martes, 19 de mayo de 2009

Tocando tus piernas


Querer hacer un tratado, que describa todo el ansia y la necesidad intrínseca que tiene el hombre para demostrar que tocar las piernas de una mujer es realmente un delirio tántrico, podría terminar siendo el sueño de caminar por la luna. Y eso es precisamente lo que pasa en el viaje que proporciona el tacto. Se pueden producir delirios como un encuentro en una carretera, llegar hasta la playa, volver a retomar las montañas con el roce de las palmas de las manos y sus dos extremidades, que podrían llegar a convertirse en la alucinación de estar en El Dorado. 
La conjunción, dirían los gramáticos, pertenece a esa hermosa forma de encontrar en dos cuerpos morfológicos el regodeo de la fantasía, cuando se entienden.Pretender describir qué pueden sentir cuando les tocas las piernas se podría verificar por medio de una encuesta que tenga como referencia unas tres primeras preguntas: 
1) ¿qué siente? 
2) ¿se pone nerviosa? 
3) ¿le gusta? 
Probablemente, la que sea insensible hasta con su familia, puede que llegue a experimentar y a encontrarse consigo misma en la reflexión, sabiendo que cada pregunta, como cada mano que la ha tocado, guarda una relación estrecha, en la sensación y la descripción, la técnica variará dependiendo del caso.Por eso y por muchas razones que ahora se obvian para no llegar hacer de esto una tesis, tener dos piernas significa mucho. Con sólo imaginarse que se puede describir un mundo paralelo al de uno es colosal, apetecible, es el momento en el que se fija la mirada como una lanza detectora de dulzura, de esparcimiento, de tocar sin tocar, sólo observando el estable sentido de estar de pie, o, seguidamente, acostada como una flor hermosa que tiene corazón. Sin miel o con miel, las piernas huelen bien, en lo tangible de la conquista.


Tocando tus piernas se torna al encuentro de dos miembros que renuevan al hecho curioso de estar, poseer, tener, compartir, deliberar sin juez que la actitud que se toma frente a frente es la más adecuada, siempre y cuando en el entorno haya silencio, secreto y discreción que no escatime esfuerzo para realmente creer que lo que está pasando es real. Cuando todo esto ocurre, el tacto se fortalece, crece, se expande, intenta recobrar lo que quizá por algún momento se había perdido, pero esta vez más conscientes, más serenos, más seguros de las piernas que estén allí.¿Has experimentado tocar unas piernas que te gusten? La respuesta puede ser general con un sí, o con un no, pero ni siquiera se trata de eso, sino de las ganas que ellas proporcionan. Entonces cabría otra pregunta ¿tendrás ganas de seguir tocando esas piernas?; Allí con un poco de reflexión y sinceridad entonces nos encontramos con nuestros “yoes” y las quimeras del deseo: sí quiero seguir tocando, responderán algunos.
La luz causa un efecto importante en dicha situación, pues las piernas puede que estén en su más impecable limpieza, o puede que esté en su más deplorable estado, pero, ¿tocaría usted unas así? O ¿las bañaría para luego sentirse a gusto? La luz es una influencia directa de la moral visual, al demostrar en realidad que esas son las piernas que se quieren, que tocándolas nos llevan hasta la última frase para seguir construyendo la pasión.

Encontrar una respuesta absoluta quizá sea un poco apresurado. Se recomendaría, dado el caso, desde un sentido conservacionista, que se deje tocar esporádicamente, como una terapia de un par de juiciosos que siguen soñando, el uno con su muñeca de porcelana y la otra con su príncipe azul.
El sexo se hace con todo el cuerpo e implica a todos los sentidos, pero sobre todo, ciertamente, al del tacto. Y hay que recalcar que el sexo se hace con todo el cuerpo porque entre los hombres tienden a concentrarlo en un único apéndice corporal... sí, ése justamente. Una vez vi un dibujo humorístico en una revista alemana: se titulaba "las 12 zonas erógenas del cuerpo humano" y se veía un cuerpo femenino desnudo y otro masculino. El cuerpo femenino ostentaba numeritos del 1 al 12 repartidos por toda su geografía, de la frente a los pies. El cuerpo masculino también tenía 12 numeritos, pero todos apelotonados en el pene. No me digáis que no entran ganas de ser mujer.
Me dijeron una vez que escribiera relatos eróticos y me he aventurado a ello… más o menos. Literatura erótica, ¡que difícil! No, no es complicado relatar un encuentro apasionado entre dos personas, lo casi imposible es que el que lo lee, se lo crea.
Ese es el principal motivo por lo que trato de no hacerlo, aunque en algunos de mis escritos existen encuentros, procuro tapizarlos de dificultades propias de la vida, al fin de cuentas, ningún personaje ha hecho cosas que yo no he al menos intentado con mayor o menor éxito.
Caemos nuevamente en lo mismo ¿por qué en la literatura erótica se prioriza el orgasmo femenino? ¿Por qué ellas se retuercen, se agarran de los pelos o humedecen el colchón y los hombres solo gimen un poco y hacen un tanto de lo mismo?
Quiero ver relatada una buena acabada masculina. ¿O no tenemos derecho a ser exprimidos?
Y termino con una recomendación para unirme a las campañas Europeas…
Nadie tiene un cuerpo tan bueno pero tan bueno por el cual valga la pena morirse. 

2 comentarios:

  1. Y susurraba él entre dientes a la mano que escribía éste comentario ...

    Me tienes poseído, aquí sentado en ésta parte de la cama te observo muy lentamente mientas tu frente al espejo te subes la falda para dejarme insinuar el contorno de tus largas piernas.

    Y es que sabes que te estoy observando más que excitado, y que tengo con ésta contemplación, una parte de mi erecta en mi corazón.

    La sensualidad que rebosan tus pechos alzados sobre el escote de tu ancha blusa, hace que me excite a borbotones y desee locamente lamer y lamer.

    (Advertencia de contenido).
    Lo comprendo y deseo continuar escribiendo.
    No deseo continuar.
    Pinche la opción que opta.

    Opto por “no deseo continuar escribiendo”. Respiro profundamente y ...

    Mientras ella sigue tecleando las ultimas letras del comentario, él sigue susurrandole entre dientes ...

    Primero el pezón que se deja entrever por el encaje del delicado sostén, para después ...

    Un beso

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  2. Perdón, ¿puedo pinchar mi opción?
    Sigue, sigue... no pares por favor
    No te susurraré entre dientes, más bien... Lo dejo a tu imaginación.
    Un beset

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