Esta ida continua de vidas etéreas,
joyas inalcanzables
que se nos deshacen en las manos;
espejismos que se desvanecen en el aire
como chispas de fuego frío.
joyas inalcanzables
que se nos deshacen en las manos;
espejismos que se desvanecen en el aire
como chispas de fuego frío.
Esta brisa gélida que se cierne
entre noches ennegrecidas, sin luna,
y que devuelve el cruel latido
del corazón del reloj
hasta que nos retumba en la cabeza.
Este vuelo errático y ciego
que nace inconsciente en medio del azar,
mofándose de todo; resquebrajando la razón,
aturdida por sentimientos inalcanzables,
que, al fin, nadie entiende.
Esta voz que te habla dentro, sin detenerse,
-¡pensamiento cobarde! –
que llora, sabedor del veredicto.
Este Paraíso del sufrimiento,
del dolor gratuito,
de las contradicciones insatisfechas,
del despropósito.
Esta vida etérea
es la única verdad que tenemos.
Por etérea - fingida maravilla –
irrenunciable vida
llena de renuncias...
y es lo único que tenemos.
Y ahora la música, como últimamente tengo por costumbre.- El Perdedor- Aventura

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