viernes, 12 de noviembre de 2010

La partida de Canasta


No sé muy bien que hago aquí escribiendo a las 4 de la madrugada, pero la verdad es que no tengo sueño y esta es la mejor forma que conozco para que me entre… escribir. No tengo traumas ni melancolías, simplemente estoy desvelado. Me calenté un vaso de leche en el microondas y me hice una tostada de aceite. La tostada ya me la comí, pero la leche está en reposo, creo que la pasé de tiempo en el micro y parece que me la haya calentado Pedro Botero, hasta tal punto, que con mi manía de la leche en vaso y el café en taza, al no llevar asa, me he dejado las yemas de los dedos pegadas al vaso mientras subía las escaleras que conducen a mí habitación. Bueno, pues no dejaré huellas…
Esta tarde se presentaba aburrida, no tenía nada previsto y la salida con el grupo es para el sábado, luego tumbado en el sofá con una pierna encima de una silla y la otra no me acuerdo, miraba la TV, zapeando, sin saber en qué canal fijar la imagen. Decidí llamar a mi amiga Mafalda y charlar un rato y eso hice. Mafalda estaba doblando ropa (¿la ropa se dobla?) y tardó poco en decirme que si estaba aburrido que me pasara por su casa a tomar café a lo que tardé nada en decirle que ya salía.
Se ve que ya había “doblado” la ropa, pues cuando llegué me esperaba en la cocina con una sonrisa, de las que se le llena la boca de dientes, y me preguntó; ¿cerveza o café? Yo asentí por lo segundo, siendo la hora que era. Hablamos un rato y llamando a Felipe, su amigo personal e intransferible y por supuesto amigo mío, y luego a nuestra querida Libertad, organizamos una partida de Canasta, cena incluida.
La primera mano, las chicas, pues jugábamos Mafalda y Libertad contra Felipe y yo, nos dieron un rapapolvo para haber salido en uno de esos programas donde se lo pasan muy bien vapuleándose. La ventaja era de 3.600 puntos y eso que íbamos a 5.000.
La moral la teníamos por tierra pero el coraje y lo machos que somos los dos, hizo que sacáramos fuerza de donde no quedaban y remontamos la partida hasta ganarla. La proeza constará en los anales “Canasteriles” y los rankings mundiales del mundo mundial.
La cena… cocinando una gallega, de rechupete y dómine. Marmitako y boquerones en vinagre con pinchitos de tortilla de patatas. Hay que decir que el manjar fue para tres, ya que Libertad andaba de regímenes  y mientras nosotros babeábamos con las ilustres viandas nuestra chiquita comía tomatito con orégano y tortillita francesa de “one egg”
Entre los restos de un buen Rioja, el café y el Limoncello, comenzamos la revancha que tuvimos a bien ofrecerles (qué íbamos hacer… ¡pobrecitas como lloraban!)
Lo que ocurrió en esa partida de revancha es irrelevante, por eso pasaré de contarlo.
La verdad es que sin proponérselo uno hay veces que por circunstancias te arreglan el día.
Y la verdad es que cada día me doy más cuenta cuánto valen las pequeñas y simples cosas que nos pasan cada día, esas que verdaderamente merecen todo nuestro amor y dedicación, pues son justo las que nos proporcionan la verdadera felicidad.
Os deseo paséis un bonito día como el que he pasado yo.

1 comentario:

  1. La amistad enriquece mucho nuestra vida.Nunca he podido entender como hay personas que no tienen amigos.
    Mis amigos, son mis tesoros.
    Besos

    ResponderEliminar