
La tarde se presentaba monótona como cada lunes, por eso es el día de la semana que menos me gusta. Debo decir que la mañana no estuvo mal porque a pesar de trabajar de noche y dormir de día, hoy no tenía ganas de perder mi vida en una triste cama en soledad.
Preparado a romper esquemas me subí al coche y me dirigí hacia la city. Al pasar por la autopista y ver el desvío de Manises pensé que un café con Celia seria agradable, como así fue. Siempre es agradable tomarse un café con una amiga a media mañana pero si es con Celia, lo de agradable es por definición.
Volví al pueblo, hice la compra en el super para la semana, lo coloqué todo en la nevera después de pelearme con las arañas que allí campaban libremente y me senté un rato en el ordenador. No me dio tiempo pues mi móvil me indicaba que estaba entrando un sms. Era Amparo advirtiéndome que mi Tapper Ware de la paella del domingo se había quedado en la cocina de su casa y que me pasara a por él. Y así lo hice.
Me recibió en la puerta de la cocina con un modelito de andar por casa que por pudor no voy a detallar. Se fue a ponerse algo más “cómodo” mientras yo charlaba con Amparín, que no es la hija, es su madre, un encanto de mujer. Al final y porque Amparo es otro encanto, me invitó a comer a lo que sin ningún esfuerzo respondí que me apuntaba.
Tenía que dormir, hasta Drácula dormía y yo no iba a ser menos. Me fui a casa y caí en la cama “espatarrao”, como casi siempre. Dormí unas dos horas y media y cuando me levanté la cabeza parecía que me iba a estallar, no sé muy bien si por el calor o por ese vino de Rioja que tanto le gusta a Lola y que quedaba media botella de la juerga del domingo y que yo me engullí.
Chateaba con Amparo y con Jose cuando me llamó Teresa para decirme que andaba por el pueblo y que me fuera a tomarme una cerveza con ella, en un bis a bis mediando una empanadilla de espinacas,
Yo no sé qué le pasa a este grupo de amigos que somos que cuando uno abre la boca todos se la tapan y así pasó. Puse en marcha mi GPS vía satélite y se personaron allí, en la cerveza, nuestra Amparo, Celia, Jose, Juan Carlos y Lola que andaba por el culo del mundo pero que poco tardó también en aparecer. ¡Qué buen rato pasé!
Hay días blancos, hay días negros y otros son grises, pero yo os digo con el corazón en la mano que existen días con brillo y esos son los que paso con mis amigas y amigos, con este grupo que ha hecho que vea la vida con más optimismo. Me alegran los días y me dan en que regocijarme por las noches.
Gracias a todas y todos por ser como sois.
Solo os voy a pedir un favor…
no cambiéis nunca.
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