jueves, 2 de septiembre de 2010

Visualizar el resultado


Me paso todos los días librando batallas; insignificantes, puede, pero batallas. A veces hablo con los árboles, a ratos con los animales, pero siempre, siempre que la enfermedad del miedo o la prudencia del precavido me dejan, hablo con mis semejantes. Callarme, vivir para mis adentros, es mi pequeña muerte; dejo mi existencia; paso a ser un paria ignorado, da igual que amanezca o anochezca, que mee en la plaza o duerma sin manta sobre un banco.
Por eso, llega un momento en el que necesito despertar. Da igual que crean que estoy loco. Lo importante, es que sus ojos me vuelvan a mirar. ¿Bien? ¿Mal? a quién importa lo que vale, es comprobar que me sigue latiendo el corazón y que por mucho que haya perdido, por todo y ante todos los que quedaron atrás, aun, no me llegó el silencio absoluto.
Por una causa u otra, desde lo recóndito del pensamiento, desde lo profundo del discernir humano, llegamos al mismo túnel, al mismo abismo y desde ahí al pequeño atisbo, la jornada de meditación, la luz de esperanza y por fin un resultado.

Para los que dicen que pasamos la noche de día y el día de noche, no saben ni llegan a entender, las maravillas que se encuentran en el recogimiento y en el pensar dentro del silencio.

Ya que la verdad llega oportunamente en el segundo adecuado.
Verdaderamente, no esperará a que estemos cómodamente instalados. Llegará cuando sea su momento.

Debemos tener en cuenta una fórmula: Visualizar el resultado.

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