jueves, 22 de julio de 2010

Quijotismo


Cuando yo era jovencito, me acostaba con la criada, y ahora que soy mayorcito… no quiere la condenada.

¡No! Eso es una canción, no era eso lo que quería contar.

Cuando yo era jovencito, pasaba mis veraneos de tres meses –eso eran vacaciones y no la mierda que hay ahora- en un pueblo del interior de la provincia de Castellón llamado Navajas. Un hermoso pueblo con montañas, campo, rio y pantano. Un hermoso pueblo para andar en bicicleta por todas partes y sin carriles para ella. Un hermoso pueblo con villas antiguas y casas de pueblo y sin apartamentos horteras. Un hermoso pueblo con un club de campo y sin discotecas pues los guateques los organizábamos en el chalet de alguno de nosotros. Un hermoso pueblo que Joan Fuster describió en su libro “El país valençiá” como el pueblo de veraneo de la mesocracia valenciana.

Mi madre ya me decía por aquel entonces que si yo no tenía problemas ya me buscaba quien los tuviera para intentar solucionarlos. Hoy todavía tengo una hermana socióloga que dice que soy un Quijote, que me deje de luchar contra gigantes y salvar Dulcineas y me mire más mi ombligo. Pero yo soy como soy y a estas alturas de mi vida no pienso cambiar.

Recuerdo una amiga mía que sufrió una caída en su bicicleta y me la llevé en brazos hasta el practicante –no había ambulatorios por aquel entonces- para que la curaran y mi madre me echo una bronca tremenda del susto que le di al verme lleno de sangre. También tengo en mi memoria ir al rescate de otra amiga –siempre mujeres- que había caído al río y yo me tiré para sacarla, abriéndome una brecha considerable en la cabeza por el golpe con una piedra. Pero conseguí sacarla. Otro disgusto para mi madre.

Otra vez, se quedaron varios amig@s en la llamada cueva del reloj atrapados sin poder salir y allá va mi menda a sacarlos y como resultado me quedé con ellos hasta que lugareños especialistas consiguieron sacarnos de tan traumático trance. Y no hablo del día de una desencajonada de toros en los que uno que se quedó suelto arremetió contra mi mientras trataba de subir a una amiga a una reja. Como resultado, una semana hospitalizado.

Y más, y más, y más… podría llenar esta página.

No me arrepiento, yo siempre he sido así, no busco agradecimientos, es mi forma de ser, ahora bien, cuando me noto utilizado me vengo abajo porque me duele mucho, y mi vida también tiene sinsabores porque me he sentido utilizado, y eso no de jovencito. Pero lo importante no está en lo que piense de ti la persona que solicita tu ayuda o la persona a quien se la prestas aunque no te lo solicite, ni tan siquiera está en si hay o no agradecimiento, lo importante está en ti, en el porqué lo haces y si lo haces de una manera altruista. Ese es el secreto de sentirse bien, hacer el bien simplemente por el bien ajeno.

Resumiría todo mi quijotismo en una sola frase de ese genio que fue Albert Einstein;

Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos.

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