
Vivimos inmersos en la costumbre. Por mucho que intentemos evitar las rutinas, los seres humanos somos personas de costumbres.
Muchas veces y con suma facilidad perdemos la conciencia del bien que cotidianamente recibimos, simplemente porque nos hemos acostumbrado a él. Eso es absolutamente normal. El bien nos rodea como un hecho natural. Es por eso que lo bueno es noticia sólo cuando es extraordinario.
En esa inmersión diaria que es nuestra vida, no pocas veces nos sentimos abrumados por la cantidad y frecuencia de malas noticias que nos llegan a través de los medios de comunicación. También eso es normal. Estamos acostumbrados al bien. Somos buenos por naturaleza y por vocación, de modo que el mal nos estresa y nos hace reaccionar ante él. El día que el bien sea noticia tendremos que empezar a preocuparnos.
Esta condición natural podría ser un riesgo para el reconocimiento del bien que recibimos de las personas que conforman nuestra red primaria de relaciones, como lo son nuestra familia y amigos íntimos. A fuerza de la costumbre muchas veces olvidamos decir gracias, porque naturalmente pensamos y esperamos sólo bien de quienes son nuestros mas íntimos relacionados. Y es allí donde efectivamente radica el problema de la inconsciencia ante el bien. Sólo cuando recibimos un trato no esperado o al que no estamos acostumbrados, reaccionamos dándonos cuenta de que algo “no esta bien”.
La reflexión consciente sobre la bondad de que somos objeto en nuestra vida corriente es un ejercicio que nos permitiría disfrutar mucho más del bien que nos rodea. La falta de conciencia del bien nos priva de aprovechar al máximo sus efectos saludables en nuestro continuo desarrollo psico-afectivo. Por supuesto que no se trata de hacer un análisis transaccional permanente que nos convierta en una persona insufriblemente aduladora y felicitadóra, pero que si significa retribuir un refuerzo positivo a la conducta de bondad de que somos objeto.
Una simple sonrisa, una palabra, un gesto o una mirada de gratitud pueden alegrar el día de quienes nos rodean y contribuir a tomar mutua conciencia de la bondad, haciendo que nuestra inteligencia emocional se active de forma más productiva y provechosa. Sin duda, ello nos permitiría construir relaciones humanas más saludables e integradoras a la vez que nos conduciría a valorar con honestidad y transparencia nuestro propio bien, ese que con entrega sincera hacemos todos los días.
Me atrevería firmemente a decir, que un 60% de la gente que nos rodea no tiene color, por consiguiente, no transmite nada, y solo espera recibir, cuanto más postivo mejor.
ResponderEliminarPara expulsar directamente lo proporcional a lo recibido. Sin color. Ni un gramo de virtud más.
Solo un 40% de las personas que nos rodean tienen color, y si tuviera que decir un poco más de ese 40%, diría que dentro de ese 40% hay un 10% que tiene un color especial.
De ese 60% sin color, no podemos esperar nada diferente, se levantan, viven y acuestan como siempre, como de costumbre, y su vida es esa, vivir simplemente.
No dan sonrisas, lo dan todo por hecho, no dan nada diferente, simplemente viven y están.
De ese 40% de personas especiales es muy dificil en nuestra vida diaria y con nuestra rutina de vida social y laboral encontrar algunas, varias o una.
Así, como encontrar a una persona con un color especial de ese 10% es tremendamente complicado.
En mi vida, he conocido muchas personas sin color, y dia a dia sigo conociendo más.
De colores conozco muy poquitas, no más de los diez dedos de mi mano, e incluso diría que la mitad de los diez dedos de mi mano.
Adoro ser exigente, rotunda, inconformista, positiva, feliz y sincera.
Me gusta lo claro, lo conciso y lo transparente.
Me gusta el color, me gusta lo especial, me gusta una sonrisa ... como adoro una sonrisa.
Un beso
No sé que color tengo, ni tan si quiera sé si tengo color, pero de elegir uno creo que elegiría el blanco En física el negro es el que no refleja color, pues los absorbe todos y el blanco es el que no tiene color pues los refleja todos. Yo quiero reflejar color.
ResponderEliminarLo que si puedo hacer es darte la mejor de mis sonrisas. Cógela...es tuya.