domingo, 24 de mayo de 2009

Navegando

Hacía mucho tiempo que no salía a practicar vela, unos 5 años y eran muchas las ganas que tenía, casi una necesidad. En otro tiempo llegué a ser un buen navegante y no había semana que no me echara a la mar. 

Para los navegantes el mar es nuestro desierto. Al principio aquella vacía inmensidad, nos asusta y después aprendemos a apreciar allí una vida tan palpitante como un corazón abierto. Un día vi una gaviota que después de observarme largo rato, abrió sus alas majestuosamente y dejándose caer, planeo describiendo una parábola perfecta, hasta que sus patas rozaron el agua. En ese momento como si la piel del mar fuera la mía, yo sentí un escalofrío.

Navegando en solitario con la única compañía de las olas, te relacionas con ellas como si fueran tus compañeras de trabajo o tu familia. Sientes que tus hermanas las aves te anuncian la tierra y la pesca. También pides a tus vecinas las olas que sean buenas contigo.

Una grande y gorda me empujó una vez mansamente sin poner en apuros mi piloto de viento. Otra rompió y encapillaba con rabia inundando la cubierta, otra estalló inútilmente en la amura. En aquel momento, ellas y yo pensamos que existían pero solo eran parte del mar. En ese momento piensas que tú también formas parte de aquello y te sientes inmensamente feliz. Ese sometimiento liberador es un consuelo.

En nuestra sociedad moderna pensamos que todo lo podemos resolver con nuestro dinero e influencias, pero evidentemente eso solo es una ficción y como todos lo sabemos cada vez estamos mas angustiados. En el mar, tú solo a bordo de una pequeña nave como es un velero, no puedes poner citas y los destinos no son más que intenciones. Te sometes a la climatología y cuanto antes entiendas que debe de ser tu aliada y no tu enemigo, antes dejarás de sufrir. 

Recuerdo como Vito Dumas, el gran navegante argentino, después de una travesía oceánica de varios meses, estuvo dos semanas intentando entrar en un puerto. Veía las luces y los ruidos de la ciudad que le traía el viento contrario, pero no podía ganar barlovento, Pasado un tiempo, sencillamente, abrió rumbo, largó escotas y se adentró otra vez en el océano.

Ayer pasé un buen día en ese desierto, que es el mar para mi, mucho ejercicio, mucho sol, algo de frio en algún momento, y un muy buen almuerzo… eso si,  recién pescado.


1 comentario:

  1. El mar lo envuelve todo.

    Contemplarlo da paz, sosiego, tranqulidad y armonía a la mente.

    Sobre él, frente a él o bajo él.

    No importa, el mar tiene un poder especial.

    Un beso

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