necesitas para ti, pero también necesitas que se vaya al fin. Déjate de historias de príncipes y de princesas, de corazones partidos, de puñales ensangrentados. No me vengas de nuevo con historias, lo que todos siempre han contado. No me digas como vives, ni me lo retrates con floridas palabras. Cuéntame aquello que sabes que quiero saber, quiero ahondar el terreno no ahondado. No me ofrezcas la plaza principal violada por miles de zapatos. Las más amplias avenidas trufadas de ociosos paseantes.
No me digas que has llorado, ni me cuentes que no has dormido... o que has soñado pesadillas, que te has vuelto a enamorar, que son azules los cielos, o nublados, tristes y lluviosos. No me cuentes lo que todos hemos contado. Tú no. Haz un esfuerzo y dame tu material más rico de una vez. Dime lo que no sé, los secretos del desván, las venas más profundas que navegan por tu cuerpo, cuéntame los porqués... no lo que te ha pasado. Dime cómo te has cortado, cuanto tiempo has estado en el espejo del lavabo con los pies descalzos. Y porqué, que has pensado, que has buscado en tu mente de muñeca que nunca podrá ser de trapo. Por so te inquiero. No te agarres ni a Dios ni a los santos, ni me los mentes siquiera. No me digas que una pócima te han dado y que todo te lo va a curar: tira la fe al diablo, no cierres ésas tus heridas, escarba en ellas para buscar su corazón, su razón, los motivos, los “qués”, los temores del antes, el cuando y el después. No cierres tus heridas sin saber porqué se han abierto.
No me des nombres. No me marques en una lista sin valor los nombres de los hombres que te hicieron el amor y luego te dejaron. Ni los que no se acercaron cuando tú esperabas. No me importan ni los ruines ni los cobardes. No me des los nombres de las personas que de ti abusaron. No me importan, la verdad. Cuéntame el origen de tus cosas, de donde surgen de verdad tus lágrimas, las tripas de tu infelicidad... háblame de lo que verdad te importa y déjate de literatura barata. No me vengas con unas cuantas frases escrupulosamente buscadas, un material elegante, pero que no te representa en nada. No me mandes falsos embajadores.
No tenemos mucho tiempo que perder en filigranas ni senderos erráticos. Tráeme tu carne, lo más hondo que encuentres... veremos que nos une, que nos rechaza y buscaremos convertir dolor y pena, tristeza, en la más rica fuente del saber. Quiero conocerte hasta los pulsos que te laten, identificar los tuyos de los otros.
No me digas que no lo sabías, no estamos para juegos. Amor...
Pero que sinceridad tan arrebatadora, que manera de preguntar.
ResponderEliminarInsinuado así, cualquier mujer te lo diría todo. Todo y más.
Entiendo que frase tras frase de éste “Cuéntame” se la susurrastes muy suavemente al oído a la persona que se lo decías. Umm ...
Un beso
Si, se lo susurré, pero... no sirvió de nada.
ResponderEliminar