
No me gusta nada, remueve todo, levanta polvo y se me mete en los ojos. Hoy hace viento, saldré lo justo a la calle.
Pero tiene una virtud: renueva el ambiente, mezcla aires y olores. Llega de otros lugares lejanos y nos trae aromas de otras tierras.
En mi vida a veces hay algo parecido. Épocas de renovación, que surgen de un viento lejano que viene hacia mí de repente y sin avisar. No es un cambio importante, más bien es un complemento a lo que ya sé, a lo que ya tengo. Siempre acepto lo que viene, tiempo hay para dejarlo a un lado si cuando lo has conocido no es lo más conveniente, lo más adecuado, lo importante.
Pero queda un sentimiento de tristeza cuando esto ocurre, un “no se qué” de podría haber sido, un tal vez... si hubiera dicho unas palabras diferentes.
El viento y el tiempo se alían para poner las cosas en su sitio. La única pena es que nuestro tiempo es finito, por esto debo aprovechar cada viento que me llega y nunca decir no, solo esperar a que cuando haya renovado el ambiente, ver como es el poso que deja.
La vida se comprende de soplos (buenos, regulares o malos) de trabajo, de amistad, de familia y de amor.
ResponderEliminarDichos soplos pueden ser (flojos, moderados, intensos o huracanados), solo tenemos que saber en que posición ponernos a cada ráfaga de viento que nos aceche.
Sin duda, nuestro tiempo es finito, así como el viento transparente (pero para nuestros ojos del color y la textura que le queramos dar), así como eternamente juguetón e infinito.
Un beso