
LOBA CAPITOLINA
Los romanos llamaban los idus a los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y 13 de los otros meses. César fue asesinado el día 15 del mes de marzo del año 44 antes de Cristo, y de ahí la frase: “guárdate de los idus de marzo”, que le anunció un vidente a César y que ha pasado a significar grandes calamidades políticas en ciertos días. Atémonos los machos pues.
En el valenciano medieval, la palabra falla -del latín fac[u]la, diminutivo de fax, antorcha-servía para nombrar las antorchas que se colocaban en lo alto de las torres de vigilancia. Deriva del latín facula, antorcha. En el Llibre dels Fets, se cita que las tropas del rey Jaume llevaban fallas para iluminarse.
Este término se utilizaba tanto para las antorchas que iluminaban las tiendas de campaña como las que se utilizaban para alumbrar una fiesta. Más adelante hago referencia a este término para referirse a las hogueras y luminarias que se encendían en vísperas de fiestas extraordinarias y patronales.

La víspera de San José se encendían hogueras para anunciar su festividad, recibiendo esa práctica ritual el nombre de falla. La versión más popular del origen de las fallas según el Marqués de Cruïlles, fueron iniciadas por el gremio de carpinteros que quemaban en la víspera del día de su patrón San José, en una hoguera purificadora, virutas y trastos viejos haciendo limpieza de los talleres antes de entrar la primavera.
Existen otros autores que intentan encontrar un origen más antiguo a la fiesta, defendiendo que el culto al fuego es un ritual de tradición pagana (en lo que estoy de acuerdo) y que las fallas no son más que una versión de este arcaico ritual que anuncia la entrada de la primavera y trata de propiciar la fertilidad.
En el siglo XVIII algunas de las fallas que se encendían en Valencia no eran meras hogueras sino monumentos satíricos y burlones en los que se exponían a la vergüenza pública y se quemaban simbólicamente personas y situaciones de la vida real. Hay diferentes hipótesis sobre el comienzo de la fiesta fallera. Por lo que hoy se puede saber los albores de las Fallas se remontan a principios del siglo XVIII. Una de estas teorías, la más probable, explica que los carpinteros valencianos, al final de cada invierno, hacían quemar sus "parots" (estructuras de las que colgaban los candiles que les daban luz) puesto que con la llegada de la primavera, y al hacerse los días más largos, ya no eran necesarios.
Con el paso del tiempo, y por mediación de la Iglesia, se hizo coincidir la fecha de la quema de estos parots con la víspera de la festividad del patrón de los carpinteros, San José.
LA PRIMAVERA (Botticelli)
Y ahora la primavera… que ha venido y nadie sabe como ha sido.
Siempre he tenido por curiosos, divertidos y no faltos de razón, a los refranes que en una sola corta frase son capaces de resumir toda una idea e incluso una amplia variedad de filosofías.
Son tan conocidos como la letra con sangre entra, o todos moros o todos cristianos, En abril aguas mil, hasta el 40 de mayo no te quites el sayo y una multitud de ellos que sería imposible de nombrar aquí.
Hay uno que tenemos muy vigente en esta época del año y que se oye una y otra vez por doquier. Me refiero sin lugar a dudas a La primavera la sangre altera.
Ya ha llegado la estación más intensa del año. La floración -y las alergias- las puestas de huevos, los apareamientos de los mamíferos y cada vez mas horas de sol hacen que la estación se muestre como una de las mas alegres del año. Porque para bonito el otoño con sus melancólicos colores.
Pero sí. La primavera nos altera a todos. La ampliación de las horas diurnas hacen que se tienda a disfrutarlas lo más posible. Y eso no se consigue quedándose en casa. Si ya somos un país al que le gusta vivir en la calle, es de imaginar que cuando llega el buen tiempo no hay quien aguante el estar en la casa. Así que salimos y salimos para disfrutar del sol, del aire, de las flores y de las alergias. Ya van dos veces que las nombro y es que, este año mucho mas, veo irritaciones en los ojos que parece que se han bebido la cosecha de Ribera del Duero del 2002.
Y es una pena andar con los ojos así porque hay que ir prevenido y mirándolo todo.
Y es que en cuanto aparece el primer rayito de sol ¡Venga a sacar la ropa de verano, las camisetas y las bermudas y la horripilante chancla!
Y ya todos y todas a la calle a lucir cuerpo, que, en algunos casos, sería mejor esperar un poco por las cosas de las lluvias traicioneras y los resfriados primaverales. Pero es inútil. Ya estamos en ello.
Y si el otoño es la caída de la hoja, la primavera es la caída de la ropa.
Y claro, la sangre se altera. Bulle, hierve y genera lamentables accidentes tales como tortícolis de tanto girar el cuello o choques al seguir con la mirada ciertas escenas andantes.
Y entre todo ello los árboles, las flores, las ferias variadas, Las Fallas, El Rocío y los exámenes variados que también los hay.
Con toda esta efervescencia ¿cómo se va a estudiar bien si las hormonas están desbocadas?
Son tan conocidos como la letra con sangre entra, o todos moros o todos cristianos, En abril aguas mil, hasta el 40 de mayo no te quites el sayo y una multitud de ellos que sería imposible de nombrar aquí.
Hay uno que tenemos muy vigente en esta época del año y que se oye una y otra vez por doquier. Me refiero sin lugar a dudas a La primavera la sangre altera.
Ya ha llegado la estación más intensa del año. La floración -y las alergias- las puestas de huevos, los apareamientos de los mamíferos y cada vez mas horas de sol hacen que la estación se muestre como una de las mas alegres del año. Porque para bonito el otoño con sus melancólicos colores.
Pero sí. La primavera nos altera a todos. La ampliación de las horas diurnas hacen que se tienda a disfrutarlas lo más posible. Y eso no se consigue quedándose en casa. Si ya somos un país al que le gusta vivir en la calle, es de imaginar que cuando llega el buen tiempo no hay quien aguante el estar en la casa. Así que salimos y salimos para disfrutar del sol, del aire, de las flores y de las alergias. Ya van dos veces que las nombro y es que, este año mucho mas, veo irritaciones en los ojos que parece que se han bebido la cosecha de Ribera del Duero del 2002.
Y es una pena andar con los ojos así porque hay que ir prevenido y mirándolo todo.
Y es que en cuanto aparece el primer rayito de sol ¡Venga a sacar la ropa de verano, las camisetas y las bermudas y la horripilante chancla!
Y ya todos y todas a la calle a lucir cuerpo, que, en algunos casos, sería mejor esperar un poco por las cosas de las lluvias traicioneras y los resfriados primaverales. Pero es inútil. Ya estamos en ello.
Y si el otoño es la caída de la hoja, la primavera es la caída de la ropa.
Y claro, la sangre se altera. Bulle, hierve y genera lamentables accidentes tales como tortícolis de tanto girar el cuello o choques al seguir con la mirada ciertas escenas andantes.
Y entre todo ello los árboles, las flores, las ferias variadas, Las Fallas, El Rocío y los exámenes variados que también los hay.
Con toda esta efervescencia ¿cómo se va a estudiar bien si las hormonas están desbocadas?
A todos los que ya les halla atacado el síndrome primaveral enamoradizo, enhorabuena A losque aún no, que se preparen que de esta no se libran. Y que nunca falte.
¡ La primavera la sangre altera ¡
ResponderEliminarSubamos al máximo todas las persianas de casa.
Guardemos los chaquetones al fondo del armario.
Depilémonos hasta el ultimo pelito (las mujeres) jaja.
Pongámonos las minifaltas, las camisetas ajustando pecho y los zapatos semidesubiertos de taconazo.
Coloquemos las sábanas fresquitas y esponjosas de algodón.
Abramos la puerta de casa de par en par ...
Y a comernos a sorbitos la luz del sol rayo a rayo.
¡ A saborearlo todo ¡
Un beso
Lo dicho, la Primavera y... tus comentarios... la sangre me alteran,,,
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