viernes, 15 de mayo de 2009

No hay amor que se transforme en odio...


Este escrito que reproduzco aquí, esta publicado como comentario público en el artículo anterior y me permito dedicarle este pot por el interés, que ha despertado en mí y que me ha hecho pensar en algún error cometido.

Juzguen ustedes.

“ No hay amor que se transforme en odio, en todo caso, estaríamos hablando de otro tipo de sentimiento...del querer, por ejemplo, del deseo quizá.
Amar, es otra cosa, es una emoción sin condición, por lo tanto no expuesta a la frustración de los condicionantes egocéntricos.
Los seres humanos, somos tremendamente egoístas, deseamos y el deseo te conduce a querer la posesión de lo deseado. 
No importa, el ser que encierra a ese otro corazón humano, no importa su circunstancia, su ritmo, su felicidad.
Importa obtener, según nuestros deseos, lo que de ese objeto con corazón de manzana, necesitamos.
Y eso resulta ser a nuestros ojos, y nada más, porque nosotros no le ofrecemos la oportunidad de ser otra cosa.
Amar, es de almas grandes, en todas aquellas formas que adquieren las relaciones humanas.
Amar, no es una necesidad fisiológica, una ilusión de tres al cuarto, amar es entregar el alma, amar es darse y en este punto adquiere su propio sentido de desprendimiento, de generosidad, de ofrecer hacia fuera y no demandar hacia dentro.
Y lo que no recibiendo, recibes, queda anclado para satisfacción propia en lo más profundo de tus entrañas, porque el acto de amar, proporciona inmensa satisfacción en si mismo.
Desear, querer, frustrarse, odiar...
Amar, ciertamente, se conduce por procesos muy distintos.
Firmado: Corazón de manzana.”

Y yo añado…

El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído. Porque el amor es suficiente para el amor.

 

Hablemos de amor...
Ligeramente, apasionadamente, como quieras
Hablemos, solo hablemos.
Ignoremos por un rato las miserias humanas.
Ignoremos por un rato la pobreza, los suicidios
Sobre todo los del alma.
Hablemos de amor...
De ese amor que nos permita
andar descalzos por la tierra y cobijados de piedad.
Hablemos de amor...
Mientras escuchamos la ligera melodía
que produce el temblor del planeta en su veloz viaje.
Hablemos de amor...
Recostándonos sobre la lava seca y fría
disimulada por hierbas y bosques.
Hablemos de amor...
Quizás aparezcan duendes mágicos
que pinten de colores sonrisas universales.
Hablemos de amor... Quizás cuando nuestras miradas
Se bañen con gotas marinas
nos olvidemos del ligero temblor de la tierra
y vos y yo nos amemos apasionadamente
vos y yo nos amemos de tal manera
que pudiéramos derretir la lava seca y fría
que se esconde debajo de la hierba.
Por ahora solo hablemos... hablemos de amor.


Ana María Manceda

 

 

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