martes, 7 de septiembre de 2010

Cambiantes

Ni siquiera hay un telón para levantar, ni luces, ni patio de butacas, ni escenario. El cuadro que se extiende a tu cercado es cotidiano, nada teatral, demasiado costumbrista, y tú no eres el protagonista en medio de un ambiente gris, una mañana en la penumbra de una habitación agonizando, con la música de fondo de una radio vecina que penetra tímidamente por las rendijas de la persiana como una furtiva e improvisada banda sonora. Tanto como te gusta actuar y sentirte el centro del mundo avasallando la atención con tu cola de pavo desplegada, multicolor, llena de recursos... y ahora te encuentras sin máscara, desnudado, interpretando una involuntaria obra muy real que no diriges, que no gobiernas…

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