jueves, 7 de mayo de 2009

Algo más que un relato erótico...


Llevábamos casi dos meses saliendo juntos, algún roce minúsculo había habido, porque no decirlo, pero tan pequeño que si lo menciono es porque para mí fue grande. Una cogida de manos, un pequeño apretón con su cuerpo, una limpieza de herida en mis dedos con esa sensual lengua que guardaba en la no menos sensual boca. Y en una ocasión, su alegría, su emoción la hizo dejarse llevar hasta que sus labios dieron con los míos… eso fue todo… pero no me hacía falta más. Era tanta la felicidad que sentía al estar a su lado que su sola presencia era suficiente para llenar mi espíritu y saciar mis instintos más primitivos… no quería nada más… solo la quería a ella y ella estaba allí.
Todo ocurrió un día cualquiera de un mes cualquiera, carreteando unos montes de un municipio cualquiera… todo ocurrió porque tenía que ocurrir, porque cuando dos personas se atraen, se quieren, todo lleva a esa simbiosis perfecta que es la unión entre un hombre y una mujer.
No sé como ocurrió, cuando pasan estas cosas y sientes tanto cariño, tanto deseo… tanto amor por alguien,  que no sabes quien se acercó al otro… el deseo te ciega y el latido de tu corazón no te deja oír pero el tacto se agudiza y el cuerpo vibra, sudas aunque haga frío, te sientes con las músculos en tensión y la química de tu cuerpo cambia…
Nos besamos… nuestras lenguas repasaban toda la boca como si buscaran algo, 1, 2, 3… todos los dientes, el paladar de norte a sur, de este a oeste… nos repasábamos los labios y los mordíamos con suavidad pero con fijeza, como parte del instinto. Mis manos se deslizaron por su torso hasta donde acaban –o empiezan- los pechos. Una mano en cada lado de ellos, oprimiendo pero con la delicadeza que se coge a un niño y notando como la prenda que los sujetaba parecía hacerse pequeña pues ya se veían aparecer saliéndose por encima. Ella me facilitó la labor desabrochando no sé el qué de cada parte e introdujo mis manos con tal lentitud que cada centímetro de mi mano acariciaba cada centímetro de su pecho dejándome mis pulgares libres para ereccionar esa maravilla que culmina en el centro de cada uno y que indica cuando estas haciendo bien las cosas.  Ni que decir tiene que no eran solo sus pezones los que mantenían una erección.
Una de mis manos fue deslizándose poco a poco por encima de su falda recorriendo la piel tersa de sus muslos con al habilidad del ceramista en pleno desarrollo de su obra. La temperatura dentro del habitáculo del automóvil iba subiendo por momentos pero no era algo que pudiera preocuparnos pues la nuestra estaba al límite.
Cuando llegué a las pantorrillas mi mano dio un giro atrás subiendo hacía arriba, por el mismo camino que había bajado, pero esta vez por el interior de aquella graciosa falda de volantes. El momento fue intenso y tremendamente erótico al notar que mientras mi mano se deslizaba hacia el interior de sus muslos, ella iba abriendo, con lentitud y sutileza, las piernas para darme facilidad de entrar en el punto más íntimo de su cuerpo.
Todavía sudo al recordarlo y todavía no puedo explicar con exactitud lo que sentía en aquel momento, fue como uno de mis encuentros de juventud en aquellas últimas filas de cine de reestreno pero con cuarenta años más y un respeto y ternura nunca sentidas por mí. Fue el éxtasis, fue, era y será  la realidad más hermosa que jamás soñé tener.
Perdido en su cuerpo embelesado en el infinito de su enigmática mirada abrí el pórtico de sus ojos y por el caminé adentrándome en las profundidades de su ser.
Vi cascadas de su esencia en las que me impregne, océanos de sentimientos en los que naufragué, ríos de pasión en los que me sumergí, un pequeño estanque donde pececitos de dudas se alimentaban de su miedo a ser feliz.
Pero esa hermosa tarde nos abandonamos los dos al más puro de los sentimientos donde nuestros rostros y  humedades solo eran el resultado de una sincera pasión…

2 comentarios:

  1. ... Pasión que provocaba en mi los más ocultos deseos de tomarla locamente una y otra vez hasta que mi cuerpo sintiera un placer infinito que nublara mi razón.

    Ella me deseaba por su forma salvaje de tocarme, por la insinuación de sus carnosos labios que se deslizaban sobre el vello excitado de mi sudorosa piel.

    Creo que si el tiempo lo hubiera parado en aquel lugar, hubiera muerto extasiado de tanto gustoso y placentero sexo.

    Lo se. Estoy completamente seguro.

    Ahora ...

    Cada vez que pienso en ella, se me despierta el hormigueo sexual que todo hombre deseoso de una mujer de tal calibre, lleva dentro.

    Me vuelve loco, insisto, lo se, pero como me pone ...

    Un beso

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